Un calafateño alcanzó los cuatro puntos extremos de Argentina y busca dejar registro de su hazaña
Alejandro Capelli, guía de turismo y fotógrafo de naturaleza de El Calafate, completó una extraordinaria travesía por los cuatro puntos extremos cardinales de Argentina, un desafío que comenzó en 2024 y que culminó en septiembre de este año con una expedición al Campo de Hielo Patagónico Sur. La iniciativa, denominada Puntos Extremos Cardinales de Argentina, nació de una inquietud geográfica y del deseo de explorar territorios remotos, documentar los recorridos y comprobar si existían antecedentes de una experiencia similar.
“Yo daba clases en el CES, en el Terciario de Turismo, daba clases de geografía y muchas veces, en el marco de la presentación de Argentina, repasaba los límites del país y también los puntos extremos cardinales”, recordó sobre el origen de la iniciativa. Lo que comenzó como parte de sus clases se transformó en una investigación personal. A través de mapas, imágenes satelitales y consultas en internet, empezó a estudiar las ubicaciones de cada punto y las posibilidades reales de llegar hasta ellos.
“Desde la curiosidad, desde la exploración, el deseo de explorar, fue surgiendo investigar y ver en concreto qué tan accesibles realmente eran los otros puntos”. A esa inquietud se sumó otra pregunta: si alguien había logrado completar antes el recorrido y si existía documentación que lo acreditara. “Me surgió la idea de unir, acceder, registrar, documentar esos puntos”, señaló.
El desafío comenzó en julio de 2024 en Bernardo de Irigoyen, Misiones, localidad que marca el extremo oriental del territorio argentino. Capelli realizó el viaje junto a su hija Lucía y aprovechó la oportunidad para recorrer la zona, reconocer los mojones y observar los hitos que señalan el límite internacional. “Era el más accesible: era acceder a la localidad, recorrer, buscar, ver los mojones, los hitos que van marcando el límite”, relató.
La segunda etapa llegó en julio de 2025, durante un viaje al norte argentino. Desde El Angosto, una localidad alejada de las principales rutas de la región, emprendió una caminata de aproximadamente 20 kilómetros para alcanzar el extremo norte.
En marzo de 2026 llegó el turno del extremo sur. Aprovechando su trabajo como guía de turismo en Ushuaia, organizó junto al colega Esteban Daniels una travesía de unos 40 kilómetros, entre ida y vuelta, hasta Cabo San Pío, en la península Mitre, Tierra del Fuego.
Capelli describió el lugar como una zona de paisajes extraordinarios, con bosques de coihues y canelos, además de las aguas transparentes del canal Beagle. Sin embargo, destacó también el contraste entre los distintos puntos geográficos y las particularidades que presentaba cada uno.
Para completar el proyecto restaba el extremo oeste, ubicado relativamente cerca de El Calafate, aunque en un entorno de acceso mucho más complejo: el Campo de Hielo Patagónico Sur.
La expedición estuvo integrada por Capelli, el guía de montaña Juan Saldívar y Emanuel Villalba, también apasionado por las actividades de montaña. La ventana de buen pronóstico meteorológico coincidió con la posibilidad de trasladarse en embarcación hasta la zona prevista para comenzar la travesía.
“Necesitaba una logística completamente diferente, necesitaba acceder hasta un punto, de alguna forma necesitaba un traslado lacustre”, explicó Capelli, quien también destacó la importancia de cumplir con los procedimientos y las reglamentaciones de Parques Nacionales.
El recorrido se desarrolló entre el glaciar Upsala y el sector de Bahía Onelli, en un territorio remoto y de gran complejidad geográfica. Uno de los aspectos más significativos fue que parte del área atravesada figura como inexplorada y registra antecedentes de exploraciones realizadas en la década de 1960.
Según relató, los hermanos Svarka habían visitado la zona en 1966, cuando exploraron sectores cercanos al glaciar Agassiz y escalaron distintas cumbres. Desde entonces, las condiciones del terreno y de los glaciares cambiaron, por lo que la expedición demandó especial atención y una planificación cuidadosa.
“Fue increíble desde todo punto de vista”, expresó al recordar la travesía. El equipo debió combinar el análisis previo de posibles rutas con la evaluación permanente de las condiciones que encontraba durante la marcha. No alcanzaba con seguir un itinerario trazado de antemano: era necesario determinar sobre el terreno qué sectores podían atravesar con seguridad.
“Estábamos en un área sumamente remota y compleja de acceder”. El acceso al campo de hielo se realizó bordeando el cerro Kennedy. Una vez allí, la navegación se apoyó en coordenadas geográficas y dispositivos GPS, ya que no había referencias visibles que permitieran identificar con precisión el punto buscado.“Íbamos con coordenadas porque no hay una referencia más que una coordenada que tenés que tener un GPS”, explicó.
La particularidad del extremo oeste es que llegar a las coordenadas establecidas implica alcanzar un punto geográfico en el que la frontera internacional se encuentra prácticamente a un paso. Capelli señaló que una situación semejante se presenta en otros extremos, aunque con características diferentes según el paisaje y la ubicación.
Tras completar las cuatro etapas, Capelli se propone ahora presentar la información y las evidencias ante el Instituto Geográfico Nacional, organismo que utilizó como referencia para determinar las coordenadas de cada punto extremo. Su intención es aportar fotografías y registros que permitan evaluar formalmente la travesía y establecer si existen antecedentes documentados de una expedición que haya alcanzado esos lugares.
“Mi idea sería, a través del IGN, brindar la información, mostrar justamente las fotografías, evidencias de haber estado en ese punto y posiblemente consideren certificarlo de alguna manera”, afirmó durante la entrevista. Ante la posibilidad de convertirse en la primera persona en completar y documentar el recorrido, el guía fue cauto, aunque manifestó que hasta el momento no encontró información que demuestre lo contrario.
La travesía también tuvo una particularidad: en ninguno de los puntos se dejaron objetos, banderas ni marcas de presencia. Capelli aclaró que no corresponde dejar vestigios en esos entornos, por lo que el registro fotográfico y la documentación constituyen las principales evidencias de su paso.
Con las cuatro etapas completadas, Alejandro Capelli busca ahora que el recorrido quede registrado formalmente. La certificación, si llega a concretarse, permitiría respaldar una experiencia que combina exploración, conocimiento geográfico, fotografía y montañismo, y que tuvo como escenario final uno de los territorios más remotos de la Patagonia.