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  ACTUALIDAD  24 de marzo de 2017
Habla el gendarme que carga con una historia de montoneros desaparecidos.
Carlos Albornoz es gendarme retirado del escuadrón 42 Calafate de la GN, y conocido vecino. Antes de entrar a la fuerza y siendo un chico estuvo en un grupo montonero del que escapó. Luego, siendo bombero voluntario tuvo que levantar el cuerpo de un compañero. Fue testigo en la causa contra Luis Patti.

Carlos Albornoz tiene 58 años, de los cuales gran parte los vivió en El Calafate, cumpliendo funciones como gendarme del escuadrón 42, en el área de comunicaciones.

En su vida social es conocido por muchos vecinos como dirigente del automovilismo local. También como hermano de Daniel, un ex boxeador  y empleado municipal que fue sindicalista, director de comercio, secretario de Gobierno y hasta concejal del justicialismo calafatense.

A Carlos también se lo vio muchas veces en unidades básicas, algo que no es bien visto dentro de las fuerzas militarizadas. Años atrás, en las sedes partidarias tampoco se tomaba a bien tener a un gendarme entre ellos, por la sospecha que podía tratarse de un “inteligencia”.  

“Yo soy peronista, peronista de Perón, soy pocho”, siempre dijo.

Muchas veces a sus espaldas dijeron de él que era un “represor”, término asociado directamente a los uniformes. 
Un ex político local un día se lo dijo en la cara. Una discusión que terminó cuando lo tildaron de ser un milico que mataba y desaparecía jóvenes. Tuvo que agachar la cabeza y pegar media vuelta, para no dejarse llevar por la bronca.

Aun no queda en claro si le dijo “represor” solo por ser gendarme o porque el ex político sabía que el nombre de Albornoz estaba incluido en una causa de “lesa humanidad”, por la que tuvo que declarar hace siete años, en un juicio contra el ex policía federal  y ex intendente democrático de Escobar (Bs As) Luis Patti.

Pocos saben que Carlos albornoz, antes de ser gendarme fue Montonero, grupo armado del peronismo de los ´70. Montonero y gendarme, una combinación de vida pocas veces vista.

Hace menos de una semana, el vecino convocó a dos periodistas locales para hablar con ellos. Tenía que ser el día 23 en un horario a coordinar, con mate de por medio.  “Ya no estoy en la gendarmería y quiero contar todo, y sacármelo de encima”, le dijo a uno de ellos.
Así fue. Horas antes del nuevo aniversario del comienzo de la peor dictadura militar del país, Albornoz tomó un té con una taza que tiene impresa la fotografía de su esposa e hijos. Los periodistas tomaron mate, y con grabadores encendidos hablaron de la vida y obra del ahora gendarme retirado.

Su historia

Nació en un hogar pobre de Escobar junto a cinco hermanos. A los 15 años había hecho solo la escuela primaria, cuando accedió a formar parte de la Juventud Peronista. A él y otros dos chicos lo reclutaron en una esquina del barrio “La Chechela”, en la que siempre se juntaban a vaguear. 

Eran momentos que las fracciones de Montoneros se consolidaban incluso con jovencitos, que luego serían mano de obra de muchas de sus acciones.

Carlos entró al grupo con la idea de la justicia social y de acciones solidarias. Por la noche recibían adoctrinamiento que se hacía en las casas de otros integrantes del grupo en el que todos se conocían con nombres ficticios y sin tener mucha información de los líderes.  
Carlos sí conocía a los hermanos Jaime, porque eran del barrio, y quienes lideraban un grupo.

Ideas de izquierda que incluso iban contra Juan Domingo Perón, el capitalismo  y los uniformes como principal enemigos es lo que recuerda el hombre como las líneas generales de ese adoctrinamiento.

“Me llamó la atención que de dos casas, la misma familia de los integrantes, nos echaron”, recuerda.

Primer impacto

“Un día había que ir a pintar con grafitis a media cuadra de la comisaria. Yo era pobre pero no era boludo y me preguntaba por qué habiendo tantos paredones íbamos y pintábamos a media cuadra de la comisaría. Creo que nos estaban probando”.

El grupo de jóvenes caminó hasta una esquina donde lo esperaba un auto Renault 6. En el que se movían tipos con armas largas. Los subieron y se llevaron a los pibes a pintar el paredón.  “Yo me cagué todo y no hablé en todo el camino hasta al lugar que teníamos que pintar. Ahí me vino la idea que eso no era solo la juventud peronista”, recuerda.

En la charla periodística, Albornoz también se acordó que al poco tiempo, el grupo fue llevado a un monte de la familia Achaval, donde los formaron como a los grupos militares y comenzaron a instruirlos en “defensa personal”.

Un día el pibe propuso hacer una Unidad Básica en una vivienda abandonada del barrio, pero faltaban los materiales para hacer las refacciones. Horas después uno de los líderes dio la orden de ir a conseguir los materiales mediante un robo que se hizo de noche en el barrio parque “Cazador”. El grupo de no mas de 7 muchachos fue hasta el  lugar donde esperaban otros mayores, un grupo de apoyo que estaba armado para brindarles seguridad mientras ellos robaban arena, cemento y otros materiales para la obra.

Albornoz cuenta que en esos momentos ya se sabía que había otro grupo armado (la triple A) que andaba levantando gente. “Me fui a mi casa a la una de la mañana porque al otro día tenía que trabajar. Yo trabajaba en un aserradero. Escuchaba autos que iban y venían, tenía un cagaso terrible”.

La Huida 

A los pocos días le dijo a José “el tano” Tomanelli, uno de los integrantes de su grupo, que se iba. “Me fui de mi casa a vivir al centro de Escobar. Me fui para no verlos mas, porque la verdad que les tenía miedo. Me fui a vivir a los Bomberos Voluntarios. Ahí estuve hasta que me tocó el servicio militar”, siguió narrando.

Al irse del barrio y tratar de cambiar de vida, Albornoz formó parte delos Bomberos Voluntarios de Escobar, que en ese momento estaba comandado por un ex suboficial del ejército que también estaba en la mira de las armas montoneras.

En un baile de carnaval, en febrero del 76, Albornoz se encontró con Tomanelli, quien le pidió que vuelva al grupo. El chico negó. 


Bombero Voluntario

El 24 de marzo, cuando las fuerzas armadas tomaron el Poder ejecutivo del País, Tomanelli y otros desaparecieron.

“Cuando pasó lo del golpe yo vivía en los bomberos. Una tarde (2 de abril) estábamos en el cuartel. Yo era cuartelero. Había finalizado mi turno, ponéle a las dos de la tarde.  Cae un unimog de los grandes del ejército. No dijeron que teníamos una salida. Me acuerdo que salimos en un camión que no salíamos nunca porque gastaba mucho combustible. Salimos del centro de Escobar para el lado del “Paraná de las Palmas”. A mitad de camino está el río Luján y hay un puente. Unos 200 metros antes yendo al río a la izquierda estaba el quilombo. Lleno de milicos. Era una cosa felineza. Había cuerpos quemándose con cubiertas y demás. Era una cosa de terror, era una mierda”.

Albornoz y los demás bomberos tuvieron que apagar el incendio. Una pirámide de cubiertas que se intercalaban entre cuatro cuerpo de muchachos jóvenes había sido prendida fuego. Antes, los jóvenes habían sido baleados.

Recuerda que en el lugar había “muchos milicos del ejército y gente de civil”.

Describe la escena pero dice que no se acuerda que hizo después,  por el shock que le causó la escena.

Los cuerpos estaban irreconocibles, aunque a Albornoz le llamó la atención unas zapatillas y se le cruzó la idea que después se confirmó: uno de los muertos era “el tano” Tomanelli,  su ex compañero de grupo. Otro era el militante montonero Gastón Roberto Goncalvez, padre de quien luego sería el baterista de la banda “Los Pericos”.

Los cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Escobar como NN, hasta que un trabajo de antropología logró identificarlos formalmente, y con resolución judicial recién en el 2012.

Meses después, los mismos bomberos fueron avisados que tenían que ir a buscar otros dos cuerpos que estaban en la zona de Garín. El aviso lo dio la policía bonerense. “Fuimos y había dos hombres muertos, tenían ropa de grafa azul, estaban descompuestos, los metimos en cajones y los llevamos al cementerio”, recordó.

Durante años, un hermano de Tomanelli le pidió a Albornoz que brindara información, pensando en que sabía mas de lo que decía.

Testigo en Juicio

En octubre del 2010, el gendarme fue citado en carácter de testigo para que declarara en el juicio oral y público contra el ex comisario Luis Patti, el dictador Reynaldo Bignone, el ex general Santiago Omar Riveros y al ex comisario de Escobar Juan Fernando Meneghini, entre otros.

El juicio fue el que terminó con la condena perpetua al ex comisario de la federal y quien en democracia fuera intendente electo de Escobar Luis Patti, responsabilizado de varias muertes, entre ellas de la Tomanelli.

Carlos Mario Albornoz declaró y contó esta misma historia que resume este artículo periodístico. 

Al momento del juicio el vecino ya tenía las tiras de Suboficial Mayor de la gendarmería nacional. Las crónicas lo nombraron como “el gendarme Albornoz”.

No estuvo imputado ni su información serviría para culpar o exculpar a alguien, pero la historia le pesó todos estos años. Sobre todo por lo que decían o pensaban algunos vecinos.

La entrevista periodística fue un desahogo y el pago de lo que él considera una deuda con la sociedad. Ya había cumplido con sus barrios, con sus compañeros y con la justicia al dar testimonio, pero dice que sentía una deuda en explicar los detalles aquí en El Calafate.

El gendarme, de pelo mas que corto, de anteojos grandes, bigotes pronunciados, mirada seria pero con cierto dejo de tristeza a la vez, se desplomó al final de la entrevista de la que participó un periodista de ahoracalafate.com.ar.  Entre lágrimas y voz cortada dijo: “Hay algunos mal intencionados que me han dicho represor, yo quería dejar aclarado que nunca toque a nadie, ni siendo de la Juventud peronista ni mucho menos como gendarme. Parte de esto quizás se sabía, ahora lo saben desde mi boca. Ya cumplí, ya cumplí". 

El gendarme

De febrero de 19977 a junio de 1978 Carlos Albornoz hizo el Servicio Militar en un arsenal del ejécito con base en Pilar, donde dice que no le tocó ser portagonista ni testigo de ningún hecho de lesa humanidad.

Sin trabajo, solo con estudio primarios y ya entrando en mayoría de edad, Albornoz decidió resolver su situación laboral y social intentando ingresar a los Bomberos de la Policía Federal o la Gendarmería, lo que primero sucediera.

El 31 de agosto de 1978 ingresó a la escuela de gendarmería nacional de la que egresó en 1981 para ser destinado a Aluminé (Neuquén), y luego al escuadrón 42 Calafate.



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