Proyecto Conservación Cóndor Andino: honrar la vida

Naturaleza 07/11/2020 Por Daniella Mancilla Provoste
El programa desarrollado en la Argentina logró aumentar la población de cóndores en Sudamérica. Tres décadas de una tarea con reconocimiento internacional y con mucho que hacer por el ave no marina más grande del mundo.
Archivo Tompkins Conservation
Archivo Tompkins Conservation

“Vigía del horizonte, centinela del silencio”. Así describe el poeta y cantautor santacruceño Eduardo Guajardo al antiguo habitante suramericano. Su porte gallardo y elegante, su brillante plumaje blanco y negro y el “collar” de plumas blancas alrededor de la base del cuello hacen del Cóndor Andino un verdadero “Emperador de los Andes”.

Se los puede encontrar desde Venezuela hasta Tierra del Fuego, a lo largo de los 7500 kms de la cordillera de los Andes. Solemos relacionar su nombre con esos paisajes andinos. Pero también habita en la precordillera de San Luis, Córdoba y parte de las sierras pampeanas. Junto con el Águila y el Puma, el manke o mañke (cóndor en mapudungun) es uno de los de mayor rango entre los animales sagrados de los pueblos originarios de la región.

Luis Jácome (foto) es presidente de la Fundación Bioandina y director del “Proyecto Conservación Cóndor Andino”. Con 30 años de continuidad llevan liberados unos 200 ejemplares en distintas regiones del país. “Toda la población de cóndores de Venezuela, Colombia y Ecuador son unos 350. O sea que rescatamos la población de cóndores de esos tres países. Logramos liberar 200 cóndores, lo cual es también otro récord a nivel mundial”, contó satisfecho el científico.

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Uno de los pilares del programa es facilitar la reproducción. “Tienen una bajísima tasa reproductiva. Alcanzan la madurez sexual a los 9 años y tienen una cría cada 2 o 3 años. Trabajamos en lo que es la reproducción y eso nos permitió criar 75 pichones, un récord mundial sin antecedentes. Lo interesante es que el 100% de los pájaros que criamos son para reintroducir en ambientes naturales”, remarcó Jácome.

En convenio con los ministerios de Ambiente, se generaron cuatro centros de rehabilitación: el Ecoparque de la ciudad de Buenos Aires, Temaiken en Escobar, otro en la localidad de San Carlos y en el Ecoparque de la capital provincial, ambos en Mendoza. La rehabilitación primaria se hace en la provincia donde se lo rescata. Una vez estabilizado, el ejemplar es trasladado a alguno de los centros donde completan su rehabilitación. Los que se rehabilitan vuelven al ambiente natural y los que no se pueden liberar, forman parte de los programas de reproducción.

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En el caso de la incubación en cautiverio, cuando ponen su único huevo, se los incuba artificialmente. Esto lleva unos 2 meses, uno de los períodos más largos que hay entre las aves. Cuando se le retira ese primer huevo, la pareja -que lo cree roto – pone otro al mes que quedará a su cuidado. Cuando el pichón alcanza los 5 o 6 meses, se lo junta con otros que se están criando y se forma una bandada. A estos jóvenes sin experiencia de vuelo, se los puede liberar en ambientes naturales donde la especie se extinguió. “Así es que de los programas de incubación y cría artificial y parental, más los programas de rescate, hemos liberado más de 200 cóndores en Argentina”, describió el biólogo. Jácome detalló que con “lo que hacemos cuando liberamos, es seguirlos con transmisores satelitales para poder entender su vuelo y ver cómo sobreviven”.

“Nosotros en el 97 fuimos pioneros a nivel mundial en desarrollar la tecnología satelital junto con el Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. Nos permite seguirlos en las enormes distancias que hacen. Hacen vuelos tremendos, 300 km en un solo día. Tenemos cóndores que hemos liberado que vuelan mil kilómetros norte-sur, o sea unos 160 mil km2. A 9 mil metros de altura, a 120 km/h, son aviones”, expresó el titular de Bioandina.

Charles Darwin y el Perito Moreno dieron cuenta en sus expediciones de la abundancia de cóndores en la costa atlántica argentina, a la altura de la desembocadura del Río Negro inclusive. El biólogo nos contó que esas imágenes “que cautivaron a los antiguos naturalistas, se habían perdido hacía un siglo. De ahí que mucha gente piense que el Cóndor está estrictamente en la cordillera. No es así. Desde 2003 pudimos re introducirlo en la costa del Atlántico. De esos 200 cóndores que te contaba, 57 fueron liberados en la costa. Esos pájaros con los años fueron madurando y gracias a la tecnología satelital, sabemos que unieron la cordillera con el Pácifico y con el Atlántico, como era antes. Y además ya tuvimos 10 pichones nacidos en la costa atlántica”.

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La envergadura del cóndor andino alcanza los 3,50 mts y son capaces de comer hasta 4 kg de carne. “El poder del pico les permite abrir cueros de animales grandes y eso facilita que carroñeros más chiquitos accedan a la comida. Esto hace que el ambiente sea más limpio”, describió el científico. En la costa se alimentaban de cadáveres de lobos marinos, ballenas, etc. “Cumplía un rol de limpiar el ambiente de focos de infección, y su desaparición tiene un impacto grande en el ecosistema, porque se pierde un carroñero tope”.

Con la llegada del hombre blanco a estas tierras, el Cóndor fue considerado una amenaza. Empezaron a matarlo creyendo que era el culpable de depredar ganado. Pero “tienen unas uñas súper débiles, tienen las patas igual que un pavo y no pueden levantar ni un ratoncito.” explica Jácome, desmitificando esa antigua creencia que ilustraba manuales escolares con dibujos de cóndores llevándose una oveja entre las garras. “Cuando se usan las balas de plomo, eso queda en el ambiente. Por ejemplo en los guanacos. Cuando los cóndores bajan a comer el animal muerto, el plomo es un tóxico que también los mata. A esto se sumaron los choques contra cables de alta tensión, “el uso de agrotóxicos es para matar grandes carnívoros, como hemos tenido en los dos últimos años, que han provocado la pérdida de más de 114 cóndores en los últimos dos años. Muertes masivas que antes jamás teníamos”, explicó.

Estas pérdidas también tienen un importante impacto cultural. Desde el punto de vista de la cosmovisión es grave porque ocupa lugares irreemplazables. Para cuando comenzó la liberación de cóndores en la costa atlántica, las comunidades mapuches habían dejado de reunirse en ceremonias. Con el retorno del cóndor, volvieron a congregarse los líderes espirituales en torno a las liberaciones. Dentro de las experiencias “sumamente fuertes”, el biólogo narró la que vivieron en una de las primeras, cuando el lonco mapuche Manuel Cayú puso el rezo en las alas, ya que consideran que es el encargado de llevar el alma de sus muertos al límite con el mar para que viajen a la “toldería de los ancestros”.

Archivo Tompkins Conservation

Los mapuches consideran que es el que más alto vuela, entonces va a ver a ‘Tachao’, el señor de todas las cosas, el que todo lo ve. Hacen una intención, una rogativa. “Con muchísima dificultad, el lonco besaba la tierra polvorienta y llorando le pedía a ‘Tachao’ por el retorno de los cóndores. Cuando terminó toda esta ceremonia, todos los que estábamos ahí, que no entendíamos el mapuzungun, llorábamos con él. Cuando terminamos le pregunté, Manuel qué pediste, ‘pedí lluvia’, me dijo. Estábamos en el desierto, Pailemán es uno de los lugares más desérticos del país. ‘Y necesitamos agua’. Fue hermoso: esa noche llovió.”

Al año siguiente los científicos volvieron a hacer una suelta de pichones y las comunidades originarias se congregaron pidiendo por el retorno del Cóndor, por la lluvia, y volvió a llover. “Lo mismo sucedió el tercero, el cuarto, el quinto, y el sexto año y así cada vez que se pidió. Las liberaciones se programan con un año de anticipación, no hay forma de verlo en el weather channel”, indicó entre risas Jácome.

“Han aparecido plantas que antes no había, todos los ojos de agua que estaban en la meseta y se estaban secando volvieron a tener agua. Hay un ‘bien estar’, un buen vivir que se pone de manifiesto en la gente”, remarcó.

Aunando voluntades

El trabajo realizado en esta vida de 30 años dedicada a los cóndores ha logrado reconocimiento a nivel mundial. Un ejemplo de esto es que la Sociedad Zoológica de Londres ha elegido la reintroducción de cóndores en la costa argentina para ilustrar la tapa de su último libro de reintroducción de fauna silvestre.

Sin embargo, todo este esfuerzo parecería convertirse en nada cuando ves que se mueren cientos de cóndores envenenados por cebos tóxicos. “Empezó a pasar en 2017. Muertes masivas en Jujuy, Mendoza, Patagonia, en todo el país. Nos quedamos helados porque no teníamos experiencia con eso. Nos pasó por arriba, es un tsunami para la conservación del Cóndor. Cuando aparece el primer caso en Rinconada, Jujuy, con la muerte de 19 cóndores, nosotros lo denunciamos en la Unidad Fiscal para la Investigación de Delitos contra el Medio Ambiente (UFIMA), en las Ministerio y Direcciones de Ambiente de las provincias, de Nación, Consejo Federal de Medio Ambiente (Cofema), Senasa. Seguimos sosteniendo el tema y para cuando fue el caso de Mendoza, la opinión pública tomó conciencia de que esto estaba pasando.”

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Frente a esto, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación junto a la Fundación Bioandina Argentina, contando con la adhesión de las autoridades provinciales de Ambiente y el apoyo de instituciones y actores relevantes de la sociedad, crearon la Estrategia Nacional contra el uso de Cebos Tóxicos (ENCT). Cuenta con líneas de acción que implican la entrega de Kits de urgencia a las autoridades provinciales, equipados con elementos de bioseguridad, instrumentos para la toma de muestras y saneamiento ambiental y estudios toxicológicos con los que es posible detectar y diferenciar los tóxicos utilizados. Además desarrollan campañas educativas y encuestas a pobladores rurales, lo que brinda valiosa información para comprender mejor la relación que establecen con la vida silvestre y los conflictos que deben superar en sus prácticas productivas.

“Nosotros hacemos el Programa Cóndor como si fuera las dos alas del ave. Una, con el último adelanto bio tecnológico, y la otra con el tema de la cosmovisión. Cuando los pájaros empiezan a morir en forma masiva hay una mirada desde la ciencia que nos dice que estamos perdiendo sobre todo adultos, estamos perdiendo por goleada, o sea el cóndor se va a extinguir si esto no cambia. La supervivencia está totalmente ligada a lo que hagamos en torno a esto”.

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Un trabajo de tres décadas que, por momentos, se siente como “intentar vaciar el océano con una cucharita”, nos contó Luis Jácome. Sin embargo, el trabajo diario alimenta el motor para seguir. “Creo que es posible, es sumamente complejo, pero en lo personal no dejaría de hacer lo que estamos haciendo. Por más que mañana hagan volar el mundo en pedazos, yo hoy voy a plantar mi manzano. Lo que está pasando antes no lo dimensionaba, hoy lo dimensiono y lo entiendo. Confío en lo que dicen los abuelos de que hay un retorno al orden natural”.

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