Turismo Bichos de Campo 27/07/2025

Así estamos: En junio no alcanzaron los dólares generados por la agroindustria para financiar la fiesta del turismo emisivo

Argentina –si bien sigue recibiendo ayuda de EE.UU.– sigue sin poder acumular divisas de manera genuina para poder brindar sostenibilidad al actual esquema de política económica.

En junio pasado el ingreso neto integral de divisas generado por la agroindustria –con el sector oleaginoso, cerelearo y la industria alimenticia a la cabeza– fue de 4729 millones de dólares una cifra que podría ser sustancialmente mayor en caso de no existir los derechos de exportación que padecen las empresas agropecuarias.

En segundo lugar se ubicó el sector hidrocarburífero con 1156 millones de dólares netos ingresados el mes pasado, mientras que la minería se consolidó en el tercer puesto con 646 millones.

Los datos corresponden a cifras del último balance cambiario sectorial publicado por el Banco Central (BCRA) en lo que respecta a exportaciones/importaciones, inversiones directas, préstamos, giro de utilidades y formación de activos externos.

La cuestión es que esas cifras palidecen con respecto a la salida neta de divisas generada por el sector turístico, que el mes pasado fue nada menos que de 5365 millones de dólares.

Esa cifra proviene del balance cambiario relativo a dos rubros: viajes y otros pagos con tarjeta y transporte de pasajeros. En el primer caso, una parte corresponde a compras de programas informáticos y servicios digitales realizados desde el territorio argentino.

Si bien el BCRA no desagrega cuánto corresponde a consumos realizados en el exterior y cuánto a compra de servicios por parte de argentinos que no salieron del país, la realidad es que el grueso de la cifra corresponde a turismo emisivo.

Tal como sucedió en otros momentos en los cuales el “atraso” cambiario fue evidente, el “subsidió” cambiario aportado por la política estatal es aprovechado por el sector más acomodado de la población con el propósito de viajar al exterior.

Ese fenómeno opera, como contrapartida, como un desincentivo enorme para la promoción del turismo receptivo, ya que los extranjeros prefieren evitar destinos demasiados caros en dólares o euros (especialmente si tienen que afrontar un viaje extenso).

En definitiva: el esfuerzo de decenas de miles de productores, agrónomos, asesores, transportistas, acopiadores, industrias y trabajadores portuarios que contribuyeron a “fabricar” agrodivisas se está despilfarrando para realizar viajes al extranjero.

Por Valor Soja - Bichos de Campo

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