Por: Guillermo Pérez Luque28/06/2026

Santa Cruz concentra la mayor red de áreas protegidas forestales del país, y un estudio demuestra su efectividad

Investigadores argentinos analizaron 103 bosques de Santa Cruz y comprobaron que los ubicados dentro de parques y reservas presentan una estructura más saludable, mejores suelos y menor impacto humano que los de campos privados. Aunque destacan su efectividad, advierten que la conservación también depende del manejo del territorio que rodea a estas áreas.

Foto: Ramón Muñoz

Santa Cruz alberga la mayor concentración de áreas protegidas sobre paisajes forestales de la Argentina, y una investigación científica internacional acaba de aportar evidencia de que esa red de conservación cumple un papel fundamental para preservar los bosques nativos.

El estudio, publicado en la revista científica Land, comparó 103 sectores de bosques de ñire (Nothofagus antarctica) distribuidos en toda la provincia y concluyó que los ubicados dentro de parques nacionales y reservas provinciales presentan un mejor estado de conservación que aquellos localizados en campos privados. La investigación fue desarrollada por especialistas del CONICET, INTA, la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA), entre otras instituciones.

Figura . Mapa del área de estudio que identifica las parcelas de muestreo (puntos) clasificadas según la tenencia de la tierra (puntos violetas: áreas protegidas; puntos naranjas: zonas de amortiguamiento en tierras privadas; puntos rojos: tierras privadas). También se muestran las áreas con bosques (verde claro: bosques de Nothofagus antarctica o ñire; verde oscuro: otros tipos de bosque), las áreas protegidas (violeta), la franja de amortiguamiento de 15 kilómetros (naranja) y los lagos (celeste). A: norte de Santa Cruz; B: centro de Santa Cruz; C: sur de Santa Cruz.

La investigación incluyó bosques presentes en los parques nacionales Los Glaciares, Patagonia y Perito Moreno, además de las reservas provinciales Lago del Desierto, Península Magallanes, Punta Gruesa, San Lorenzo y Tucu-Tucu.

Los autores recuerdan que Santa Cruz cuenta con 52 áreas protegidas, la mayor cantidad del país dentro de paisajes forestales, aunque advierten que solo el 16 % de la superficie ocupada por los bosques de ñire se encuentra efectivamente protegida.

El estudio aporta una base científica sólida para respaldar una idea que durante años sostuvo la comunidad ambiental: los parques nacionales y las reservas provinciales son herramientas eficaces para conservar los ecosistemas, pero su éxito también depende de lo que ocurre más allá de sus límites administrativos.

¿Por qué son importantes los bosques de ñire?

El ñire es una de las especies arbóreas más características de la Patagonia austral y ocupa alrededor de 1.700 kilómetros cuadrados en Santa Cruz.

Además de constituir un hábitat para numerosas especies, estos bosques cumplen funciones ambientales esenciales: protegen los suelos, almacenan carbono, regulan el ciclo del agua y aportan recursos para actividades productivas, principalmente la ganadería y el aprovechamiento forestal.

Precisamente por esa doble función (ambiental y productiva) resulta fundamental conocer si las áreas protegidas realmente cumplen el objetivo para el cual fueron creadas.

Bosques más altos, más sanos y con mejores suelos

Para responder esa pregunta, los investigadores compararon bosques ubicados en tres situaciones diferentes: dentro de áreas protegidas; en una franja de 15 kilómetros alrededor de ellas; y en campos privados alejados de los parques.

En total evaluaron 38 variables, entre ellas la estructura del bosque, la regeneración natural, la calidad del suelo, la presencia de ganado, los efectos del fuego y las intervenciones forestales.

Los resultados fueron contundentes: Los bosques protegidos obtuvieron los mejores indicadores de conservación, presentando árboles más altos, mayor cobertura de copas, mayor volumen de madera, mejor vigor y una estructura más cercana a la de un bosque natural maduro. También registraron suelos menos compactados, con mayor humedad y mejores niveles de carbono orgánico, condiciones fundamentales para mantener la biodiversidad y la resiliencia frente al cambio climático.

Como resumen de los resultados, los investigadores señalan que "las áreas protegidas fueron claramente diferentes de las tierras privadas".

Menor presión del ganado

Otro de los aspectos analizados fue el impacto del uso ganadero. El estudio detectó que dentro de parques y reservas existe una menor presión del ganado doméstico sobre la vegetación, permitiendo un mejor desarrollo del sotobosque y de los renovales de ñire.

En cambio, los campos privados mostraron una mayor compactación del suelo y una mayor presión derivada del uso productivo, factores que terminan afectando la capacidad natural del bosque para regenerarse.

Los incendios siguen siendo una amenaza

A pesar de los buenos resultados obtenidos por las áreas protegidas, los científicos advierten que la existencia de un parque o una reserva no elimina todos los riesgos.

El estudio detectó evidencias de incendios, aprovechamiento forestal y presencia de ganado incluso dentro de algunas áreas protegidas. En muchos casos esos impactos ocurrieron antes de la creación de los parques, aunque sus efectos todavía permanecen en el paisaje.

Además, remarcan que numerosos incendios se originan fuera de los límites de las áreas protegidas, lo que pone de manifiesto la importancia de manejar adecuadamente también los campos vecinos.

La conservación va más allá de los límites de un parque

La principal conclusión del trabajo es que las áreas protegidas funcionan y cumplen un papel esencial para conservar los bosques de ñire de Santa Cruz.

Sin embargo, los investigadores sostienen que la protección no puede limitarse únicamente al interior de parques y reservas.

"Siguen siendo necesarias acciones sostenidas para excluir el ganado, regular el aprovechamiento forestal y mejorar el manejo del fuego como parte de una planificación sustentable del paisaje".