Hace 20 Años. La historia del “avión presidencial de Perón” que El Calafate esperó y nunca llegó

El 18 de octubre de 2006, Un alto oficial de la Fuerza Aérea anunciaba en entrevista con  FM Dimensión el inminente operativo: un histórico Douglas DC-3 sería trasladado desde Córdoba en tres camiones para instalarlo en la vieja pista de El Calafate y convertirlo en museo. Estaba restaurado, pintado y comenzaba a ser desarmado. La inauguración tenía fecha, el 7 de diciembre. El avión jamás llegó. Veinte años después, documentos de la propia Fuerza Aérea permiten saber qué ocurrió y descubrir que tampoco era exactamente el avión presidencial de Juan Domingo Perón que entonces se creía.

El DC-3 que estuvo a punto de ser instalado en El Calafate (Foto S.M. (R) Walter Marcelo Bentancor)

El 18 de octubre de 2006, FM Dimensión estableció comunicación con Río Cuarto. Del otro lado de la línea estaba el vicecomodoro Roberto José Genovés, integrante del Área de Material que la Fuerza Aérea Argentina tenía en esa ciudad cordobesa.

Genovés acababa de regresar de El Calafate. Había visitado la localidad después de casi tres décadas y mantenido reuniones con las autoridades de Ejecutivo Municipal para coordinar una tarea poco habitual. Había que traer un avión.

Y no cualquier avión.

Según explicaba aquel día, se trataba de un Douglas DC-3 que había sido avión presidencial de Juan Domingo Perón y que sería emplazado en el sector de la antigua pista de El Calafate. Cerca de la vieja aeroestación en la que hasta el día de hoy funcionan las oficinas de LADE.

“Estuvimos en reuniones con el Departamento Ejecutivo de la Municipalidad, coordinando las tareas de traslado y futuro emplazamiento”, contaba. Después agregaba un dato que le daba todavía mayor dimensión a la noticia: lo presentaba como “el primer avión presidencial que tuvo el país”. 

La información despertaba interés por sí sola. Pero el operativo que describió durante la entrevista mostraba que el proyecto estaba mucho más avanzado que una intención.

Tres camiones rumbo a El Calafate

La aeronave tenía casi 20 metros de largo y cerca de 29 metros de punta a punta de sus alas.

Para recorrer por tierra los aproximadamente 3.000 kilómetros que separaban Río Cuarto de El Calafate había que desmontarla. El trabajo ya había comenzado.

El fuselaje viajaría sobre un semirremolque. Las alas y partes de la cola irían en otro. Un tercer camión transportaría motores, ruedas y los elementos necesarios para volver a montar el avión.

Fragmento Entrevista al el vicecomodoro Roberto José Genovés, en FM DIMENSION (18/10/2006)

El convoy debía avanzar a apenas 30 o 40 kilómetros por hora, atravesando varias provincias y obteniendo las autorizaciones correspondientes de los organismos viales. Genovés calculaba alrededor de una semana de viaje.

Después comenzaría la segunda parte del operativo. Un equipo de diez mecánicos y montadores de aeronaves del Área de Material Río Cuarto viajaría a El Calafate. Necesitarían alrededor de veinte días para reconstruir el Douglas.

El objetivo estaba marcado en el calendario. 7 de diciembre de 2006, aniversario de El Calafate. Ese día debía inaugurarse. 

Un avión convertido en museo

También estaba elegido el lugar. Genovés hablaba del sector de la antigua aeroestación, junto a la vieja pista y al nuevo boulevard que comenzaba a desarrollarse en esa zona de El Calafate. El avión quedaría instalado y nivelado como si estuviera preparado para despegar.

La Municipalidad recibiría la aeronave en custodia. La Fuerza Aérea conservaría su propiedad. “No es una donación, es una cesión en calidad de custodia”, aclaraba el vicecomodoro en el programa Radio Activa de FM Dimensión.

El proyecto incluía la posibilidad de ingresar al interior. Luis Ibarra Philemón, responsable del Archivo Histórico del Museo local, trabajaría en la recopilación de fotografías sobre la presencia de los Douglas en la Patagonia. Ese material sería exhibido dentro de la propia aeronave.

La idea combinaba monumento y museo. “No va a ser una maqueta”, remarcaba Genovés. Sería un avión completo, con motores, ruedas y su equipamiento. 

Incluso había planes más ambiciosos. El espacio podía complementarse con una capilla dedicada a Nuestra Señora de Loreto, patrona de la Fuerza Aérea, y con el traslado de la estructura del antiguo observatorio astronómico ubicado en La Leona. “Va a ser como un parque temático”, imaginaba aquel día el responsable del operativo.

Vieja aeroestación de El Calafate, actual oficina de LADE

Ya estaba pintado y comenzaban a desarmarlo

Unos quince días antes, el Douglas había sido exhibido completamente armado durante una jornada de puertas abiertas del Área de Material Río Cuarto. Ya estaba restaurado. Ya tenía la pintura con la que sería mostrado en El Calafate.

Y en ese momento los técnicos estaban volviendo a desarmarlo y preparando los elementos necesarios para transportarlo. Genovés describió sus colores. La parte inferior era plateada, una franja azul recorría el fuselaje y la parte superior era blanca. “Prácticamente como la bandera argentina”, resumió. 

El viaje parecía inminente. El propio Genovés cerraba la charla con una mezcla de humor y preocupación por semejante traslado terrestre. “Estamos preparados para volar, no para ir por tierra”.

Y se despedía esperando regresar pronto a El Calafate junto con el avión. 

Eso nunca ocurrió.


¿Qué pasó con el Douglas?

Veinte años después, la respuesta aparece en una investigación publicada por el Departamento de Investigaciones Históricas del Museo Nacional de Aeronáutica.

El trabajo, difundido en 2024, incluye incluso esta fotografía tomada en septiembre de 2006. El epígrafe indica que el avión acababa de terminar su proceso de pintura y alistamiento “para el traslado hacia El Calafate”.

La imagen confirma lo que Genovés contaba por radio pocas semanas después. El proyecto era real. El avión estaba preparado. Y la restauración se había hecho expresamente pensando en su destino patagónico. Pero aquella investigación revela también algo inesperado.

El avión no había sido presidencial de Perón. En realidad, nunca había realizado vuelos presidenciales.

Un avión con una historia diferente

El Douglas que debía viajar a El Calafate era el T-101 de la Fuerza Aérea Argentina.

Había sido construido en Estados Unidos en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, y transferido inicialmente a la Royal Air Force británica.

Terminada la guerra fue transformado para transporte de pasajeros y en noviembre de 1946 fue adquirido por el Gobierno argentino.

Su primera matrícula civil aquí fue LV-ACF y recibió el nombre “Norteño”. Voló para ZONDA (Zonas Oeste y Norte de Aerolíneas Argentinas), una de las compañías que posteriormente dieron origen a Aerolíneas Argentinas.

Este dato también corrige otro recuerdo transmitido en la entrevista de 2006. Genovés hablaba de servicios para Aeroposta, pero la investigación histórica del Museo identifica a ZONDA como la empresa que operó esa aeronave.

En 1950 el “Norteño” pasó a integrar la flamante Aerolíneas Argentinas. Más tarde comenzó una segunda vida completamente diferente.

De avión de pasajeros a ambulancia aérea

En 1962, el Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública compró el Douglas. Fue acondicionado como avión sanitario y bautizado “Ministro Tiburcio Padilla”.

Cinco años después pasó a la Fuerza Aérea. Allí fue utilizado para evacuaciones sanitarias, entrenamiento y transporte de pasajeros y personal. Finalmente recibió la matrícula con la que sería conocido durante buena parte de su etapa militar, T-101. 

Su historia todavía guardaba capítulos mucho más intensos. Durante la crisis del Beagle de 1978, ayudó al desplazamiento de personal y unidades hacia el sur del país.

Y en 1982, durante la Guerra de Malvinas, fue incorporado al Escuadrón Fénix. Cumplió tareas de transporte, observación, patrullaje costero y otras misiones de apoyo. 

Y hasta tuvo una aparición inesperada: en 1989 participó de la filmación de “Highlander II”, película que rodó varias de sus escenas en Argentina. 

El veterano Douglas fue retirado definitivamente del servicio a fines de 1990. Después de varios años almacenado, en 2001 terminó en Río Cuarto.

Allí comenzaría el capítulo que lo vincularía con El Calafate.

¿Por qué entonces parecía un avión presidencial?

La explicación está en 2005. Por entonces el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea era el brigadier general Eduardo Schiaffino (foto). Durante su gestión tomó forma la iniciativa de colocar un Douglas DC-3 como pieza histórica en El Calafate.

La investigación del Museo Nacional de Aeronáutica cuenta que, durante una conversación entre Schiaffino y el historiador aeronáutico Vladimiro Cettolo, surgió una idea.

El avión podía ser presentado con apariencia presidencial. Cettolo aportó fotografías de otro Douglas, el LQ-GJT “Independencia”, y sobre esas imágenes trabajó el Área de Material Río Cuarto. 

Entre 2005 y septiembre de 2006, el viejo T-101 fue restaurado y pintado para representar a aquel avión presidencial.

Ahí está el origen de la apariencia que Genovés describió durante la entrevista. Pero todavía queda otro giro.

El verdadero “Independencia” tampoco era el avión de Perón El auténtico LQ-GJT “Independencia” había pertenecido a la Armada antes de ser cedido para uso presidencial. Ingresó al servicio de Presidencia en 1960.

Y los presidentes que efectivamente viajaron en él fueron Arturo Frondizi, José María Guido y Arturo Illia. Inclusive a bordo de este avión, Illia realizó una gira en mayo de 1966 a Santa Cruz, dejando inaugurado el puente sobre el río Santa Cruz, en la localidad de Piedra Buena

Es decir, el avión preparado para El Calafate tenía una identidad prestada. Era un Douglas histórico auténtico, pero lo habían restaurado para que pareciera otro Douglas.

Y aquel otro Douglas sí había sido presidencial, aunque durante la década de 1960 y no durante los gobiernos de Juan Domingo Perón.

La investigación del Museo es categórica al describir al T-101 que hoy conserva en su colección. Su trayectoria fue extraordinaria, pero “no con vuelos presidenciales precisamente”.

El cambio que dejó el proyecto en tierra

Todavía faltaba responder la pregunta principal. ¿Por qué un avión que ya estaba restaurado, pintado, desarmándose y con fecha de inauguración nunca tomó la ruta hacia El Calafate?

La respuesta vuelve a llevarnos a Eduardo Schiaffino. El Museo Nacional de Aeronáutica reconstruye que fue durante su conducción cuando se formalizó el proyecto.

Schiaffino conocía además a las autoridades de El Calafate por su anterior paso por la Región Aérea Sur, algo que Genovés había mencionado durante la entrevista con FM Dimensión. 

El 6 de noviembre de 2006, apenas 19 días después de aquella charla radial, el panorama cambió.

El epresidente Néstor Kirchner designó mediante el Decreto 1577/06 al brigadier Normando Costantino como nuevo jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea. Schiaffino dejó el cargo y pasó a retiro. 

La investigación histórica de la propia Fuerza Aérea vincula directamente ambos acontecimientos. Cuando el Douglas estaba desarmado y listo para viajar hacia el sur, señala el Museo, Schiaffino fue reemplazado y el proyecto quedó sin concretarse.

Cinco años esperando otro destino

El T-101 permaneció desarmado en Río Cuarto. Pasaron más de 5 años y el avión que debía haberse instalado en El Calafate seguía esperando una definición. Finalmente, en mayo de 2011 apareció otro destino.

Fue trasladado al Museo Nacional de Aeronáutica, en Morón, donde volvió a ser armado y quedó incorporado a la colección permanente. Allí continúa exhibido con la apariencia del LQ-GJT “Independencia” que había recibido precisamente durante los trabajos realizados para enviarlo a El Calafate. 

La pintura que hoy ven quienes visitan el Museo es, por lo tanto, una huella de aquella historia inconclusa.

El museo que tampoco llegó a existir

La caída del traslado dejó también en el camino una propuesta más grande. En octubre de 2006 se pensaba que el Douglas podía convertirse en el centro de un pequeño paseo temático sobre la historia aeronáutica y científica de la región.

El avión sería visitable.  Cerca se proyectaban la capilla de Nuestra Señora de Loreto y, según Genovés, la posibilidad de sumar la estructura del observatorio astronómico de La Leona.  Nada de aquello terminó materializándose de esa manera.

Pero la idea de colocar un DC-3 sobre la antigua pista tenía un significado especial para El Calafate. Ese tipo de aeronave había formado parte durante años de la historia de las comunicaciones aéreas patagónicas, cuando llegar hasta estas localidades implicaba vuelos muy diferentes a los actuales.

El avión que iba a convertirse en museo también tenía una historia propia digna de ser contada. Había nacido durante la Segunda Guerra Mundial. Había sido ambulancia aérea. Había apoyado despliegues militares en el sur. Había integrado el Escuadrón Fénix durante Malvinas. Hasta había aparecido en una película. Sólo había una cosa que nunca había hecho. Llevar a Perón.

Foto S.M. (R) Walter Marcelo Bentancor)

El avión que tomó otro rumbo

Aquel 18 de octubre de 2006, Roberto Genovés terminó su entrevista esperando volver pronto a El Calafate.

Su destino cambió pocas semanas después y quedó detenido durante casi cinco años hasta que finalmente tomó otro camino, rumbo a Morón.

Y esa pintura permanece hoy sobre su fuselaje, en un museo a más de 2.000 kilómetros del lugar donde, durante unas pocas semanas de 2006, parecía destinado a aterrizar para siempre.


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