General Agencia Ambiental y Archivos 01/11/2025

Éxito en el proyecto de reintroducción del chinchillón anaranjado: ya nacen nuevas crías en Santa Cruz

Cuatro años después del inicio del programa de translocación, investigadores confirmaron la presencia de tres generaciones de chinchillones anaranjados en el Cañadón Caracoles. La experiencia será modelo para futuras acciones de restauración ecológica en la Patagonia.
chinchillones

En los cañadones del noroeste de Santa Cruz, la vida volvió a moverse entre las grietas y las sombras. Las cámaras trampa que registran el pulso nocturno del Parque Patagonia muestran siluetas ágiles deslizándose sobre las rocas. Son los chinchillones anaranjados, una especie emblemática de la estepa que había desaparecido de muchos paredones y que hoy, poco a poco, recupera su territorio.

Para el equipo que los monitorea desde hace años, cada registro nuevo es más que un dato científico: es una señal de esperanza. “Cada vez que aparece uno en las cámaras sentimos que el paisaje se está curando, de a poco, con ellos”, resume Emanuel Galetto, coordinador del proyecto de conservación.

 De la ausencia al regreso 

El trabajo con esta especie comenzó en 2018, cuando prácticamente no existían registros recientes.
“En aquel momento no sabíamos casi nada de su biología ni de su distribución actual. Había dejado de verse en muchos sitios, incluso donde el ambiente parecía perfecto para que siguiera existiendo”, recuerda Galetto.

Con los relatos de pobladores y las primeras observaciones, el equipo delineó un plan de manejo que combinó investigación y acción directa. En 2020, junto a la Provincia de Santa Cruz, se realizaron las primeras translocaciones: ejemplares fueron trasladados desde el Cañadón Pinturas y la Meseta del Lago Buenos Aires hacia los paredones del Cañadón Caracoles, donde la especie se había extinguido.

Cuatro años después, el esfuerzo da frutos: ya nacieron nuevas generaciones en el sitio y la población se expande de manera natural.

 Lo que muestran los datos

“Hoy tenemos individuos que llevan tres o cuatro años viviendo en esos paredones y que ya tuvieron crías que, a su vez, se reprodujeron. Eso demuestra que se adaptaron y que las condiciones del lugar son adecuadas”, explica Galetto.

El monitoreo con cámaras trampa y collares VHF permitió observar comportamientos hasta ahora desconocidos. “Vimos juveniles desplazarse hasta doce kilómetros entre un paredón y otro. Es un dato inédito, incluso para otras especies del mismo género”, detalla.

También se observó que las hembras tienden a permanecer cerca de su territorio, mientras que los machos jóvenes se dispersan buscando nuevos espacios. Este patrón de movimiento confirma la importancia de la conectividad del paisaje: los chinchillones necesitan una red de islas de roca y vegetación que funcione como corredores naturales.

“Si esos puntos se pierden, las poblaciones quedan aisladas y desaparecen. Por eso, restaurar esa red es tan importante como mover individuos”, advierte el investigador.

Las observaciones también permitieron conocer detalles de su comportamiento.
“Las hembras suelen tener una cría por año, a fines de octubre o en noviembre, y permanecen con ella casi un año. Son animales crepusculares: activos en las primeras y últimas horas del día, y pasan buena parte del tiempo asoleándose o refugiados entre las grietas”, describe Galetto.

Su morfología explica su éxito en este ambiente extremo: patas con almohadillas ásperas para trepar, un pelaje denso que los protege del frío y una conducta social que mezcla independencia y cooperación.

 Ciencia y comunidad 

El proyecto no se limita al ámbito científico. Desde sus inicios, el equipo promueve la participación de la comunidad local.
“Nos interesa que la gente que vive o visita el parque conozca al chinchillón anaranjado y entienda su importancia. Damos charlas en escuelas, trabajamos con jóvenes que pueden convertirse en guías, y tratamos de que este conocimiento se integre al territorio”, explica Galetto.

Hoy, ocho grupos familiares se distribuyen entre diez paredones del Cañadón Caracoles. Ya se trata de la tercera generación nacida en libertad en ese sitio. El monitoreo continúa con el objetivo de consolidar una población autosustentable y replicar la experiencia en otras áreas de la Patagonia.

“Lo que estamos viendo con el chinchillón anaranjado es que la restauración activa funciona. Y eso abre una puerta enorme para la conservación”, concluye el coordinador del proyecto.

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