Ahora Calafate Ahora Calafate

CARTAS ORGÁNICAS Y EL VOTO NOMINAL

En este artículo se aborda distintos aspectos de este voto con distintos ejemplos para seguir informándose y hacer cada día mas la Participación Ciudadana. Por Alejandro Rojo Vivot - Escritor

General - Opinión 02/02/2022 Alejandro Rojo Vivot - Escritor
Tía Vicenta Quino República Año II N° 43 página 13 3 junio 1958

FOTO: ARV. QUINO. REPÚBLICA. TÍA VICENTA. AÑO II, N° 43. PÁGINA 13. BUENOS AIRES, 3 DE JUNIO DE 1958

“El voto nominal es la institucionalidad que permite observar en el tiempo qué soluciones fue dando cada legislador a los problemas y dilemas sociales que se le plantearon. El voto secreto o anónimo de los representantes genera la para-institucionalidad necesaria para convertir a ese voto legislativo, que es un bien público, en un objeto privado que puede causar un mal general”. [1]

 

Carlos March

 

Sin duda, para muchos, el voto nominal obligatorio y universal significará, por lo menos en algunas oportunidades, contribuir a modificar positivamente valores y conductas profundamente arraigados propios de ciertos mecanismos políticos como, por caso, hacer prevalecer la voluntad de algún líder partidario sobre el mandato de las urnas o, lo que es más grave aún, por encima de la propia conciencia. En este sentido, es oportuno recordar lo expresado por Abraham Lincoln (1809-1865): “Los dogmas del tranquilo pasado son inadecuados en el tormentoso presente. Los tiempos que vivimos están llenos de dificultades y es nuestro deber mostrarnos a la altura de los mismos. Nos enfrentamos con nuevas circunstancias; debemos, pues, pensar y obrar de acuerdo con ellas. Debemos emanciparnos de nosotros mismos”.

EN FOCO

Reflexionar con respecto al voto nominal, es parte de una labor mucho más amplia que se centra en contribuir a cualificar la mejor posible administración de los asuntos públicos con la intervención responsable de la ciudadanía.

Las cartas orgánicas, entre otras, son instancias adecuadas para determinar que toda decisión legislativa sea mediante un proceso obligatorio que deje registro público de cada voto como su dirección, las abstenciones y las ausencias.

El voto nominal sin duda contribuye al mejoramiento de la calidad de la Democracia y al desarrollo de las actividades partidarias, jerarquizando así a la muy necesaria política para que algún día pierda sentido la expresión de Groucho Marx (1890-1977): “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Así mismo, es notoria la renuencia de muchos parlamentarios en generalizar el voto nominal en todo el ámbito pertinente. En ese sentido, es dable recordar el excelente trabajo sobre el monitoreo de instituciones legislativas de Laura Alonso que con respecto a la Cámara alta señaló para el 2002: “Poder Ciudadano desarrolló una serie de recomendaciones ciudadanas para la reforma del Reglamento. Entre éstas, se destacaron las siguientes: (…)

Votación nominal (…)”. [2]

El debate parlamentario de 2008, en Argentina, sobre el Proyecto de Ley enviado por el Poder Ejecutivo para ratificar la Resolución 125 del Ministerio de Economía, dejó en clara evidencia la importancia de que la ciudadanía sepa fehacientemente qué votó cada uno de los legisladores.

(El “voto no positivo” frustró inéditamente a un gobierno del “vayamos por todo”).

A nuestro entender, es muy probable que otros habrían sido los resultados de muchos debates parlamentarios si los votos hubieran sido siempre anónimos.

Cuando fuimos Coordinador de las Comisiones Temáticas de la Convención Redactora de la primera Carta Orgánica de Ushuaia (2001 y 2002), pudimos observar a un convencional que siempre votaba como le indicaba la autoridad de su Bloque y que, cuando se equivocaba, era amonestado públicamente y entonces cambiaba rápidamente su voto; por lo menos una vez el error no pudo ser reparado y se asentó como diferente a los de su fracción partidaria, entonces el reto público fue mayúsculo y vergonzante aunque la Democracia fue la más mancillada.

Desde luego que elegir el procedimiento para elaborar normas a través de procesos participativos significa contribuir de sobremanera a la calidad de las leyes y alcanzar estándares que sustenten su aplicación. Con respecto a esa estrategia consultiva, Daniel Morín sintetizó algunas cualidades insustituibles:

“Brindar transparencia a los procesos de toma de decisiones.

Mejorar la calidad técnica de dichas decisiones.

Promover el debate público.

Estimular la participación ciudadana y habilitar un camino por medio del cual todos los actores sociales interesados pueden incidir en la definición de las decisiones públicas.

Permitir que quien deba decidir lo haga con un completo conocimiento de todas las posiciones y opiniones en juego.

Informar a la ciudadanía.

Producir proyectos de normas o de políticas públicas que cuenten con consenso social, a partir de la detección de genuinas demandas de la sociedad”. [3]

Notemos que queda en claro que la participación de los interesados nunca reemplaza a los designados por el voto popular para aprobar y sancionar leyes u ordenanzas.

En la medida que el hombre de sangre y huesos se reconozca sujeto de derecho, que los conozca acabadamente, los ejercite cabalmente y exija inteligentemente su cumplimiento, estaremos en un escenario donde la equidad y la libertad serán la plataforma del desarrollo sustentable.

Entre los representantes legislativos y la población en general existe un absoluto desconocimiento mutuo; con seguridad gran parte de los habitantes ni siquiera saben los nombres de todos los que con su voto deciden su suerte, para bien o para mal. La prueba es muy sencilla, cualquiera la puede realizar en su respectivo círculo de relación.

Y la contraprueba. ¿En cuántas oportunidades los representantes de la población consultan a la misma con respecto a asuntos específicos? Mientras, con toda tranquilidad, expresan que conocen el sentir de los habitantes en temas tan diversos como, por caso, protección ambiental, los permisos de pesca, la educación universitaria, prejuicios centrados en minorías sociales, el fomento del ajedrez como prioridad, el cooperativismo, las artesanías, la adquisición de armamento para las fuerzas de seguridad, la conveniencia de emplear recursos públicos para viajar frecuentemente sin rendición de los logros alcanzados, la designación de múltiples asesores sin publicar los pertinentes antecedentes y los informes que los mismos producen, etcétera.

Y seguimos sumando. ¿Cuántas veces los representantes de la población nos envían, a nuestras respectivas direcciones, una nómina de los proyectos presentados y qué ha sucedido con estos? Sí, con el mismo esfuerzo empleado para felicitarnos por nuestros cumpleaños o desearnos feliz navidad sin saber nuestras creencias en tal sentido. Ojalá que también recibamos copias de proyectos para emitir opinión fundada y que la misma sea tenida en cuenta.

Muchos coinciden en que la brecha es muy profunda entre la actividad parlamentaria, del nivel y ámbito que sea, y los ciudadanos. Aceptemos por unos instantes que esa percepción se condice con la realidad y lo denominamos, provisoriamente: suspicacia (idea surgida de la sospecha o desconfianza).

El sistema de voto nominal impulsa a ser mejor legislador lo que redunda en una Cámara con alto prestigio. La imagen positiva de los cuerpos colegiados representantes de la población será su más certera fuente de poder y de convalidación de su quehacer, lo que le permitirá lograr una clara y efectiva independencia de los otros estamentos públicos y privados, base principal de la democracia. Una democracia de calidad es el mejor camino para coadyuvar al bienestar general.

Toda práctica, más aún cuando está formalmente establecida, por la cual es posible el anonimato de un concejal, legislador provincial, diputado o senador nacional debe ser inmediatamente eliminada; las listas sábanas o cerradas, que permiten tapar a quienes se esconden bajo las mismas, inclusive a sospechosos de aberrantes crímenes como la tortura y el asesinato, son abominables resabios de los que privilegian los intereses personales de los candidatos sobre, por ejemplo, la inteligente decisión del electorado. [4]


 
[1] March, Carlos. Prólogo. Alejandro Rojo Vivot. El voto nominal. Editorial Dunken. Buenos Aires, Argentina. 2014.
[2] Alonso, Laura. ¿Cómo monitorear instituciones legislativas? Poder Ciudadano. Páginas 36 y 37. Buenos Aires, Argentina. Junio de 2005.
[3] Baragli, Néstor. Elaboración de normas participativas. Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. Oficina Anticorrupción. Página 7. Buenos Aires, Argentina. Junio de 2004.
[4]file:///C:/Users/User/Desktop/ALEJANDRO%20%20%202022/LIBROS/LIBROS%20PUBLICADOS/VOTO%20NOMINAL/DUNKEN/Voto%20Nominal%20A%20ROJO%20VIVOT%20pdf.pdf

Por Alejandro Rojo Vivot - Escritor

Te puede interesar

PBT 3 julio 1953

CARTAS ORGÁNICAS: A LAS COSAS POR SU NOMBRE

Alejandro Rojo Vivot - Escritor
General - Opinión 24/03/2022

Los politicos prometen cosas que luego no cumplen y se expresan de manera correcta pero muchas veces hay ejemplos que esas palabras caen en saco roto, por eso llamamos a las cosas por su nombre. Por Alejandro Rojo Vivot - Escritor

Lo más visto

censistas EPP9 1 [AUDIO FMD]

Con niebla comenzó el Censo Presencial en El Calafate

Guillermo Pérez Luque
Actualidad - El Calafate 18/05/2022

Bajo una intensa niebla que cubre El Calafate, más de 320 censistas comienzan a recorrer los barrios para cumplir con la tarea ir casa por casa en su segmento asignado. Se solicita a los vecinos facilitar la tarea resguardando a sus mascotas y permanecer en sus domicilios a la espera del censista.

Newsletter