Nueve años siguiendo desde el espacio cómo se mueve el glaciar Viedma
El glaciar Viedma está en permanente movimiento, como todos los glaciares del planeta. Aunque desde lejos puedan parecer enormes masas inmóviles, el hielo fluye desde las zonas altas hacia las bajas. En el caso de Viedma ese desplazamiento puede alcanzar, en algunos sectores, más de dos metros en un solo día.
Un nuevo estudio científico fue publicado en recientemente en la revista científica Remote Sensing Applications: Society and Environment. La investigación utilizó imágenes ópticas de los satélites Sentinel-2, pertenecientes al programa europeo Copernicus, para reconstruir el movimiento de los glaciares durante nueve años utilizando imágenes tomadas desde el espacio.
Esas imágenes tienen una resolución espacial de 10 metros y son de acceso gratuito. Los investigadores las procesaron mediante una herramienta denominada COSI-Corr, capaz de comparar fotografías tomadas en diferentes fechas y detectar cuánto se desplazaron determinados patrones visibles sobre la superficie del hielo.
Dicho de manera sencilla, el sistema observa una característica reconocible sobre el glaciar en una imagen, busca dónde aparece esa misma característica en una fotografía posterior y calcula cuánto se movió durante el tiempo transcurrido. A partir de allí puede estimarse la velocidad superficial del hielo en metros por día.
La ventaja es enorme para un territorio como el Campo de Hielo Patagónico Sur, donde muchas zonas son remotas, de difícil acceso y presentan condiciones meteorológicas que complican las mediciones terrestres.
Un gigantesco laboratorio natural
El Campo de Hielo Patagónico Sur se extiende entre Argentina y Chile y tiene aproximadamente 13.000 kilómetros cuadrados. Es una de las mayores extensiones de hielo continental del planeta y señala que está compuesto por 48 grandes glaciares, muchos de los cuales terminan en lagos, fiordos o directamente en el océano.
Para obtener una visión regional, los investigadores analizaron imágenes de todo el Campo de Hielo correspondientes principalmente al período comprendido entre febrero y abril de 2021.
Luego eligieron dos glaciares para estudiarlos con mayor detalle a lo largo del tiempo: Viedma, en el sector oriental del Campo de Hielo, y Tyndall, ubicado unos 240 kilómetros más al sur.
Los autores de la investigación son Olga Nardini, Francesco Poggi, Juriy Musiari, Pierluigi Confuorto, Matteo Del Soldato, Oriol Monserrat y Federico Raspini, pertenecientes a la Universidad de Florencia y del Centre Tecnològic de Telecomunicacions de Catalunya, en España.
En ambos casos, el equipo analizó imágenes correspondientes a verano e invierno entre 2016 y 2024. El resultado fueron 18 mapas de velocidad para cada glaciar.
El Viedma
En el glaciar Viedma, las mayores velocidades fueron detectadas en su sector central y en las proximidades del frente que termina sobre el lago Viedma. Los valores máximos alcanzaron 2,62 metros por día.
Es un dato llamativo, pero requiere una aclaración fundamental. No significa que el frente del glaciar retroceda 2,62 metros diarios. La cifra corresponde a la velocidad con la que se desplaza la superficie del hielo.
Un glaciar funciona como una corriente extremadamente lenta. El hielo acumulado en los sectores altos se deforma por su propio peso y fluye pendiente abajo. Mientras eso ocurre, en el frente puede perderse hielo por derretimiento o desprendimientos.
Por eso el frente puede retroceder incluso mientras grandes cantidades de hielo continúan avanzando hacia él. Velocidad del hielo, retroceso frontal y pérdida de masa son tres mediciones diferentes.
Cuando los investigadores compararon su método con otras bases de datos internacionales, calcularon para el Viedma una velocidad superficial media de aproximadamente 0,53 metros por día.
Esto muestra por qué no debe tomarse el máximo de 2,62 metros diarios como si representara a todo el glaciar. Dentro de un mismo glaciar existen sectores rápidos y sectores mucho más lentos.
Un resultado inesperado
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo aparece cuando los investigadores compararon las estaciones. En principio podría suponerse que el hielo debería moverse claramente más rápido durante los meses cálidos. Eso es lo que ocurrió parcialmente en el glaciar Tyndall.
Allí los investigadores encontraron una estacionalidad moderada, con velocidades generalmente mayores durante el verano, alrededor de 1,56 metros por día en los sectores analizados. Hubo, sin embargo, excepciones como 2019 y 2022, cuando las diferencias entre verano e invierno fueron pequeñas.
El Viedma, en cambio, mostró otro comportamiento. Durante los nueve años estudiados, su velocidad se mantuvo relativamente constante entre verano e invierno y no apareció una variación estacional significativa.
Eso indica que el movimiento del glaciar es más complejo que una simple respuesta inmediata a la temperatura del aire.
La temperatura no explica todo
Los autores compararon las velocidades obtenidas con información climática del sistema ERA5, que permite reconstruir temperaturas atmosféricas de varias décadas.
Y aquí aparece uno de los resultados más importantes para interpretar correctamente el estudio. Entre 2016 y 2024 encontraron que la relación estadística entre temperatura y velocidad del hielo fue débil y no significativa.
Los investigadores concluyen que las fluctuaciones estacionales de temperatura no explican directamente las variaciones de corto plazo en la velocidad de ambos glaciares.
Eso no significa que el clima no influya sobre los glaciares, sino que no puede atribuirse cada aceleración o desaceleración observada únicamente a que hizo más calor o más frío.
Los autores mencionan otros procesos capaces de controlar el movimiento. la dinámica interna del hielo, las condiciones en la base del glaciar y la circulación de agua por debajo de él.
Qué ocurre debajo del hielo
La base de un glaciar no es necesariamente una superficie seca sobre la que el hielo simplemente se desliza. Puede existir agua proveniente del derretimiento que circula bajo enormes presiones a través de canales y cavidades. Cambios en esa hidrología subglacial pueden modificar la fricción entre el hielo y el terreno y, en consecuencia, afectar su velocidad.
También influye el espesor del hielo, la pendiente y la propia deformación interna de la masa glaciar. Por eso dos glaciares sometidos a condiciones atmosféricas parecidas pueden responder de maneras distintas.
La comparación entre Viedma y Tyndall es precisamente uno de los aportes del estudio: separados por unos 240 kilómetros, ambos forman parte del mismo Campo de Hielo, pero no muestran exactamente el mismo patrón estacional.
Imagen: Representación de los resultados de COSI-Corr para la velocidad diaria de deformación obtenida a partir de imágenes Sentinel-2, correspondiente a: (A) la componente Este-Oeste, (B) la componente Norte-Sur y (C) la componente en la dirección del flujo de los glaciares del Campo de Hielo Patagónico Sur. La escala de colores representa la velocidad diaria de deformación en metros por día: los valores positivos, en rojo, indican desplazamientos hacia el este y el norte; los valores negativos, en azul, indican desplazamientos hacia el oeste y el sur.
Un mapa del movimiento de todo el Campo de Hielo
Además del seguimiento de nueve años, los investigadores construyeron un mapa regional de velocidades para el Campo de Hielo Sur.
Allí encontraron que los mayores desplazamientos se concentran principalmente en las zonas de ablación, donde el glaciar pierde hielo; y cerca de los frentes que terminan en lagos o fiordos.
En numerosos sectores se superan los 2 a 3 metros diarios. El trabajo también obtuvo velocidades puntuales mayores en algunos glaciares.
Entre los glaciares que fluyen hacia el este, el estudio informa valores de 2,46 m/día para Upsala, 3,4 m/día para Perito Moreno y 2,6 m/día para Mayo. Siempre aclarando que no se trata de velocidades promedio de todo el glaciar, sino de valores de velocidad identificados por los autores en el análisis regional realizado con imágenes de Sentinel-2 de 2021.
Como hemos dicho dentro de cada glaciar el movimiento varía considerablemente, por lo que estas cifras no deben extrapolarse a toda su superficie ni interpretarse como velocidad de retroceso del frente.
Estos números corresponden esencialmente al estudio regional realizado sobre imágenes de 2021. Por lo tanto, no representan velocidades actuales de esos glaciares en 2026 ni pueden compararse directamente con los estudios recientes de retroceso frontal que se realizan en el Perito Moreno.
Las nubes, el gran enemigo del satélite
Aunque observar un glaciar desde el espacio parece resolver el problema de llegar físicamente hasta él, aparece otra dificultad. Sentinel-2 trabaja con imágenes ópticas. Si hay nubes, el satélite no puede ver el hielo. Y encontrar imágenes despejadas sobre el Campo de Hielo Sur es especialmente difícil.
Para este estudio, los investigadores seleccionaron fotografías con menos del 10% de cobertura nubosa. Incluso así, reconocen que la frecuente nubosidad fue una de las principales limitaciones del trabajo.
De hecho, ésa fue una de las razones por las cuales el seguimiento estacional prolongado pudo realizarse solamente sobre Viedma y Tyndall.
Cómo comprobaron que el método funcionaba
Otro aspecto relevante del trabajo es que las velocidades obtenidas no quedaron aisladas. Los investigadores las compararon con información procedente de GLIMS e ITS_LIVE, dos bases internacionales utilizadas para estudiar glaciares.
La segunda emplea además imágenes de radar Sentinel-1, una tecnología independiente de la utilizada en el nuevo estudio. Las comparaciones mostraron una buena concordancia entre los distintos métodos.
Para Viedma, la incertidumbre estimada de las mediciones fue de aproximadamente 0,06 metros por día, significativamente menor que las velocidades registradas.
Ese contraste con fuentes independientes es importante porque fortalece la confiabilidad de los mapas obtenidos mediante correlación de imágenes ópticas.
El principal aporte del estudio probablemente no esté en una única cifra. Está en demostrar que imágenes satelitales disponibles gratuitamente pueden convertirse en una herramienta para seguir repetidamente el movimiento de enormes superficies de hielo.
El método permite localizar sectores que se aceleran, reconocer diferencias dentro de un mismo glaciar y comparar su comportamiento en diferentes momentos.
Para el glaciar Viedma, significa disponer de una reconstrucción de nueve años de desplazamiento superficial.