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  DEPORTES  12 de abril de 2017
Rafael Lim encontró #MiMejorVersión en los 160K de la Ultra Fiord
Este fin de semana el atleta de ultramarathon corrió esta competencia en el Parque Nacional Torres del Paine. El propio atleta lo cuenta en primera persona lo que fue este desafío: “la carrera más dura que hice hasta ahora”. Pase y lea.

“Eran las 17.00hs del Jueves 6 de abril, y me levantaba de dos horas de sueño; a esa hora empecé mi “ritual” como acostumbro hacer antes de cada ultra. El día anterior ya había realizado la acreditación y el chequeo del material obligatorio para obtener el Pasaporte de Corredor. Pasaporte que debería presentar en todos los puestos de control para chequear mi paso.

En la mañana había estado en la charla técnica que brindó la organización, a cargo de Emmanuel Acuña, un tremendo ultra y gran amigo que me dio las montañas. Él fue quien lideró las 100M (160K) por varios kilómetros, llegando en 2° lugar en la general de esta edición. Luego de la charla, planeaba entregar los bolsos de corredor con las cosas que pensaba utilizar en 2, de los 3 puestos de abastecimientos del recorrido de poco más de 160K.

A las 21.45hs caminé los 200m que me separaban de la Plaza de Armas. Desde ahí el bus nos llevaría hasta el punto de partida (extremo norte muy próximo al Parque Nacional Torres del Paine). En el bus tuve el privilegio de viajar junto a Marlene Flores, ganadora de las 100M The North Face Endurance Challenge de Santiago, una hermosa amiga que me dio las ultras. También minutos antes de partir me vinieron a despedir Cindy & Miguel, quienes correrían los 100K al día siguiente. Sentir esos abrazos y escuchar esas palabras de aliento fueron una caricia al alma.

De a poco se fue llenando el bus (49 corredores íbamos a participar de esta distancia). Fue un viaje de 1h30´ para ir hablando y durmiendo unos minutos. Una vez que bajé del bus, el aire frío me “despertó” un poco. La partida fue a las 23.59hs del jueves 6 de abril, y esto, fue lo que viví.

Sabía que los primeros kilómetros eran muy “corribles”, ya que en un principio, el mapa no mostraba demasiada dificultad, a pesar de que en montaña todo puede cambiar. Durante las siguientes 2 horas, prácticamente corrí solo; el 1er pelotón se había alejado al punto de ya no ver la luz de sus frontales, y también me había “despegado” de quienes venían por detrás. Una vez que llegué al punto de abastecimiento (Hotel del Paine, no había dispuesto ningún bolso de corredor), sólo tomé un poco de sopa y recargué mis depósitos de agua y bebida isotónica. Ahí estaba, Anne Marie Dunhill, (Fotógrafa y periodista de “SleepMonsters, The Adventure Racing Website”) a quien conocí por haber corrido la 1era Edicion de Ultra Fiord en 2015 (100K), y con quien nos habíamos visto el día anterior y hablado unos minutos (después de casi 2 años de sólo estar compartiendo palabras por la red social). Sus palabras, sus abrazos y cariño en carrera, son recuerdos que voy a guardar para siempre.

Demoré 30´ para volver a salir con dirección al siguiente puesto (03.15hs). Y por unos 20´, corrí junto a otros corredores, entre ellos Oscar Quiroz, quién para mí fue fundamental en mi carrera, tanto en ese tramo en el que nos desorientamos por falta de marcas, como en el último tramo de esta ultra.

Estoy seguro que a partir de ese momento, comenzaba otra carrera. Cruzar un río helado de unos 15m de ancho, que llegaba hasta el pecho fue tremendo. Una vez que salí del agua, me mantuve con un grupo, hasta que me volví a torcer el mismo tobillo (izq.) que en cada carrera me recuerda ese dolor a veces insoportable. Ahí dejé ir la posibilidad de correr junto a alguien. Pasaron varias horas hasta que me encontré con Ricardo, un corredor mexicano, con quien compartimos unas horas de carrera. Esta etapa me hizo recordar lo que viví en 2015 y 2016. Cuando caía en tramos en donde el barro me llegaba hasta las rodillas y no me dejaba avanzar. Fue una etapa dura, pero ya con la luz de día el ánimo era diferente. Crucé arroyos, barro, y más barro durante 30K, hasta llegar al punto de abastecimiento “Estancia Balmaceda” donde si tenía mi 1er bolso. Fue en este puesto que recibí mi 2do abrazo de carrera. Ya llegando, escucho “Rafael!!!”, si era Karol, con quien nos conocimos en la 1era Edición en 2015, en el último puesto de abastecimiento, y que su alegría y cariño al darme comida caliente,  guardo en mi corazón desde entonces. Ni bien llegué, lo primero que hice fue comer. Me comí la mitad del sándwich de bondiola y queso (había dejado en el bolso), 2 platos de sopa de verduras, y 1 Red Bull. Después me cambié de ropa y calzado. Había pasado una noche muy fría porque había corrido todo mojado. En ese 1er cambio de ropa y zapatillas, fue inevitable no recordar a mis amigos Cynthia & Arturo, quienes fueron los que me consiguieron el modelo de calzado que utilicé en los 2 tramos iniciales de esta carrera. Les había prometido que iba a pensar en ellos. Ahí demoré 45´. En ese punto partían los corredores de 100K, por lo que volví a ver a varios amigos, entre ellos Timo, que hizo una tremenda carrera. Quien también se acercó y me ayudó en preparar mi equipo fue Javier Chavez, a quien había visto la noche anterior junto al resto del grupo de los #Jabalíes con quienes cenamos (Grupo de amigos corredores de montaña, al que me permitieron pertenecer; y fui “bautizado” como #Jabalim); seríamos varios del grupo los que aceptaríamos el desafío de correr las 100M, entre ellos estaba Hery Bello, Vero Lobos & Ronald Cristinich.

En ese momento me sentí asistido como un corredor de elite. Jamás voy a olvidarlo. Y fue Javier quien me comentó que varios del grupo, habían tomado un camino erróneo, pero con marcas y habían quedado fuera de la carrera.

Ya nuevamente en ruta al siguiente punto, sabía que se venía la parte más técnica de todo el circuito. Iba a enfrentar un ascenso de más de 1.200m+ para llegar a la cumbre de un Glaciar. Antes pasando por un terreno boscoso, y por laderas “minadas” de piedras y lajas. Fue un tremendo tramo muy técnico en el que no perder la concentración fue fundamental.

Una vez que llegué al puesto de control Chacabuco 1 paré nuevamente 15´para comer y descansar las piernas, ya que desde ese punto comenzaba a ser más fuerte el ascenso. En ese momento aparece Vero Bravo, una tremenda corredora de Chile (Atleta Salomón), y que corría los 70K y compartíamos la misma ruta de carrera; pasa a mi lado y me dice “Vamos Rafa! Qué haces?” “Si, si, ya voy” le dije, mientras estaba terminando de comer. Pero lo que no voy a olvidar, es cuando me grito del otro lado del arroyo que ella ya había cruzado: “Rafa, recuerda lo que te dijo tu hijo!!!” (*) Y que yo había compartido en la red social. “Si!!!, ya voy, sólo me detuve a comer!!!” le dije.

Minutos después volvía a encarar ese pedregal hasta llegar al punto de descenso (por medio de una soga) al valle que debíamos tomar para ascender al Glaciar. En ese punto debíamos esperar turno para realizar la bajada de unos 30m. La espera fue de 30´. Una vez abajo, nos esperaba el Director de carrera y creador de esta tremenda ultra, Stjepan Pavicic, un gran amigo que la montaña me dio la posibilidad de conocer. Un abrazo y palabras de aliento entre risas que sirvieron para cortar un poco el esfuerzo que estaba realizando. Ya en ese punto estaba a minutos de intentar el ascenso al glaciar. Se veían las grietas (enormes) que intimidaban y me hacían ver lo pequeño que era frente a lo que estaba por hacer. Minutos después ya entraba a la zona de nieve y hielo, por lo que me coloqué los “clavos” para poder avanzar en hielo (no me hicieron sentir muy seguro), tal vez en plano puedan ser útiles, pero en un ascenso de un glaciar a 30°, no fue la mejor elección (Material obligatorio: Grampones o Spikes). Una vez que hice cumbre, el paisaje fue lo más lindo de esta carrera. En un día soleado, estaba frente a los Cuernos y las Torres del Paine. Un día espectacular. Y más aún volver a ver a un gran amigo que estaba a cargo de la seguridad de la zona de alta montaña, Jordi Tosas. Quien me recibió al grito de “rafa!!!”. Un momento único e irrepetible que guardaré para siempre en mi corazón.

En ese momento le comenté el cansancio que sentía por la 1era noche dura que había vivido. Y que el frío y el barro me habían desgastado mucho. Al escuchar esto, me dijo que una vez que cerraba la zona iría abajo en mi búsqueda y me acompañaría en el descenso. Eso me hizo sentir seguro y un privilegiado al mismo tiempo.

Volví a retomar el descenso del glaciar y una vez pasado el hielo, entraba a la zona de lajas que había pasado en 2015, ahí conocí a un corredor rosarino que hacía su 1era experiencia en Ultra Fiord, Emanuel. Junto a él hicimos parte del descenso, y ya junto a Jordi (que nos había alcanzado), llegamos al puesto de control Chacabuco 2. El atardecer comenzaba a dejar atrás la tarde soleada y las sombras se tornaban más oscuras. Hora de encender nuevamente el frontal. De a poco entraba en mi 2da noche de carrera. Mientras Jordi avanzaba, yo iba tirando junto a Emanuel. Nos quedaban 13K para llegar al siguiente punto de control Campamento El Salto. Ese tramo de arroyos, barro y turba hasta las rodillas nos tomó cerca de 4 horas, llegando al puesto pasada la media noche. Una vez ahí, el desgaste físico y mental fue brutal. Ahí nos tomamos cerca de 30´para comer comida caliente, calentarnos en la fogata y reabastecernos antes de volver a salir al siguiente puesto de abastecimiento. Volvíamos a salir por los siguientes 13K junto a Emanuel y Jordi, pero esta vez Emanuel me dijo que adelantara si podía, entonces empecé a correr y tratar de ganar tiempo avanzando más rápido, porque ya era muy de madrugada. A unas horas de estar avanzando ligero, Jordi me da alcance y me ayuda empujando y así ganar tiempo. Y nuevamente pasamos varios tramos de barro y turba hasta las rodillas que nos frenaban. Ese momento fue inolvidable; no tanto por el terreno, sino porque estaba corriendo fuerte después de estar 100K en la montaña, y lo estaba haciendo con el alma y junto a Jordi Tosas!!! Realmente es algo que jamás voy a olvidar.

Una vez pasados los arroyos, el barro y el último río, llegamos en 3hs a Estancia Perales. Ahí estaba mi último bolso de corredor. Comí, me hidraté, me cambié, calenté mi cuerpo y dormí. Si, Jordi me dijo “Duerme rafa, duerme 45´; luego sales”. Jordi me levantó luego de 45´ y junto a Oscar Quiroz, un tremendo corredor a quien conocí en 2015, salimos por los últimos 60K (aun nos quedaba correr otra ultra!).

Para no cargar los cuádriceps, más de lo que ya estaban, decidimos hacer un paso ligero y constante. Las pendientes en ascenso no eran tan dolorosas como los descensos. Así logramos avanzar varios kilómetros y llegar al puesto de control del km 120 aun con aire, muchas ganas y esperanzas. Aunque sabíamos que faltaba bastante comenzamos a un paso de 7´/km que marcaba el reloj de Oscar; no dejamos que el cansancio nos detuviera. Pasaron varias horas para poder ubicarnos en dónde estábamos y hacia dónde nos dirigían las marcas. Algunas muy distantes unas de otras, que hacían sentir angustia y dudas. Entrar a un bosque, salir de él, ascender un pequeño cerro, bajarlo, y volver a subir una cadena de cerros que nos llevó más de 4hs, puso mis nervios a flor de piel. No pude disimularlo y entre la angustia del paso del tiempo, y la ciudad que no aparecía, usé mi teléfono por 1era vez en una carrera. Llamé al número de emergencia para saber si estábamos en la ruta correcta (ya sabía que varios corredores se habían perdido por seguir marcas y eso me puso más nervioso aún).

En ese momento fue Oscar quien me pidió que me tranquilizara y que siguiésemos avanzando siguiendo las marcas. Su contención fue muy importante para que pudiese terminar esta carrera. Otro momento que jamás voy a olvidar.

Llegamos al último puesto de control ya a oscuras, pero sabiendo que sólo restaban pocos kilómetros. Llegar a la ruta y ver las luces de la ciudad me trajo muchos recuerdos. Los momentos vividos, las personas con quienes compartí, los amigos que estuvieron cerca y los que me ayudaron a poder cumplir este proyecto de encontrar mi mejor versión.   

Ya faltando unos metros vi cómo se estaba terminando esta tremenda ultra. Gritos y aplausos y un gran Abrazo de Llegada que me dio Jordi, quien me esperaba en la meta, y nos hizo emocionar a ambos. Sólo pude decirle gracias; gracias Jordi por hacerme correr mejor de lo que corría hasta antes de venir a Ultra Fiord.

Fueron necesarios más de 160K, 6.000m+ y de 44hs en la montaña, cruzando ríos, barro y turba hasta las rodillas, para poder encontrar #MiMejorVersión.

Definitivamente Ultra Fiord es una carrera que te desgasta física y mentalmente. Una carrera en donde hay que sacar lo mejor que uno tiene y tal vez no alcance.

(*) En 2015, antes de mi 1er 100K Pablito me había dicho: “Pa, un corredor de montaña nunca se rinde”. La noche anterior a mi 1er 100M/160K, Pablito me escribió “Pa, no te detengas, seguí tu camino”. Y eso fue lo que hice.

Y como digo hace 14 años, ni el más optimista en Navidad 2002, hubiese imaginado que ese chico en terapia intensiva en un coma 3, algún día correría en la montaña.



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