
Cerro Frías: 24 años de historia y una apuesta por nuevas experiencias
Guillermo Pérez Luque
Cerro Frías cumplió este mes 24 años como emprendimiento turístico y se encamina hacia su primer cuarto de siglo atravesando un proceso que combina crecimiento, nuevas propuestas y una transición generacional.
Durante la Feria Internacional de Turismo 2026, Ahora Calafate dialogó con Alejandro y Matías Bárcena, padre e hijo, sobre la evolución de una empresa que nació a comienzos de este siglo y que hoy ofrece distintas alternativas de turismo aventura dentro de Estancia Alice.
Ubicado a unos 23 kilómetros de El Calafate, camino al glaciar Perito Moreno, Cerro Frías permite realizar actualmente excursiones en vehículos 4x4, trekking, cabalgatas y tirolesa. Su ubicación ofrece amplias vistas del entorno patagónico y combina turismo de aventura con la actividad rural de la estancia.
Pero detrás de esas excursiones también hay una historia empresarial y familiar que está ingresando en una nueva etapa.
De empezar nuevamente a cumplir 24 años
Alejandro Bárcena recordó que su relación con la estancia y la actividad comenzó incluso antes de la creación formal de Cerro Frías.
“Yo estoy desde el año 94, cuando empecé con el galpón, el casco de la estancia. Hicimos un emprendimiento con un socio y cuando eso lo vendimos medio como que había que empezar de vuelta”.
Ese nuevo comienzo llegó en 2002.
“En agosto de 2002 empecé de vuelta con los pocos clientes que me siguieron y bueno, ya pasaron 24 años”.
Mirando aquella etapa desde el presente, Bárcena remarcó el esfuerzo que significaba desarrollar un producto turístico cuando El Calafate todavía tenía una estructura muy diferente a la actual.
“Trato a veces de explicarle a Mati, que es mi hijo, lo que era en esa época iniciar un producto. Él ya lo ve consolidado, pero la verdad que es mucho esfuerzo, muchos años de meter y meter”.
Cerro Frías cumplió los 24 años el pasado 5 de septiembre y ya comenzó la cuenta regresiva hacia el 25º aniversario.
Una nueva generación
Parte de esa evolución está representada por la incorporación de Matías Bárcena, tercera generación de la familia vinculada con Estancia Alice.
Es un proceso que también comienza a observarse en otros emprendimientos turísticos de El Calafate: empresas nacidas durante las primeras etapas del gran crecimiento turístico de la localidad en las que los hijos empiezan a asumir mayores responsabilidades e incorporar nuevas miradas.
Alejandro lo describió con naturalidad:
“Gracias a Dios en Calafate somos varios que hemos tenido la suerte de que tu hijo te acompañe. En mi caso me supera, en turismo me supera”.
Mientras Alejandro mantiene una relación especialmente vinculada con el campo y la actividad productiva, Matías fue tomando mayor protagonismo en el desarrollo turístico.
“Él está mejorando los productos. Igualmente yo, al darle tanto cuidado al campo, también mejoro el producto, porque es todo complemento”.
Y agregó:
“En lo particular muy contento de ver cómo mi hijo viene atrás empujando, y mejor que uno, con más ánimo, con más fuerza”.
La transición no supone abandonar lo construido, sino incorporar nuevas propuestas sobre esa base.
Ya no alcanza solamente con mirar el paisaje
Ese cambio generacional coincide además con una transformación en la manera de viajar.
Matías Bárcena explicó que el visitante busca cada vez más experiencias, y no únicamente trasladarse hasta un punto panorámico para observar el paisaje.
“Hoy ya no es solamente el ir y subirse un vehículo y ver los paisajes, sino también que la gente se interesa en conocer sobre el lugar, la cultura, lo que hacen”.
Eso obligó a modificar también la manera de desarrollar las excursiones.
Uno de los cambios fue profundizar la información que reciben los pasajeros durante cada actividad, incorporando historia, cultura y características productivas del establecimiento.
“Lo trabajamos mucho desde el lado de mejorar lo que tiene que ver con el speech y todo lo que se le comenta al turista: comentarle sobre la historia, sobre cómo se formaron las cosas”.
Una estancia que también forma parte de la experiencia
Cerro Frías está dentro de Estancia Alice, cuya historia también pasó a formar parte del producto turístico.
Matías contó que los primeros planos de la estancia datan aproximadamente de 1939 y que su familia adquirió el establecimiento en 1986.
“La familia actual, que es la Bárcena, yo soy la tercera generación. La estancia la compró mi abuelo en el año 1986, donde no había nada”.
La actividad turística convive actualmente con la ganadería y con un proyecto agrícola desarrollado durante la última década.
Para Matías, esa combinación también genera un atractivo para quienes visitan el establecimiento.
“Todo eso se combina con el turismo, la ganadería y genera una experiencia de un día de campo muy importante para el turista que viene de afuera, conectar realmente con la cultura y todo lo local”.
Alejandro agregó que el trabajo cotidiano del campo termina enriqueciendo la propia excursión. Mencionó la presencia de guanacos, choiques y otra fauna, además del interés que despierta conocer cómo funciona la producción agropecuaria en las condiciones de la Patagonia austral.
“A la gente que nos visita le llama la atención cómo es la explotación agropecuaria, qué es lo que se hace, además del turismo, además de la experiencia que ellos viven turísticamente”.
Más actividades y mayor capacidad
La adaptación a esas nuevas demandas también se refleja en inversiones.
Matías detalló que Cerro Frías dispone durante la temporada alta de cuatro actividades principales y que desde la temporada pasada incorporó una propuesta de trekking de jornada completa.
“Iniciamos un producto nuevo que es un trekking de día completo, un super trekking, que fue una novedad la temporada pasada, ya que hoy en día la gente está haciendo muchas actividades al aire libre”.
La empresa también incrementó la capacidad de su flota de vehículos 4x4, que actualmente supera los 100 lugares, y está realizando reformas en uno de sus quinchos para recibir a una mayor cantidad de pasajeros.
El objetivo, explicaron, es continuar mejorando los productos sin perder aquello que distingue al lugar: la posibilidad de combinar aventura, paisaje, campo e historia local en una misma experiencia.
Expectativas para la temporada
De cara a los próximos meses, padre e hijo expresaron expectativas positivas.
Matías señaló que esperan “una temporada muy buena”, mientras Alejandro fue algo más moderado, principalmente por el comportamiento del mercado nacional.
“Creo que esta temporada va a ser buena, igual que la pasada, pese a la ausencia del argentino por el mal momento que está pasando en la economía argentina”.
Sin embargo, sostuvo que las reservas que ya registra la empresa permiten mantener una perspectiva favorable.
“En lo que respecta a Calafate y en lo que vemos nosotros como reservas, creo que vamos a andar medianamente bien”.
A las puertas de sus 25 años, Cerro Frías llega así a una nueva temporada con mayor capacidad, nuevas actividades y una segunda generación que empieza a asumir un rol cada vez más importante.
Un proceso que coincide con la transformación del propio turismo: el paisaje sigue siendo el gran atractivo, pero cada vez más visitantes quieren también conocer la historia del lugar, comprender cómo se vive allí y llevarse una experiencia que vaya más allá de la fotografía.







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