Entrevistas Por: Hector Lara07/08/2024

Ángela Girometti: la visión y proyección de una empresa familiar

María Ángela Girometti, nació en Pésaro, Italia, y siendo niña emigró con sus padres a la Patagonia Argentina, donde se radicaron finalmente en Rio Gallegos y en El Calafate donde hoy en día es socia fundadora del Hotel Posada Los Álamos. En ENTRAMANDO por FM Dimensión hicimos un repaso desde su llegada al país, la vida del inmigrante de la posguerra y como proyectaron junto a su marido una familia y una empresa pionera.

Ph: web Posadalosalamos.com

Ángela Girometti - Parte 1- Entramando con Toia Ibáñez

Ángela Girometti - Parte 2- Entramando con Toia Ibáñez

En un contexto mundial revuelto por el paso de la Segunda Guerra Mundial, en 1947 llega junto a su familia en barco, junto a otras 80 familias desde Italia a la provincia de Santa Cruz. “Vino mi papa en un acuerdo de Perón con Mussolini. Perón contrató gente de oficio, mi papa era albañil, carpintero y chofer, y eligió vivir en Rio Turbio, donde empezaron a explotarse las minas, donde el carbón Iba a San Nicolás, Europa o se consumía ahí”. Argentina en ese año era comenzada a considerase potencia en el mundo.

 “La ilusión era que íbamos a llegar a un lugar con una ciudad de sueños con escuelas, casas…” enlista Ángela, ante el contraste de encontrarse con su familia en una ciudad aun no constituida, sin escuela, iglesia y una pequeña proveeduría, pero lo que recuerda de voz de su padre es que estas tierras le ofrecían la paz que en Europa aún no llegaba del todo.

Ángela y su padre en Italia

En agosto de 1948 se mudan a la ciudad de Rio Gallegos, y la familia “El primer italiano que llegó a Rio gallegos” afirma Ángela sobre su padre, quien entonces decidió poner una pensión, y donde su madre bajo el rol de ecónoma estuvo a cargo de la cocina. Allí pudo escolarizarse y formarse como maestra en el colegio María Auxiliadora “Me recibo entre las primeras maestras normales de título nacional que se inició en el 63”.

Ángela coincide con otras entrevistadas en el ciclo radial, sobre el rol y figura de las maestras en décadas pasadas, en contraposición a como se perciben hoy en día, siendo muy valoradas y respetadas. “En ese momento ser maestra era un privilegio como mujer, una salida con gran función que era continuar con esa maternidad y desempañar una labor educativa. En una ciudad donde empezaba el desarrollo cultural, había mucho por hacer”.

Recuerda con mucho cariño su juventud en Rio Gallegos, entre la casa, la escuela, la iglesia y las amigas, hasta que un viaje al Lago Roca en el año 61, acompañada de un numeroso grupo de personas que la trae a conocer “el ventisquero”, como se lo conocía entonces al Glaciar Perito Moreno, conoce a quien fuera su esposo, Héctor Mario Guatti.

 Como matrimonio le dedican gran parte de su tiempo a viajar conociendo distintos lugares en el mundo “buscando algo que supere al glaciar”, conforma su familia con tres hijos varones y ya entrada la democracia, nos cuenta “Teníamos que emprender algo como familia,  Héctor Mario me dice qué te gustaría hacer, Haceme un hotelito”, le responde Ángela a través de la memoria de sus padres y porque también ella era capaz de hacerse cargo.

Inauguración con las 4 habitaciones

Así surge la Posada Los Álamos, con 11 habitaciones, apenas una fracción de las 144 que mantienen hasta la fecha. “Traíamos el cemento, la cal, los inodoros de Gallegos, acá no había nada, no se entendía que iba a ser un volcán que traería el desarrollo de hoy en día”, relata al haber podido ver el potencial de El Calafate como punto turístico, en ese entonces con turistas de Japón, Italia, Francia y Alemania que hicieron punta en lo que hoy es un destino visitado por todo el mundo.

En ese entonces la hostelería tenía otro ritmo y otras demandas "Era divertido, abrías a la hora que llegaba el colectivo aproximadamente. Esperabas a la gente con una atención, se saludaba uno por uno, se lo llevaba uno por uno a la habitación. Solo querían un baño, una cama y mucho silencio", recuerda de un rubro que hoy es mucho más demandante y exige estar a la altura.

“Para mi recorrer Posada los Álamos es recordar cada ladrillo, como ha sido puesto. No hay metro cuadrado que se haya construido sin que esté presente”, declara con orgullo tras haber no solo atestiguado, sino que acompañado cada una de las ampliaciones desde los cimientos hasta hoy. “Amamos la Patagonia, mis hijos lo evidencian, todos se volvieron para acá. Calafate es un remanso de paz”, lugar que aún la inspira y le mantiene la inquietud de no perder la oportunidad de querer crear y hacer cosas.

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