Hace 21 años. El día que los servicios comenzaron a estar a la altura del Glaciar Perito Moreno
Quien hoy llega al Glaciar Perito Moreno encuentra estacionamientos, sanitarios, espacios gastronómicos, lugares donde resguardarse del frío, accesos adaptados y distintos servicios distribuidos entre los sectores superior e inferior de las pasarelas.
Todo parece formar parte natural del paseo. Pero no siempre fue así.
Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en que frente a uno de los atractivos naturales más conocidos de la Argentina había apenas un restaurante de dimensiones modestas en la zona inferior, una pequeña confitería arriba y baños que habían sido pensados para recibir una cantidad de visitantes muy diferente a la que comenzó a llegar con el nuevo siglo.
El glaciar seguía siendo el mismo. Lo que había quedado chico era todo lo que lo rodeaba.
Y hubo una fecha que marcó el comienzo de ese cambio: 26 de agosto de 2005. Ese día, en una oficina de Río Gallegos, se abrió un sobre. Había uno solo.
Dentro estaba la propuesta que terminaría dando origen al complejo de servicios que, desarrollado después en distintas etapas, cambiaría radicalmente la manera de recibir a los visitantes frente al Perito Moreno.
Antes del complejo
Los servicios turísticos en la Península de Magallanes tenían una historia bastante anterior.
Entre fines de los años 60 y comienzos de los 70, Parques Nacionales había reservado unas tres hectáreas para que la Provincia de Santa Cruz pudiera desarrollar infraestructura destinada a los visitantes. Allí existieron un restaurante-confitería, un snack bar y sanitarios, y durante una etapa el denominado Complejo Turístico Lago Argentino estuvo vinculado al Automóvil Club Argentino.
Documentación posterior de Parques Nacionales reconstruye ese antecedente y señala que aquellas instalaciones terminaron resultando insuficientes y atravesaron distintos problemas de concesión y mantenimiento.
Dentro de esa historia aparece un nombre inseparable del recuerdo de quienes trabajaban o visitaban el glaciar durante los años 90 y comienzos de los 2000. Roberto “Chacho” Schupbach.
Chacho ya conocía muy bien ese lugar. Había llegado en 1987 después de ganar la licitación para construir aquellas recordadas pasarelas y balcones de madera que durante años permitieron contemplar el glaciar. Con un equipo reducido construyó caso 1.500 metros de pasarelas, utilizando cerca de 70.000 pies cuadrados de madera proveniente de Tucu-Tucu. Las obras finalizaron hacia 1989.
A comienzos de los años 90 volvió a licitarse la prestación del restaurante y los sanitarios. Chacho ganó. En abril de 1994 recibió una construcción prefabricada que había sido llevada años antes y se encontraba prácticamente abandonada.
Mucho tiempo después, en una entrevista con FM Dimensión, recordaría aquellos comienzos con una frase que pinta mejor que cualquier descripción cómo eran los servicios de aquel momento: “Empezamos dando agua con un calentador. Durante cuatro meses dábamos gratis café, té y galletitas”.
Recién hacia octubre de aquel año pudo ofrecer comidas calientes y sanitarios. Así nació lo que todos terminaron conociendo simplemente como “el restaurante de Chacho”.
Un lugar que fue mucho más que un restaurante
Para entender aquella época no alcanza con describir el edificio.
El restaurante estaba en la zona inferior, donde hoy se encuentra el gran sector de estacionamiento y servicios. Aún allí está la construcción abandonada. Arriba, en el paseo superior funcionaba un snack mucho más pequeño para atender al visitante. Pero “lo de Chacho” se convirtió además en una especie de refugio del ambiente turístico.
Choferes que esperaban a sus pasajeros. Guías que se cruzaban después de horas de caminata. Guardaparques. Trabajadores. Y por supuesto visitantes.
En la memoria de Chacho quedaron anécdotas, amistades, noviazgos y hasta fiestas de casamiento celebradas en aquel lugar.
Era una infraestructura sencilla, nacida para otra escala de turismo. Y durante años funcionó.
El problema fue que El Calafate comenzó a crecer mucho más rápido que sus servicios.
El boom que cambió todo
A comienzos del siglo XXI la cantidad de visitantes al Parque Nacional Los Glaciares empezó a aumentar a una velocidad desconocida hasta entonces.
Las cifras oficiales permiten dimensionar la transformación. En 2003, el Parque Nacional Los Glaciares registró en números redondos 213.00 visitantes. En 2004, 293.000. Y en 2005, 430.000.
Ya no se trataba de atender algunos contingentes. En temporada alta podían llegar miles de personas en una sola jornada.
La infraestructura heredada de otras décadas empezó a mostrar sus límites. Y había un problema que aparecía una y otra vez en los reclamos: los baños.
Los sanitarios, el punto más débil
La crónica que FM Dimensión publicó aquel 26 de agosto de 2005 resulta especialmente valiosa porque permite conocer cuál era la preocupación en tiempo real, sin la interpretación que da el paso de los años.
Mario Lurbé, entonces responsable de la Unidad Ejecutora Provincial, admitía que el sector sanitario era “el principal punto débil en la actualidad” y que generaba reiteradas quejas de los visitantes.
Por eso aseguraba: “Todo nuestro esfuerzo va a estar puesto en que el edificio sanitario esté terminado rápidamente”.
El dato puede resultar llamativo visto desde hoy. Uno de los atractivos naturales más famosos de la Argentina recibía cada vez más turismo internacional, pero no tenía sanitarios suficientes para responder adecuadamente a esa demanda.
El problema había dejado de ser una incomodidad. Se había transformado en una cuestión estructural.
Cinco hectáreas para pensar otra cosa
El primer paso importante se había dado casi un año antes. El 13 de octubre de 2004, la Administración de Parques Nacionales y el Gobierno de Santa Cruz firmaron en El Calafate un convenio mediante el cual el organismo nacional cedía a la Provincia un predio de casi cinco hectáreas en las proximidades del glaciar, destinado específicamente al desarrollo de servicios para los visitantes. El acuerdo fue posteriormente ratificado por Parques Nacionales.
La idea era repensar todo el esquema de atención turística. Las primeras estimaciones hablaban de 2.500 metros cuadrados de superficie útil para las construcciones, pero el desarrollo del proyecto demostró que no alcanzaba.
Una adenda amplió esa superficie a unos 3.200 metros cuadrados y adecuó además los plazos del comodato a las normas de Parques Nacionales.
La dimensión definitiva fue precisada meses después por el Gobierno Nacional: el complejo podría alcanzar 3.232 metros cuadrados cubiertos, con posibilidad de ampliarse hasta un 20 por ciento si el crecimiento futuro de la demanda lo requería.
Aquella previsión decía mucho sobre el momento que atravesaba El Calafate. Ya no se estaba construyendo para el turismo existente. Se intentaba construir para el turismo que vendría.
Un proyecto ambicioso
El esquema contemplaba dos grandes sectores. En la parte inferior se proyectaba un restaurante-confitería, sanitarios públicos, un espacio cubierto para quienes llevaran su propia comida, dependencias administrativas y de servicio y estacionamiento.
En la zona superior se preveía bar-confitería, sanitarios, dependencias de apoyo y otra playa de estacionamiento.
La documentación y las crónicas de FM Dimensión de aquellos meses también mencionaban un centro de interpretación e informes, puesto de primeros auxilios, comunicaciones y dependencias para guardaparques y fuerzas de seguridad.
El Decreto Nacional 1398/2005 resumiría posteriormente el objetivo con una expresión muy clara: el área tenía una “importante y creciente demanda turística” y era necesario dotarla de infraestructura adecuada para ofrecer los servicios esenciales.
Era exactamente eso. Poner los servicios a la escala que ya tenía el glaciar.
26 de agosto de 2005
La licitación quedó identificada como “Proyecto, Construcción, Mantenimiento, Operación y Explotación Comercial de la Unidad Turística Ventisquero Moreno”.
El presupuesto oficial fue establecido en 13.255.107 pesos, IVA incluido, bajo el sistema de concesión de obra pública. Al cambio de entonces eran poco mas de 4.5 millones de dólares.
La apertura quedó fijada para las 11 de la mañana del 26 de agosto de 2005, en las oficinas de la Unidad Ejecutora Provincial, en Río Gallegos. Y se presentó una sola oferta. La propuesta pertenecía al grupo integrado por 5M Patagonia S.A., René Fernández Campbell y Roberto “Chacho” Schupbach. Sociedad que tiempo después quedó conformada como Nativos de la Patagonia.
Era además el mismo grupo que había presentado la iniciativa privada que había servido como punto de partida para el proyecto. La modalidad contemplaba que cualquier otro interesado pudiera competir y mejorar la propuesta original. Pero nadie lo hizo.
El final de una época
Mientras comenzaba la nueva etapa, otra empezaba a despedirse. La concesión de Chacho llegaba a su fin. El viejo restaurante cerró definitivamente el 15 de mayo de 2006.
Schupbach había participado inicialmente de la sociedad que impulsaba el nuevo complejo, pero poco después decidió retirarse. Años más tarde resumió aquella decisión con pocas palabras: “Sentí que se había cumplido una etapa”.
Y fue realmente así. Después de cerrar el restaurante no volvió nunca más al Glaciar Perito Moreno.
Cuando FM Dimensión habló con él en 2019, explicó que prefería conservar intacta en su memoria la imagen del lugar donde había pasado doce años de su vida: “Fueron 12 años de felicidad que quiero mantenerlos”.
Hay algo profundamente simbólico en esa decisión. La modernización era necesaria. La cantidad de visitantes la hacía inevitable.
Pero cada obra nueva también iba dejando atrás una forma distinta de vivir el turismo. Más pequeña. Más artesanal. Más familiar.
Una transformación que llevó años
El complejo que conocemos hoy no apareció terminado de un día para otro. La licitación de agosto de 2005 fue el punto de partida de un proceso que se desarrolló por etapas.
Las obras comenzaron durante 2006. Con el tiempo llegaron los nuevos sectores gastronómicos, un sistema sanitario completamente diferente, infraestructura de servicios y una planta para el tratamiento de efluentes que ya estaba operativa en 2007.
La diferencia respecto de lo que existía pocos años antes era enorme. El nuevo sector superior llegó a contar con 70 sanitarios, gastronomía, tienda y servicios pensados para absorber miles de visitantes diarios.
Y todavía faltaba una pieza importante. En octubre de 2014 se inauguró finalmente el Restó del Glaciar, en el circuito inferior, con capacidad para unos 300 comensales. La propia Administración de Parques Nacionales definió aquella apertura como la culminación de la última etapa de la obra de servicios desarrollada por Nativos de la Patagonia.
Habían pasado nueve años desde aquella
El glaciar siguió siendo el mismo
Hoy los visitantes encuentran en el sector inferior restaurante, espacio para viandantes y sanitarios, mientras que junto al inicio de las pasarelas existe otro sector gastronómico con baños, accesibilidad y servicios complementarios.
Quienes llegan por primera vez difícilmente puedan imaginar el escenario anterior. Y esa es precisamente la razón para volver a contarlo en esta nota.
Porque la historia de un destino turístico no está compuesta solamente por grandes hoteles, aeropuertos, rutas o cifras de visitantes.
El 26 de agosto de 2005 no se inauguró ningún edificio. No hubo corte de cintas. Ni turistas entrando por primera vez a un restaurante nuevo.
En una oficina de Río Gallegos simplemente se abrió un sobre. Pero algunas veces la historia comienza así. Con un trámite administrativo que, en aquel momento, fue noticia.
Y que visto desde la distancia permite reconocer el comienzo de una transformación.
El día en que los servicios frente al Glaciar Perito Moreno empezaron, finalmente, a ponerse a la altura del lugar que debían acompañar.
Noticias que se convierten en historia
Hay noticias que terminan cuando pasa la actualidad. Otras, con el paso de los años, adquieren un valor diferente: ayudan a comprender cómo fue creciendo una comunidad, quiénes fueron sus protagonistas y cuáles fueron los hechos que dejaron una huella.
ARCHIVO AHORA CALAFATE nace con ese propósito. A partir del archivo periodístico de Ahora Calafate y FM Dimensión, construido durante las últimas décadas, volvemos sobre aquellas noticias para reconstruir su contexto, recuperar las voces de sus protagonistas y descubrir el legado que dejaron.
En el camino hacia el centenario de El Calafate, esta serie especial busca poner en valor un patrimonio que también pertenece a la comunidad: la memoria registrada, día tras día, por el periodismo local.