
Desde El Calafate se pudo disfrutar de una Luna casi totalmente eclipsada
Guillermo Pérez Luque
Las nubes amenazaban con ocultar el espectáculo. Durante buena parte de la jornada del jueves, el pronóstico meteorológico para El Calafate indicaba una importante cobertura nubosa para las horas en que estaba previsto uno de los fenómenos astronómicos más destacados del año.
Pero esta vez el cielo colaboró. A medida que avanzó la noche, las nubes comenzaron a retirarse como si se corriera un telón y la Luna llena quedó expuesta sobre el cielo de El Calafate. Así, quienes siguieron el fenómeno pudieron observar cómo, lentamente, la sombra de la Tierra comenzó a avanzar sobre su superficie.


El fenómeno pudo observarse especialmente bien desde América. En su punto máximo, aproximadamente el 96,2% del disco lunar quedó dentro de la umbra, la región más oscura de la sombra proyectada por nuestro planeta.
Una Luna casi completamente dentro de la sombra
Un eclipse lunar ocurre cuando el Sol, la Tierra y la Luna se alinean, con nuestro planeta ubicado entre los otros dos astros. La Tierra impide entonces que la luz solar llegue directamente a la Luna y proyecta sobre ella su propia sombra.
En esta oportunidad la alineación no fue absolutamente perfecta. Por eso el eclipse se clasifica como parcial y no total: una pequeña franja de la Luna permaneció fuera de la zona más oscura de la sombra terrestre.
Pero fue por muy poco. En El Calafate, el momento culminante se produjo a la 1:13 hs de la madrugada de este viernes 28 de agosto.
Fue entonces cuando quedó apenas una pequeña porción directamente iluminada, mientras prácticamente todo el resto del disco lunar se oscureció y adquirió tonalidades rojizas y cobrizas.

¿Por qué la Luna se pone roja?
A simple vista podría pensarse que cuando la Tierra se interpone completamente entre el Sol y la Luna, nuestro satélite debería desaparecer en la oscuridad.
Pero no ocurre así por una razón: la atmósfera terrestre. Una pequeña parte de la luz del Sol atraviesa las capas de nuestra atmósfera y se curva hasta alcanzar la superficie lunar. Durante ese recorrido, las longitudes de onda más cortas (principalmente azules y violetas) son dispersadas con mayor facilidad. En cambio, la luz roja y anaranjada consigue atravesar mejor la atmósfera y termina iluminando la Luna.
Es básicamente el mismo fenómeno que explica por qué los amaneceres y atardeceres terrestres pueden verse rojos o anaranjados.
Por eso el color puede variar entre anaranjado, cobrizo, rojo oscuro e incluso marrón, dependiendo también de las condiciones que presenta la atmósfera terrestre en ese momento.







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