Hace veinte años. El día que el gas llegó por un caño y cambió la vida de El Calafate

El 19 de agosto de 2006 quedó inaugurado el Gasoducto que conectó Campo Boleadoras con El Calafate. Atrás quedaban la dependencia de los camiones, los zeppelines y el temor de que una nevada o una falla dejara a toda la localidad sin suministro, como había ocurrido en la Semana Santa de 2004. La obra llegó en plena expansión turística y urbana, abrió una nueva etapa y preparó energéticamente a El Calafate para el extraordinario crecimiento de las décadas siguientes. El Archivo Ahora Calafate repasa los antecedentes, lo que se dijo aquel día y como se imaginaba el impacto para la localidad

La llama comenzó a arder durante una tarde fría, pero apacible. En la planta ubicada en el acceso a El Calafate se encendió el mechero que simbolizaba la llegada del gas natural. Aquel gesto breve marcaba el final de una etapa y el comienzo de otra.

Era el sábado 19 de agosto de 2006.

Hasta entonces, una ciudad ubicada en una provincia productora de gas dependía de camiones zepelines que recorrían cientos de kilómetros para abastecer los grandes depósitos de Gas Licuado de Petróleo (GLP) instalados en las afueras de la localidad. Desde allí, el gas era distribuido por las redes urbanas.

A partir de aquella jornada, el combustible comenzó a llegar directamente desde Campo Boleadoras, atravesando 181 kilómetros de estepa patagónica.

La obra fue presentada como la primera etapa del Sistema de Expansión de Gasoductos de la Provincia de Santa Cruz. Había demandado una inversión informada de $192,5 millones, lo que por entonces eran casi USD 64 millones. 

El gasoducto está proyectado para abastecer a una ciudad de hasta 50.000 habitantes. En 2006, El Calafate todavía estaba muy lejos de esa cifra. Pero crecía a una velocidad que obligaba a pensar su infraestructura con varias décadas de anticipación.


La obra del gasoducto a El Calafate

El aeropuerto internacional había sido inaugurado seis años antes. Aumentaban los vuelos, los hoteles, los restaurantes, las viviendas y los nuevos barrios. La llegada de turistas y pobladores encontraba una localidad en permanente transformación, pero también evidenciaba las limitaciones de los servicios existentes.

El gasoducto aparecía como una de las respuestas más esperadas.

Una ciudad que dependía de los camiones

Antes de aquella obra, calefaccionarse en El Calafate había sido siempre una preocupación.

Durante décadas, muchos hogares habían dependido de la leña, el carbón y otros combustibles. Más tarde, a mediados de los '80 durante el Gobierno de Raúl Alfonsín, llegó el gas propano, transportado por carretera y almacenado en grandes zeppelines. El sistema representó un avance, pero seguía condicionado por las distancias, el estado de las rutas, las nevadas y la capacidad de almacenamiento.

Cada invierno persistía el mismo temor a que el mal tiempo impidiera el ingreso de los camiones o que una falla en la planta interrumpiera el suministro.

Ese riesgo había dejado de ser una posibilidad para convertirse en una experiencia concreta apenas dos años antes.

La noche del 8 de abril de 2004, cuando comenzaba el fin de semana de Semana Santa, una caída de presión activó el sistema de seguridad de la planta operada por Camuzzi Gas del Sur. Alrededor de las 21.30, todo El Calafate quedó sin gas.

El corte afectó a los mas de 2.300 usuarios, en momentos en que la localidad registraba una alta ocupación turística. La temperatura descendió hasta los 3 grados bajo cero y hoteles, restaurantes y viviendas quedaron sin calefacción ni posibilidades de cocinar.

La restitución exigió un operativo casa por casa. Algunos domicilios permanecieron más de 15 horas sin servicio. 

Aquella misma noche se encontraba en El Calafate el presidente Néstor Kirchner, quien horas después fue internado de urgencia en el Hospital Formenti por una afección gastrointestinal y trasladado al día siguiente a Río Gallegos. 

Un mes después, el 11 de mayo de 2004 y por orden presidencial, el ENARGAS intervino cautelarmente la operación de Camuzzi y designó provisionalmente a la empresa estatal provincial Distrigas S.A.. El traspaso formal se completó el 28 de mayo de aquel año.

Cuando el gas natural llegó desde Campo Boleadoras, dos años más tarde, la empresa encargada de recibirlo y distribuirlo ya era Distrigas.

Una demanda que no dejaba de crecer

El viejo sistema también mostraba otra limitación: el consumo aumentaba mucho más rápido de lo previsto.

El 19 de abril de 2006, cuatro meses antes de la inauguración, el presidente de Distrigas, Oscar Pierre, informaba en FM Dimensión que las obras avanzaban y que el compromiso era llegar durante julio con gas natural.

En aquellos primeros días fríos de abril, El Calafate había consumido 68 toneladas de GLP en una sola jornada. La localidad tenía asignado un cupo anual de 15.000 toneladas, equivalente a un promedio de aproximadamente 41 toneladas diarias. Pero el crecimiento poblacional, las nuevas inversiones turísticas y las bajas temperaturas llevaban la demanda muy por encima de ese promedio durante los días de mayor consumo.

Oscar Pierre, presidente de Distrigas

El proyecto contemplaba inicialmente una conversión gradual. Un 60% de la población recibiría gas natural y el 40% restante continuaría transitoriamente con GLP. Mientras tanto, Distrigas realizaba un censo de instalaciones y artefactos para organizar el cambio.

La llegada anunciada para julio finalmente se concretó el 19 de agosto.

Una obra de 181 kilómetros

El gasoducto se extendía desde el yacimiento Campo Boleadoras, cerca del paraje La  Esperanza (entonces perteneciente a Petrobras) y recorre paralela a la ruta nacional 40 y luego la RP 11, hasta llegar a la planta de Distrigas situada en el acceso a El Calafate.

La construcción fue realizada por BTU S.A. entre 2005 y 2006. La primera etapa fue financiada, según informó durante el acto el presidente de ENARGAS, en un 80% por la Provincia de Santa Cruz. El 20% restante fue aportado por BTU.

El emprendimiento formaba parte de un programa mayor que preveía llevar gas natural a otras localidades del oeste santacruceño, entre ellas Río Turbio, 28 de Noviembre, Rospentek, Perito Moreno y Los Antiguos.

Para el entonces ministro de Economía y Obras Públicas de Santa Cruz, Juan Bontempo, la obra significaba integración territorial y también un acto de justicia.

“Calafate tiene su gasoducto”, afirmó durante la ceremonia.

AUDIO: Ministro de Economía y Obras Públicas de Santa Cruz - Juan Bontempo - 19-Ago-2006 (FM Dimensión)

Bontempo sostuvo que, después de décadas durante las cuales el desarrollo provincial se había concentrado principalmente sobre la costa, las nuevas inversiones permitían avanzar hacia el sector cordillerano e integrar el territorio santacruceño.

La primera obra con el nombre de Néstor Kirchner

Cinco meses antes de la inauguración, el 23 de marzo de 2006, la Cámara de Diputados de Santa Cruz había aprobado un proyecto para denominar al gasoducto “Presidente Néstor Carlos Kirchner”.

La iniciativa fue presentada por el entonces diputado por el pueblo de El Calafate, Julián Eladio Osorio, quien sostuvo que desde la localidad querían reconocer a quien había impulsado la concreción de la obra. El proyecto fue sancionado con 19 votos afirmativos.

Fue la primera obra pública del país que recibió el nombre de Néstor Kirchner, con la particularidad de que la denominación fue aprobada mientras todavía ejercía la Presidencia de la Nación.

Mucho antes del hospital de El Calafate, del Centro Cultural Kirchner, de las represas hidroeléctricas o del gasoducto construido décadas después desde Vaca Muerta, el primer homenaje había quedado tendido bajo la estepa santacruceña.

Momento previo a la inauguración

El gasoducto llevaba su nombre, pero el mandatario no estuvo en la inauguración. Kirchner se encontraba aquel sábado en Río Gallegos. Las crónicas de la época no informaron los motivos de su ausencia ni registraron otra actividad presidencial pública durante la jornada.

La senadora Cristina Fernández viajó a El Calafate a bordo del avión presidencial T-10 y encabezó el acto en su representación.

En el palco estuvo acompañada por el ministro Juan Bontempo; el ministro de Gobierno, Daniel Varizat; el presidente de ENARGAS, Fulvio Madaro; el intendente Néstor Méndez; el presidente de Distrigas, Oscar Pierre, y el director de Gas y Energía de Petrobras, Joao Becerra de Sousa.

Después del encendido del mechero, la actividad continuó en el gimnasio de usos múltiples del barrio Cerro Calafate. El "Palos Gruesos" también quedó inaugurado aquel día. Numerosas familias y niños ocuparon el edificio, donde más tarde se presentaría la obra infantil El Gato con Botas.

Desde allí, Cristina Fernández defendió la inversión estatal como una herramienta capaz de modificar la vida cotidiana.

La obra pública es profundamente transformadora de la calidad de vida de una sociedad”, afirmó. Van a poder contar con gas seguro, sin el temor de que la nevada se interponga ante el camión y se carezca de gas”.

También afirmó que la obra aportaría sustentabilidad a la inversión privada relacionada con el turismo.

AUDIO: Senadora Cristina Fernández de Kirchner - 19-Ago-2006 (FM Dimensión)

Los discursos se realizaron en el Gimnasio del cerro Calafate ("Palos Gruesos"), también inaugurado ese día. La senadora Cristina F. de Kirchner saluda a vecinos. Se va a don Ramón Soloaga 

En declaraciones posteriores a FM Dimensión, Cristina Fernández describió la contradicción que la infraestructura intentaba corregir: Santa Cruz era productora de gas, pero buena parte de su flanco cordillerano no tenía acceso directo al recurso porque los grandes gasoductos habían sido construidos sobre la costa para transportar el combustible hacia los centros urbanos del norte del país.

Una obra comparable con el aeropuerto

Durante su discurso, el intendente Néstor Méndez comparó el gasoducto con el aeropuerto internacional inaugurado en el año 2000. La comparación no era exagerada.

El aeropuerto había resuelto la conectividad de un destino turístico que comenzaba a proyectarse internacionalmente. El gasoducto eliminaba una de las principales limitaciones para sostener ese crecimiento.

Uno permitía que llegaran más visitantes. El otro hacía posible recibirlos, alojarlos y calefaccionar una ciudad que se expandía rápidamente.

“Un hito para la comunidad”

El presidente de Distrigas no pudo contener las lágrimas durante la ceremonia. Antes del acto, había explicado a FM Dimensión lo que significaba llegar a esa instancia:

“Hemos ido viviendo el proceso en sus distintas etapas: el proyecto, la maduración y esta es una etapa de concreción. Es la parte más linda de todas, ya que es para alegría y beneficio de todos los que viven en esta comunidad”.

Pierre definió la inauguración como “un hito para la comunidad de El Calafate”.

AUDIO: Oscar Pierre - Presidente de Distrigas 19-Ago-2006 (FM Dimensión)

Pero abrir el gasoducto era solamente el comienzo. A partir de la semana siguiente, Distrigas y la empresa Wintime debían iniciar la conversión de más de 3.000 usuarios.

No era posible introducir gas natural en toda la red sin modificar antes cocinas, calefactores, calefones, termotanques y sistemas de regulación. El GLP y el gas natural tenían características y presiones diferentes, por lo que ambos combustibles no podían convivir indefinidamente dentro del mismo sistema.

La localidad fue dividida en seis zonas. El relevamiento previo había revelado otro problema inesperado. Distrigas estimaba que entre el 20% y el 30% de las instalaciones presentaría irregularidades, pero el porcentaje encontrado superó el 75%.

La empresa pidió colaboración y comprensión a los vecinos. Los artefactos no declarados o instalados sin aprobación debían ser clausurados hasta que interviniera un gasista matriculado.

Para facilitar la regularización, el Gobierno provincial ofreció financiar trabajos por hasta $2.200 por usuario (hoy serían $1.100.000), pagaderos en seis cuotas bimestrales junto con la factura. El beneficio alcanzaba a instalaciones residenciales existentes, pero no a nuevas conexiones ni a usuarios comerciales.

La intención era completar la conversión de toda la localidad antes de finalizar 2006. Durante semanas, técnicos y gasistas recorrieron cada sector de El Calafate. Entraron en viviendas, hoteles y comercios. Revisaron instalaciones, cambiaron reguladores, adaptaron cocinas, convirtieron calefactores y rehabilitaron servicios. La transformación ocurrió domicilio por domicilio.

Planta reguladora del gasosucto 

Veinte años después

Para buena parte de quienes hoy viven en El Calafate, abrir una hornalla, encender un calefactor o disponer de agua caliente durante el invierno es un acto cotidiano. Muchos se radicaron en la localidad cuando el gasoducto ya estaba en funcionamiento y conocieron una ciudad en la que el gas natural llegaba directamente por la red.

Es comprensible, entonces, que la obra pase inadvertida.

Sus 181 kilómetros permanecen enterrados bajo la estepa y no forman parte del paisaje urbano. No es un edificio que pueda recorrerse ni un monumento visible. Sin embargo, está presente cada vez que una vivienda, un hotel, un restaurante, una escuela o un hospital necesita calefacción.

Veinte años después, la expansión urbana vuelve a plantear desafíos. La planta reguladora necesita mayor capacidad, todavía existen sectores que esperan conectarse y resulta necesario construir ramales de refuerzo y nuevas redes. La infraestructura que alguna vez pareció sobredimensionada también debe actualizarse frente a una ciudad que no dejó de crecer.

Pero esa necesidad no reduce la trascendencia de la obra inaugurada en 2006. Por el contrario, permite comprender cuánto desarrollo sostuvo durante estas dos décadas.

Quienes llegaron después recibieron como algo natural un servicio que durante muchos años fue limitado, costoso y vulnerable. 

Su impacto permanece en cada invierno. Está en las viviendas que pudieron conectarse, en los hoteles que acompañaron el crecimiento turístico, en los comercios que ampliaron sus instalaciones y en los barrios que fueron incorporándose a la red.

Veinte años después, aquella llama encendida en la entrada de El Calafate representa mucho más que la inauguración de un caño.

Marca el momento en que una ciudad que dependía de camiones comenzó a recibir directamente el gas producido en su propia provincia.


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