“Estamos a la deriva”: pacientes dializados reclaman un cirujano vascular permanente en el SAMIC
Pacientes del Servicio de Hemodiálisis del Hospital SAMIC de El Calafate reclaman que la institución vuelva a contar con un cirujano vascular incorporado de manera permanente a su plantel profesional.
El pedido ya fue planteado formalmente hace casi seis meses, después de la renuncia del doctor Diego Actis, quien se desempeñaba como cirujano vascular del hospital y atendía, entre otras situaciones, las complicaciones relacionadas con las fístulas y los catéteres utilizados para realizar la hemodiálisis.
Apenas se conoció la renuncia de este profesional, los propios pacientes presentaron una carta dirigida a la directora ejecutiva del SAMIC, doctora Zuliani, y al director médico, doctor Fernández. Allí manifestaron su “profunda preocupación” por la salida del especialista y solicitaron que se adoptaran medidas con urgencia.
Según afirmaron a Ahora Calafate, el hospital respondió mediante la contratación de profesionales itinerantes que concurren periódicamente a la localidad. Sin embargo, consideran que esa modalidad no resuelve el problema de fondo.
“Viene un especialista uno o dos días y después se va. Estas emergencias pueden ocurrir en cualquier momento. Una visita al mes no alcanza”, explicó una familiar que acompaña a su marido durante las sesiones.
Las pacientes renales remarcan que resulta de “suma importancia” contar con un cirujano vascular dentro de la institución, debido a que de esa especialidad dependen “el cuidado, control y la resolución de problemas” relacionados con los accesos vasculares.
Entre ellos menciona expresamente a las fístulas arteriovenosas y los catéteres, elementos indispensables para conectar al paciente con la máquina que filtra la sangre durante cada sesión.
“La hemodiálisis es un tratamiento indispensable para nuestra salud y calidad de vida”, señalaron algunos pacientes al hablar con Ahora Calafate. También recordaron que se trata de personas con una enfermedad crónica que dependen de la continuidad y seguridad del procedimiento para su supervivencia.
Advierten que la ausencia de un especialista podía comprometer tanto la continuidad de los tratamientos como “la posibilidad de recibir atención oportuna ante una urgencia”.
Los pacientes aseguran que no obtuvieron una respuesta favorable al pedido central, que era recuperar una atención vascular permanente como la que existía antes de la renuncia de Actis.
De acuerdo con el testimonio aportado a este medio, el servicio atiende a más de 20 pacientes, que concurren los lunes, miércoles y viernes y se distribuyen en dos turnos.
Los pacientes afirman que durante estos meses se presentaron casos de fístulas obstruidas y dificultades con catéteres. Algunos inconvenientes pudieron resolverse, pero otros requirieron procedimientos más complejos o derivaciones.
También señalan que las posibilidades de trasladar a una persona de urgencia no siempre están garantizadas. Según explicaron, cuando una complicación no puede ser atendida en El Calafate tampoco resulta sencillo encontrar una respuesta inmediata en Río Gallegos o Comodoro Rivadavia, por lo que algunos casos pueden terminar derivados a Buenos Aires.
“Estamos solos, a la deriva. No puede ser que ante cada problema tengamos que pensar en una derivación”, resumieron.
Por esa razón el próximo viernes cerca del mediodía se convocaron para expresar su preocupación y reclamar una pronta solución. “Todos tienen distintas situaciones que han vivido por esta falencia. Necesitan que los escuchen”, sostuvo la familiar.
La fístula, un acceso indispensable
La hemodiálisis reemplaza parcialmente la función de los riñones. Durante el procedimiento, la sangre sale del organismo, circula por un filtro incorporado a una máquina y luego regresa al paciente. Para que ese circuito funcione es necesario contar con un acceso vascular capaz de mantener un flujo sanguíneo adecuado.
La alternativa preferida para los tratamientos prolongados es la fístula arteriovenosa, que se crea quirúrgicamente mediante la unión de una arteria y una vena, generalmente en un brazo.
De acuerdo a los especialistas, la fístula es considerada la mejor opción a largo plazo porque permite un mayor flujo de sangre, suele durar más tiempo y presenta menores probabilidades de infección o formación de coágulos.
Sin embargo, puede desarrollar estrechamientos —denominados estenosis— que disminuyen la circulación y favorecen la formación de un trombo. Las caídas importantes de presión o del volumen sanguíneo también pueden contribuir a la obstrucción de un acceso que ya presenta dificultades.
Cuando una fístula se tapa deja de ser utilizable para realizar la diálisis. A partir de ese momento se necesita una evaluación rápida para determinar si puede recuperarse mediante la extracción del coágulo, una angioplastia o una reparación quirúrgica.
La literatura médica especializada recomienda intentar recuperar las fístulas o prótesis obstruidas lo antes posible, idealmente dentro de las primeras 24 a 48 horas, para aumentar las posibilidades de conservar el acceso y evitar la colocación de un catéter.
El mayor riesgo de los catéteres
Cuando la fístula no puede utilizarse y el paciente necesita continuar con la diálisis, puede ser necesario colocar un catéter venoso central en una vena de gran tamaño del cuello, tórax o región inguinal.
El catéter tiene la ventaja de que puede utilizarse inmediatamente, pero presenta mayores riesgos cuando permanece colocado durante períodos prolongados. Puede obstruirse, desplazarse o desarrollar infecciones en el sitio de salida, en su trayecto o directamente en el torrente sanguíneo.
Los catéteres son uno de los principales factores de riesgo de infección en pacientes dializados: las fístulas presentan el riesgo más bajo y los catéteres venosos centrales, el más alto.
Por eso, la preocupación expresada por los pacientes no se limita a la posibilidad de perder temporalmente una sesión. Una fístula inutilizada puede obligar a recurrir a un acceso de mayor riesgo y comenzar una sucesión de procedimientos, internaciones o derivaciones.
El Servicio de Nefrología y Hemodiálisis del SAMIC fue inaugurado en abril de 2016. Su puesta en funcionamiento permitió que pacientes de El Calafate y otras localidades dejaran de trasladarse permanentemente a cientos de kilómetros para acceder al tratamiento.
En 2023, el Colegio Argentino de Cirujanos Cardiovasculares certificó al doctor Diego Actis como especialista en cirugía vascular periférica. En aquel momento integraba de forma estable el plantel del SAMIC y su certificación fue presentada como un avance en el nivel de atención y complejidad del hospital.
Tras su renuncia, comunicada por los pacientes en marzo de este año, esa atención comenzó a cubrirse mediante profesionales itinerantes. Para quienes dependen de una fístula o un catéter para poder dializarse, esa alternativa no resulta suficiente.
Este viernes volverán a hacer público el pedido que presentaron por escrito hace casi seis meses: que el SAMIC recupere una atención vascular permanente y garantice una respuesta oportuna ante complicaciones que pueden comprometer la continuidad de sus tratamientos.