Teatro leído en el Centro de Jubilados Koraikén: herramienta para ejercitar la memoria y disfrutar en comunidad
La propuesta surgió casi de manera espontánea durante la Feria del Libro del año pasado. "Estábamos en la Feria del Libro con el grupo de las chicas que estaban por bailar y me dicen: '¿Por qué no nos enseñás teatro?'. Yo hacía mucho tiempo que había dejado estas huestes, porque uno también tiene que saber cuándo retirarse", recordó Bos.
Sin embargo, aceptó el desafío con una condición. "Les dije: 'Sí, cómo no'. Para mí era un gran desafío porque hacía como 20 años que había dejado de dar teatro. Pero les propuse hacerlo más fácil, con mayores garantías en los resultados. Entonces vamos a hacer teatro leído".
Lejos de tratarse simplemente de leer un libreto, el trabajo fue mucho más profundo. Durante los ensayos el grupo abordó técnicas de interpretación, comprensión lectora y expresión oral.
"No solamente estuvimos trabajando el teatro. Estuvimos trabajando comprensión de texto, aprendiendo a leer texto teatral, que no es lo mismo que leer un libro. Tiene que tener expresión, tiempos, darle lugar al otro para la respuesta. Hay una apoyatura permanente entre personaje y personaje por si alguien se pierde. Todo fue muy distendido, muy tranquilo, aunque también nos hemos puesto nerviosas, obviamente", explicó la directora además que el formato de teatro leído permitió adaptar la actividad a las posibilidades de cada integrante.
"Es exactamente lo mismo que una puesta tradicional, de acuerdo con las capacidades cognitivas y los movimientos que cada uno pueda hacer. El que no se puede parar lo hace desde su lugar; el que puede levantarse hace algún movimiento. Y siempre el texto va en la mano."
Pero el objetivo iba mucho más allá de presentar una obra: “Formamos un equipo de teatro con gente grande, que nos vamos a divertir y, mientras nos divertimos, demostrarle a la gente que no se anima que todo se puede".
Se remarcó que el taller también tuvo un fuerte componente de estimulación cognitiva. "Después de ensayar tanto, al comenzar las primeras palabras ya sabían cómo seguían y se lo decían cara a cara. El hecho de memorizar, de acordarse, es algo muy necesario para todos nosotros cuando ya hemos pasado la barrera de los 60 y nos olvidamos dónde dejamos las llaves... y las tenemos en la mano."
Además, el grupo realizó su propia adaptación del texto original. "Ellas mismas hicieron una adaptación, borrando dos escenas, simplificando algunos momentos, y quedó perfecto. La espontaneidad e incluso la improvisación tienen algo muy sustancial en el teatro, y ellas lo hicieron."
Bos también valoró que muchos participantes recuperaran hábitos de lectura."Somos personas grandes que muchos no tuvimos una actividad lectora. En este caso rescatamos la habilidad de leer en voz alta, lo cual nos obliga a darle expresividad. No es solamente decodificar palabras, sino darles sentido y la gracia que necesitaba porque, a pesar del título, es una comedia muy agradable."
Entre las protagonistas estuvo Lili Frías, quien interpretó a la baronesa, la antagonista de la historia. Consultada sobre si tenía experiencia teatral, respondió entre risas: "No. Mi teatro solamente fue delante de un aula".
La obra gira alrededor del conflicto entre una alcaldesa que necesita ampliar el cementerio del pueblo y una baronesa, propietaria del terreno lindero, que se niega rotundamente a vender. "La alcaldesa necesita más espacio para agrandar el cementerio y la baronesa es dueña del terreno vecino y se niega a entregarlo. Ese sería el conflicto. Ella no tiene problemas para enterrarse porque se va a enterrar en su jardín donde se le dé la gana".
Ante la descripción de su personaje como "la villana de la historia", Frías respondió con una sonrisa: "Soy una víctima... una víctima de las circunstancias". La directora reveló además que las integrantes terminaron apropiándose completamente de sus personajes. "Se metieron tanto en cada papel que después seguían jugando entre ellas: 'Yo soy la baronesa', 'yo soy esto'. Eso habla de cuánto disfrutaron la experiencia."
El exitoso estreno dejó abierta la posibilidad de nuevas presentaciones. Bos aseguró que el grupo está preparado para volver a subir al escenario. "Todo depende de que alguien la quiera escuchar. Si se propone, no tenemos ningún problema en hacerla porque la barrera del miedo ya se pasó."
Aunque aclaró que el teatro siempre plantea un desafío distinto. "Cada uno sabe cómo lo hizo, cómo le salió, pero el teatro, a diferencia de otras actividades, es aquí y ahora. Nunca una función sale igual a otra. Siempre la siguiente función va a ser como la primera."
En total participaron seis actrices en escena, acompañadas por la relatora María, quien brindó apoyo con el texto durante la representación. El estreno de "Atasco en el camino del cementerio" demostró que el arte puede convertirse en una herramienta para fortalecer la memoria, estimular la lectura, generar vínculos y, sobre todo, derribar prejuicios sobre la edad. Como resume la propia Graciela Bos, el mensaje del grupo es sencillo y contundente: "Todo se puede".