El Día del Lector tuvo su encuentro en El Calafate de la mano del Club de Lectura Pop
La jornada a nivel nacional busca reconocer la figura de uno de los escritores argentinos más importantes de la literatura universal, pero también poner en valor a quienes encuentran en los libros una herramienta para pensar, conocer, imaginar y comprender el mundo.
En El Calafate, esa celebración tuvo una expresión colectiva a través del Club de Lectura Pop, una propuesta que invita a encontrarse una vez al mes para conversar sobre un libro, sin solemnidad, sin exámenes y sin necesidad de ser especialista. El espacio propone acercarse principalmente a la literatura contemporánea, con autores y autoras que están vivos, escribiendo, enseñando, viajando y dialogando entre sí. La fecha mensual funciona además como un incentivo para recuperar o fortalecer el hábito lector y mantener un ritmo de lectura.
La dinámica de los encuentros combina la lectura con la conversación y el intercambio. Mates y merienda acompañan las reuniones en las que aparecen interpretaciones, impresiones, preguntas, acuerdos y desacuerdos sobre cada obra, muchas veces atravesados también por referencias a la cultura pop en películas, series, otros libros, cómics y la TV argentina.
Durante agosto, el título elegido por el Club fue “El gesto final”, una novela policial recientemente publicada por el escritor argentino Agustín De Luca. A partir de esta experiencia, Ahora Calafate conversó con tres participantes del espacio, Lucía, Catalina y Moro, para conocer cuánto influyó el club en sus hábitos de lectura, qué encuentran de enriquecedor en compartir una misma obra y cómo viven el hecho de ser lectores en una ciudad como El Calafate.
Lucía contó que actualmente está leyendo mucho, aunque aclaró que también dispone de mayor tiempo libre. Sin embargo, destacó que el Club le permitió acercarse a géneros y títulos que probablemente no habría elegido por su cuenta. “Gracias al club de lectura leí algunos géneros y títulos que no hubiera elegido”, señaló.
Para ella, uno de los mayores atractivos está precisamente en compartir una misma historia con otras personas: “Me gusta la idea de saber que somos una determinada cantidad de personas, atravesadas por la misma historia, en el mismo momento”. El encuentro posterior a la lectura es, para Lucía, una parte fundamental de la experiencia. “Me entusiasma el encuentro para saber cómo o qué pensaron. Diferentes miradas de una misma ‘cosa’ me gusta, esa dinámica de compartir”.
Sobre lo que significa ser lectora, consideró que se trata, independientemente del lugar del mundo, de “un acto de libertad”. También mencionó una dificultad habitual para quienes buscan determinados títulos en ciudades alejadas de los grandes centros editoriales: “Hay libros que no conseguí en la librería de la ciudad, pero sí en Chaltén”.
Incluso imaginó alguna vez tener una librería propia con títulos independientes y obras diferentes de las más comerciales, que son las que suelen encontrarse con mayor facilidad. En cuanto al tiempo destinado actualmente a leer, afirmó: “Hoy en día sí le puedo dedicar a la lectura el tiempo que me gusta”.
Catalina planteó una mirada diferente. “No sé si incrementó mi lectura, sino que se transformó, se amplificaron y diversificaron mis puntos de vista. Pasó de ser un ejercicio individual a uno colectivo. Muy enriquecedor”. En su experiencia, el intercambio con otros lectores permite que las emociones y las interpretaciones cobren una nueva dimensión.
“Todo es positivo en esta experiencia compartida en el club. Por sobre todas las cosas, poder volcar mis emociones y escuchar las ajenas nutre mis perspectivas, cobran vida con ese ida y vuelta, tienen un lugar”. También destacó la importancia de la constancia del espacio, que permite construir una red de personas vinculadas por la lectura y ampliar progresivamente la mirada sobre las obras.
Respecto de las dificultades para acceder a determinados libros en El Calafate, Catalina señaló que, como ocurre en muchas localidades alejadas de las grandes ciudades, no siempre resulta sencillo encontrar los títulos o autores buscados. Sin embargo, esa misma dificultad puede transformar el descubrimiento de un libro en una experiencia aún más valiosa. “Muchas veces encontrarme con joyitas o con aquello que no sabía que estaba buscando se vuelve mucho más preciado, uno aprende a valorar más aún los hallazgos. Y a tener paciencia”.
Para Catalina, la existencia de espacios como el Club de Lectura Pop tiene además una dimensión que trasciende el entretenimiento: “Que existan estos lugares de encuentro y de búsqueda compartida convierte al hábito de la lectura en un acto de resistencia, de diálogo y comprensión”.
Moro, por su parte, se definió como una lectora habitual. “En principio adoro leer”, afirmó, contando que normalmente lee entre dos y tres libros al mes. La participación en el Club hizo que ese número aumentara: “El hecho de estar en un club incrementó hasta dos más al mes”. Según relató, una lectura suele llevarla a descubrir otros títulos y autores que antes no conocía.
El principal aporte del Club está en la posibilidad de contrastar la propia interpretación con las de los demás. “Tener tiempos, opiniones, puntos de vista diferentes ayuda a agudizar tu lectura y ver esas cositas que no viste por estar interpelado por mi sola visión”, sostuvo.
Moro también puso el foco en las particularidades de leer en una ciudad como El Calafate. Las distancias y los costos pueden dificultar el acceso a los libros en papel, aunque justamente esas circunstancias hacen que el encuentro con un ejemplar sea todavía más especial. Mientras reconoce el aporte de los formatos digitales y las aplicaciones, asegura que para ella nada reemplaza el ritual del libro físico. “Ya es un hábito ver tinta, señaladores, tapas duras o dispositivo; no es negociable y cada momento es muy disfrutable”, expresó y resumió el valor del Club desde una perspectiva personal: “La locurita de leer es compartida y ayuda a seguir con la misma”.
El Día del Lector encontró así en El Calafate una celebración que fue más allá del homenaje a un escritor consagrado como Borges. En el encuentro del Club de Lectura Pop, la lectura apareció como una actividad individual, pero también como un puente hacia los demás.
Las experiencias de las lectoras Lucía, Catalina y Moro muestran que leer puede significar descubrir nuevos géneros, multiplicar las interpretaciones, encontrar autores inesperados, sostener un hábito y, especialmente, compartir con otros aquello que un libro provoca.
En una ciudad donde conseguir determinados títulos puede representar un desafío, estos espacios también se convierten en puntos de encuentro para quienes consideran que la lectura no termina cuando se cierra un libro, sino que continúa en la conversación.
El Club de Lectura Pop mantiene sus encuentros presenciales de carácter mensual y pueden encontrar más información y contactarse en Instagram como @clubdelectura.pop. Para septiembre, la propuesta continuará con “Blancura”, del escritor noruego Jon Fosse, una nueva oportunidad para compartir distintas maneras de mirar una misma historia.