PATAGONIA. Los árboles que sobreviven a incendios ayudan a reconstruir los bosques

Una investigación demuestra que los árboles vivos, los troncos caídos y los arbustos que permanecen tras un incendio crean pequeños refugios naturales que favorecen la supervivencia y el crecimiento de nuevas plantas. El estudio, realizado en bosques subantárticos de la Patagonia, propone incorporar esos elementos como parte de las estrategias de restauración forestal.
Ciencia 23/07/2026Guillermo Pérez LuqueGuillermo Pérez Luque

bosque quemado

Cuando un incendio forestal arrasa un bosque de lenga, la imagen que queda suele ser la de un paisaje devastado. Sin embargo, un nuevo estudio científico demuestra que el bosque no pierde toda su capacidad de recuperarse. Los árboles que sobreviven al fuego, los troncos caídos y la vegetación que permanece en pie siguen desempeñando un papel fundamental al crear pequeños refugios donde las nuevas plantas tienen muchas más posibilidades de crecer.

Esa es la principal conclusión de una investigación publicada recientemente  en la revista científica Ecological Solutions, editada por la British Ecological Society. El trabajo fue encabezado por Patricio E. Salinas Dillems, junto a Narkis S. Morales y Eduardo C. Arellano, quienes evaluaron durante cinco años la restauración de bosques de lenga (Nothofagus pumilio) afectados por incendios en el Parque Nacional Torres del Paine, en la Patagonia chilena.

No todo empieza de cero después del fuego

Los investigadores estudiaron el comportamiento de cientos de plántulas de lenga plantadas en sectores quemados y analizaron cómo influían los elementos que habían sobrevivido al incendio.

El resultado fue claro: las plantas crecieron mejor y sobrevivieron en mayor proporción cuando estaban cerca de arbustos y troncos caídos, que actuaban como barreras naturales frente al viento, la radiación solar y la pérdida de humedad del suelo.

Según resume el artículo, "la proximidad a arbustos y troncos caídos incrementó significativamente la supervivencia y el crecimiento de las plántulas", especialmente cuando se encontraban entre 1,5 y 3,5 metros de esos elementos y bajo una cobertura lateral igual o superior al 40 %.

En otras palabras, el bosque quemado conserva pequeñas áreas protegidas donde las condiciones ambientales son mucho más favorables para que vuelva a crecer la vegetación.

Las "herencias biológicas" del bosque

El estudio denomina "herencias biológicas" a todos aquellos componentes que permanecen luego del incendio: árboles vivos, arbustos, troncos caídos, restos de madera y sectores donde el fuego tuvo menor intensidad.

Lejos de ser simples vestigios del bosque original, estos elementos continúan prestando importantes servicios ecológicos.

Los autores explican que generan micrositios protegidos, capaces de reducir el “estrés ambiental” al que quedan expuestas las plantas recién implantadas.

Por esa razón sostienen que las tareas de restauración deberían aprovechar esos sectores, en lugar de intervenir toda la superficie quemada de la misma manera.

Un cambio de enfoque para restaurar bosques

Una de las principales implicancias prácticas del trabajo es que no todas las áreas quemadas necesitan recibir el mismo tratamiento.

En lugar de distribuir las plantaciones de manera uniforme, los investigadores proponen identificar previamente los sectores donde existen árboles sobrevivientes, arbustos o troncos caídos, ya que allí las probabilidades de éxito son considerablemente mayores.

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En ese sentido, afirman que "la ubicación de los núcleos de plantación debería aprovechar la presencia de estas herencias biológicas", incorporándolas como parte del diseño de los proyectos de restauración.

Una conclusión que puede cambiar el manejo postincendio

El trabajo también cuestiona una práctica frecuente después de los grandes incendios: retirar de manera sistemática la madera quemada y los restos del bosque.

Aunque esas tareas suelen realizarse para facilitar las labores de restauración, los resultados muestran que eliminar indiscriminadamente esos elementos también puede significar la pérdida de componentes que todavía cumplen funciones ecológicas esenciales.

Los autores sostienen que los restos del bosque pueden contribuir a mejorar las condiciones ambientales para el establecimiento de nuevas plantas y acelerar la recuperación del ecosistema.

Un aporte para toda la Patagonia

Si bien la investigación se desarrolló en Torres del Paine, sus conclusiones tienen especial interés para toda la Patagonia austral.

La lenga constituye una de las especies forestales dominantes en amplias zonas de Santa Cruz, Tierra del Fuego y la Región de Magallanes, donde los incendios representan una de las principales amenazas para estos ecosistemas.

Por ello, los resultados ofrecen criterios concretos que podrían ser considerados en futuros proyectos de restauración de bosques afectados por el fuego, tanto en parques nacionales como en reservas provinciales y predios privados.

Más que proponer plantar más árboles, el estudio invita a observar con otros ojos los paisajes quemados. La recuperación del bosque no siempre comienza desde cero. Muchas veces, los propios sobrevivientes del incendio son quienes crean las mejores condiciones para que el bosque vuelva a crecer.

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