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  DEPORTES  20 de abril de 2016
El año pasado corrió 114K, este año la Ultra Fiord 100M / 141K.
Hace casi un año atrás, AHORA CALAFATE transcribía la experiencia de Rafael Lim corriendo una Ultra Maratón en Torres del Paine. Este fin de semana fue por más y acá está en primera persona su vivencia. Pase y lea y: “nunca digas que no podes, inténtalo”. Rafael Lim

Y me levante la mañana del jueves 13 de abril, sólo habiendo dormido 5 horas. Y mientras desayunaba, no dejaba de pensar a lo que me enfrentaría a medianoche. La noche anterior ya nos habían anticipado el cambio de ruta por el clima adverso que se avecinaba. No obstante uno no se imagina completamente lo que puede llegar a ser en realidad. Al compartir la habitación con mis grandes amigos Fernando y Julieta (mi preparadora), me sentí “menos solo”. Escuchar consejos y experiencias me hizo muy bien.

Por la tarde, junto a Fernando, quien correría 70K ya que se está preparando para UTMB, la “Carrera Madre” del Ultra Trail, entregamos los bolsos de corredor que me llevarían a los puntos de abastecimiento mayores (Hotel del Paine km50 & Estancia Perales km97).

Después de almorzar juntos unas buenas pastas, para cargar de carbohidratos el cuerpo, descansamos unas horas (la ansiedad y el miedo no me dejaron dormir mucho). Sólo traté de mantenerme acostado en la cama y no cansar las piernas. Mientras tanto, recuerdo ver a Juli prepararme jugo “GO” para la primera parte de la ultra, y a Fer, creo que revisando el mapa de altimetría y viendo más sobre la carrera, mientras Fancesca (1) jugaba en la cama.

El reloj marcaba las 21.15hs, hora en la que me dispuse comenzar a vestirme y preparar el equipo con el que saldría esa noche. A las 22hs, me despedía de Fer, Juli y la pequeña Fran, quienes me habían acompañado a la Plaza para tomar el transporte que nos llevaría al punto de partida (Estancia Kark). Ya dentro del bus veo a Timo; y a Rodrigo, con quien compartimos unas ultras en 2015.

El viaje hasta el lugar de partida, se interrumpió por una parada en Cerro Castillo. Estimo que para no estar a la “intemperie” por más tiempo del que fuese necesario.

Ya una vez en la largada, hice el control de partida y me ubiqué en la mitad del “pelotón” para escuchar la cuenta regresiva. Todo pasó muy rápido, prendí mi frontal y segundos después, pasaba por debajo del cartel de salida e iba tras los pasos de medio centenar de corredores. Los primeros 15km (1er punto de control) fueron “rápidos”, ya que el terreno era plano y marcado por una huella de vehículos rurales dentro de unos campos. En ese punto sólo bebí un vaso de isotónica y salí. Crucé algunos alambrados y un par de tranqueras, que me indicaban la salida y entrada en otro sector. Ya llegando al km 30, (2do puesto de control) me encontré con Hery & Ronald, dos grandes corredores, con quienes sigo en contacto desde hace 1 año (Ultra Fiord 2015). En este punto comí un trozo de banana, y bebí agua e isotónica. Repuse mis botellas y salí con buen ritmo. A partir de acá empezaban a notarse los ascensos, no duros, pero las manos ya comenzaban a empujar las rodillas para poder subir. Fue en este sector que encontré a Timo parado. Me comentó de un malestar y de nauseas. Decidí bajar el ritmo y seguir junto a él y a otros corredores con quienes íbamos juntos. Minutos después ya estábamos en el km 42 de carrera (aun a oscuras) luces de un vehículo y un puesto de control nos esperaban con Coca Cola y algunas galletitas saladas. Eso le hizo bien a Timo, que pudo recuperarse de su malestar. A partir de ahí, y hasta Hostería Del Paine, tuvimos ascensos, descensos, planos, senderos, huellas de vehículo y una largo trayecto que parecía nunca acabar. Fue en este punto que un camarógrafo de NHK me divisó y me siguió por varios kilómetros.

Ya cerca de las 07.30 hs, comencé el descenso del cerro hacia el Punto de Asistencia (Hotel De Paine) en el km 50, punto en el que comenzaba a funcionar el lector del chip “on line” que iba a marcar nuestros pasos por los diferentes controles.

En este punto nos esperaban con comida caliente; en donde aproveché a comer fideos con salsa, pan, sopa, salchichas y huevos (un banquete). Luego de comer bien (fue el desayuno), tomé mi bolso de corredor y cambié de calzado, de ropa térmica, y tomé otro campera más ya que en unos kilómetros, sabía que venía el ascenso a una zona fría. Me demoré unos 50 minutos para estar en condiciones.

Delante de mí salía Timo, que ya recuperado comenzaba a paso ligero. A pocos minutos, el falso plano comenzaba a elevar su pendiente dentro del bosque, y me obligaba a desplegar mis bastones para ir un poco más cómodo. Ya a eso de las 10.00 hs el frío se hacía presente, y media hora después, comenzaba a nevar. Estando dentro del bosque me encontré con Mauricio, un corredor de Santiago, con quien compartiría esta ultra casi hasta el final. En este sector, comenzaban a pasarme varios corredores de 50K (quienes habían largado a las 10 hs); y ya en la cima del cerro, Puesto de Control - Campamento Alto (km57), comencé a ver corredores de 70K. Uno de ellos que me vio y me dio ánimo, fue Moisés Jiménez, un gran amigo que me dio la montaña. En este punto ingresé a la carpa para poder sacar mi 2da campera, porque afuera, la nieve y por sobre todo el viento, me hacían imposible estar parado. Nunca corrí con tanto frío. Y recién comenzaba el trayecto en el valle hasta poder llegar al Campamento El Salto; fue en este sector lleno de piedras, que el frío, el viento y la nieve, me hicieron caer varias veces. Fue en la última caída que pensé me había quebrado. Recuerdo haber apretado los dientes por el dolor y seguir. (Recordé a Pablito diciéndome: “Pa, un corredor de montaña nunca se rinde”). Ya en el Puesto de Control, volví a ver a otro camarógrafo de la NHK que volvió a seguir mis pasos por un trayecto bastante complicado por el descenso entre barro, vegetación y mucha agua. Hasta lo vi después de cruzar un pequeño arroyo por medio de una soga (no sé por dónde cruzó él).

Una vez hecho el descenso, entraba al bosque. Bosque que en 2015 había llegado de noche, y en esta oportunidad lo viví con luz de día. Un bosque hermoso, con árboles altos y con una fina capa de nieve que hacía que el frío se mantuviese en el aire. Un tramo en el que volví a ver pasar muchos corredores de 50K y 70K, con quienes compartíamos la misma ruta de carrera. Junto a Mauricio, los dejábamos pasar porque el ritmo era diferente y los alentábamos a seguir apretando.

Ya en el Campamento El Bosque, el dolor en la pierna (parecía incrementarse con el paso de las horas) que me había golpeado horas antes, hacían que el ritmo sea cada vez más lento. Fue en el próximo puesto Campamento Los Sacos, que paré y me senté a ver por qué el dolor no paraba. Tremenda sorpresa al bajarme la gemelera; un chorro de sangre que salía de una herida abierta profunda, me hacía ver que no sólo había sido un golpe. Inmediatamente saqué mi botiquín, del cual use el agua fisiológica para limpiar la zona, el agua oxigenada para limpiar y desinfectar, y una gasa que me facilitó Mauricio para poder contener la sangre. Todo envuelto en cinta hipoalergénica (vueltas y vueltas), ya que en algunos sectores, había agua estancada hasta las rodillas, y no parecía estar “muy limpia”.

Nos movimos a paso ligero, hasta que faltando unos kilómetros comencé a correr un poco más fuerte, tal vez por el frío. Mauricio se quedó un poco atrás.

A esta altura, el cansancio era tremendo (24 hs de carrera). Al punto de que a minutos de Estancia Perales, confundía las platas secas con figuras diabólicas. Sí; la noche y con sólo la luz de mi frontal, me hacía ver imágenes que no tenían sentido. Imaginarme eso me asustaba, no por la imagen en sí, sino porque sabía que no podía ser otra cosa que el cansancio y mi imaginación.

Volví a cruzar el río, que había cruzado en 2015 y sentí que estaba cerca del objetivo; aunque sabía que todavía faltaba correr un maratón para llegar a la meta (44K).

Cuando entré al comedor, volví a ver a Hery, Ronald y a Rodrigo, quienes habían llegado minutos antes. Tomé 4 platos de sopa para volver a estar en carrera. Había dejado en mi bolso un paquete de papas fritas, que junto a los vasos de Coca Cola, me dieron un “despierte”. Luego de comer bien y cambiarnos, tomamos fuerzas y salimos por lo que faltaba. Ahí me demoré cerca de 1h.

Volví a salir junto a Mauricio, con bastante frío, pero no por eso dejamos de avanzar. Recuerdo que a los pocos minutos, a pesar de haberme recuperado, el sueño comenzó a hacer que caminara más lento. Varias veces me desperté cuando me salía del camino. Así llegamos hasta la casa de una persona que nos vio y nos invitó a pasar a calentarnos al lado del fuego. No nos resistimos mucho, y por 15 minutos, descansamos al lado del fuego. Ahí vimos a otro corredor durmiendo.

Volvimos a salir y tratamos de vencer el cansancio. La 2da noche se estaba haciendo dura, y fría, con algo de nieve nuevamente. El próximo punto era Puerto Consuelo, a 20 km de la meta. En esta etapa pasé el peor momento de la ultra. El frío hizo que sacara mi capa de emergencia y la usara como aislante, porque el viento hacía bajar mucho la temperatura. A eso, se le sumaron las alucinaciones, que pensé habían quedado en Estancia Perales, pero lamentablemente, volvieron. Y volvieron más extrañas. Fue irracional ver “hologramas” de animales que salían de un LCD (eso es lo que veía delante de mi), mientras los carteles se doblaban y pasaban de un lado al otro; después recuerdo que vi los reflectivos de las mochilas de los corredores que iban adelante mío, que pasaban “volando” de un lado al otro. Esto es algo que jamás voy olvidar.

Una vez pasado Puerto Consuelo, seguimos unas horas de noche. Pero ya entrando de a poco en la madrugada del sábado, el frío me estaba haciendo mal. Fue ahí que Mauricio me pasó su capa de emergencia (la mía se había roto por el viento) para poder “envolverme” en ella otra vez.

Creo que faltando unos 10km para llegar a la ruta de asfalto, el sueño me hacía ir de un lado al otro del camino. Recuerdo avanzar dormido y abrir los ojos cuando estaba por caer. En ese momento vi pasar al equipo de NHK nuevamente por al lado mío.

Era un largo camino que parecía interminable. Recuerdo que Mauricio comenzó a despegarse y mi teléfono volvió a tener señal. Fue en ese momento que llamé a Marcela y le dije que estaba cerca de Natales. Lo extraño, fue que después de cortar, creí haber escuchado “corre rápido”. Y sabía que era imposible. Pero recuerdo que paré, me saqué los pedazos de la capa de emergencia (me había hecho un “vestido” y un “poncho”), los guardé en la mochila y comencé un ritmo “infernal” por debajo de los 5´/km después de 130K de carrera.

Pasé a Mauricio, alentándolo a seguir, y más adelante pasé a otros 4 corredores que estaban en ruta hacia la meta.

Una vez en la ruta de asfalto, volví a ver al equipo de NHK que estaba esperando por mí. Uno en bicicleta y otro que corrió junto a mí con su cámara en mano hasta la meta. Al pasar al lado del director, sólo atiné a decirle: “This is the versión I was talking about” / “Esta es la versión de la que estaba hablando”.

Fue en el km 139 (a 2K para la meta), que estaban esperándome dos grandes amigos que me dio la montaña, Enzo Ferrari & Moisés Jiménez. Jamás voy a olvidar esos momentos amigos. Lo guardo en mi corazón.

Llegué a la meta, luego de 34hs y después de andar en la montaña y recorrer 141Km para poder terminar la ultra más larga que corrí hasta hoy. Crucé la meta, de la mano de Tomás & Pablito. 

Porque una vez me dijeron “Rafael da todo para que el esfuerzo que hicieron muchas personas por salvar tu vida, haya valido la pena. Seguí adelante”

A mi familia, a mis amigos, a mi entrenadora, a quienes me salvaron la vida hace 13 años, y a vos Pedro, el policía que me golpeó, y que creo me hizo más fuerte.

“No importa lo fuerte que puedas golpear; importa lo fuerte que puedan golpearte y seguir avanzando”

Pos Gral 55° / 15° Categoría_ 94 corredores

Se confirmó la muerte de un corredor mexicano en la Ultra Fiord.

También en el final de su crónica, Rafael Lim habla de esta atleta de México que falleció en competencia, “Yo conocí a Arturo Martínez la noche anterior a la carrera, compartí con él mi experiencia 2015, y nos despedimos hasta el día siguiente. Jamás lo volví a ver. En su memoria” escribía el corredor de El Calafate.

En las últimas horas fue confirmado el fallecimiento del atleta mexicano Arturo Martínez Rueda, de 58 años, cuyos restos se encuentran en el cordón Chacabuco, al noroeste de Puerto Natales, a 850 metros sobre el nivel del mar donde dejó de existir presumiblemente por un cuadro de hipotermia, pasadas las 2 horas del sábado.

El deceso de Arturo Martínez se produjo en las cercanías de uno de los campamentos ubicados en la cordillera Chacabuco. En el lugar fue visto por última vez por otros competidores sentado en short en una piedra y con la cabeza descubierta.

Arturo Martínez, había egresado de la Universidad La Salle de México, y se desempeñaba en consultorías y servicios empresariales. Además practicaba Tae Kwon Do, era un aficionado a la música clásica y a los deportes extremos. En su página de Facebook escribió la semana pasada: “de mi lectura actual, correr o morir de Kilian Jornet y lo que para él son los límites. Los límites los crea nuestra mente. Como tales no existen lo he comprobado en el trail. Por eso #soyultra”.

Lo último que escribió en su Facebook, fue que había caminado por las calles de Puerto Natales.

Fuente: La Prensa Austral

 



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