Argentina ya cuenta con el inventario más completo de sus ecosistemas
Argentina cuenta por primera vez con una base integrada, actualizada y estandarizada sobre sus ecosistemas. El trabajo reunió a especialistas de distintas disciplinas e instituciones científicas para producir el relevamiento más completo realizado hasta ahora sobre los ambientes naturales del país, incluyendo territorios marinos, ríos, lagos, lagunas, humedales, estepas, bosques y regiones de alta montaña.
El informe “Caracterización y mapeo de ecosistemas marinos, acuáticos continentales y terrestres de la Argentina”, es un documento de 456 páginas que reconoce y describe 133 ecosistemas: 12 marinos, 66 acuáticos continentales y 55 terrestres.
El estudio fue elaborado a pedido de la Dirección de Biodiversidad de la Subsecretaría de Ambiente de la Nación, en el marco del Séptimo Informe Nacional de Biodiversidad, con financiamiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
La iniciativa involucró un convenio de asistencia técnica entre la Asociación Argentina de Ecología y el CONICET, con participación de investigadores y técnicos de todo el país. El equipo del informe estuvo integrado por 51 personas vinculadas a 19 instituciones, entre coordinadores, revisores, especialistas, colaboradores y asistentes técnicos.
No se trata solamente de un gran mapa
Hasta ahora, la clasificación oficial de referencia había sido elaborada a fines de la década de 1990. Aquella división reconocía 17 grandes regiones terrestres y trataba al Mar Argentino como un solo ecosistema, sin distinguir adecuadamente la heterogeneidad interna de las aguas nacionales ni incorporar una caracterización integral de los ambientes acuáticos continentales.
En este nuevo trabajo, cada ecosistema cuenta con una ficha que informa su posición geográfica, superficie, altitud o profundidad, condiciones ambientales, flora y fauna relevantes, servicios que brinda a la sociedad, nivel de protección y principales amenazas. Además, se desarrolló un Sistema de Información Geográfica, que permite relacionar los mapas con datos ambientales y territoriales.
La nueva herramienta buscó superar esas limitaciones mediante una descripción homogénea de las tres grandes categorías: ecosistemas marinos, acuáticos continentales y terrestres. La intención fue producir material útil para la conservación, el ordenamiento territorial, la restauración ecológica y la evaluación de impactos ambientales.
Los mapas combinan bibliografía reciente, imágenes satelitales, modelos digitales de elevación, datos climáticos, cartografía oficial, conocimiento de campo y fotointerpretación de especialistas.
Para los ambientes terrestres y acuáticos se analizaron, entre otras variables, las precipitaciones y las temperaturas medias. En el mar se incorporaron datos de profundidad, temperatura superficial y concentración de clorofila obtenidos mediante información satelital.
Santa Cruz, desde los campos de hielo hasta el mar
El inventario muestra con claridad que Santa Cruz no puede entenderse como una única región ecológica. Su territorio provincial está atravesado por ambientes muy diferentes, conectados entre sí por el agua, el clima, la biodiversidad y las actividades humanas.
En el oeste aparecen los campos de hielo, glaciares, lagos profundos, bosques y ambientes de alta montaña. Hacia el centro predominan las mesetas basálticas, lagunas y estepas áridas. Más al este, las grandes cuencas desembocan en estuarios y ecosistemas costeros que se vinculan con la plataforma marina austral.
Algunos ecosistemas se encuentran casi enteramente dentro de Santa Cruz. Otros se extienden por varias provincias o cruzan límites internacionales, como ocurre con las cuencas compartidas con Chile, los bosques andino-patagónicos y las plataformas marinas.
Lago Argentino y los grandes lagos glaciarios
Una de las fichas más relevantes para la región describe los Lagos Andinos de Patagonia Austral, un ecosistema que incluye cuerpos de agua vinculados con glaciares y campos de hielo.
El informe destaca que estos lagos constituyen la mayor reserva de agua dulce de la Argentina. Entre ellos se encuentra el lago Argentino, con una superficie de 1.560 kilómetros cuadrados, identificado como el lago natural más grande del país y el tercero de Sudamérica.
También forman parte de este sistema otros grandes lagos compartidos con Chile, como el San Martín-O’Higgins, Pueyrredón-Cochrane y Buenos Aires-General Carrera, además de los lagos Belgrano y Burmeister. Son ambientes profundos, fríos, de origen glaciar y con baja concentración de nutrientes.
Estos ecosistemas brindan agua dulce, regulación hídrica y climática, pesca, valor estético, recreación y ecoturismo. Un 36,2% de su superficie se encuentra bajo alguna categoría de protección, principalmente dentro de los parques nacionales Los Glaciares, Perito Moreno y Tierra del Fuego.
Entre sus amenazas, el inventario menciona la retracción de los glaciares, los cambios en el uso del suelo, la expansión urbana y la presencia de salmónidos exóticos.
La cuenca que conecta El Calafate y El Chaltén con el Atlántico
Otro de los ecosistemas definidos corresponde a las cuencas de los ríos Santa Cruz y Chico, una superficie de más de 57.000 kilómetros cuadrados que se extiende desde el Campo de Hielo Patagónico Sur hasta la costa atlántica.
En su cabecera se encuentran los lagos Viedma y Argentino. De este último nace el río Santa Cruz, cuyo comportamiento se encuentra fuertemente condicionado por el derretimiento de los glaciares. Esa influencia explica que sus mayores caudales se produzcan durante el verano y que sus aguas transporten una importante carga de sedimentos glaciarios.
El informe señala que el río Santa Cruz registra un caudal medio de aproximadamente 715 metros cúbicos por segundo en su naciente. Sus aguas nunca son completamente transparentes debido a los sedimentos procedentes del ambiente glaciar.
En la cuenca se registraron ocho especies de peces, cuatro nativas y cuatro introducidas. Entre estas últimas aparecen la trucha arcoíris, el salmón Chinook, la trucha de lago y la trucha marrón.
El sistema brinda agua dulce, pesca, regulación hídrica, recreación y ecoturismo. Dieciocho áreas protegidas abarcan cerca del 16% de la cuenca, entre ellas los parques nacionales Los Glaciares, Perito Moreno y Monte León.
La ficha identifica como amenazas a las obras de las dos represas sobre el río Santa Cruz, por su capacidad para modificar el régimen hidrológico y la biota, y advierte que la disminución de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas medias también podrían alterar el caudal.
Cuencas que atraviesan toda la provincia
El relevamiento individualiza otras grandes cuencas santacruceñas.
La del río Deseado se extiende desde la cordillera hasta el océano Atlántico sobre más de 33.000 kilómetros cuadrados. Brinda agua para consumo e irrigación y participa en el ciclo hídrico de una de las regiones más secas de la provincia.
Sus principales presiones ambientales provienen de la ganadería intensiva, la extracción de hidrocarburos y la minería. El documento también menciona riesgos para la calidad del agua por el uso de sustancias como el cianuro y por eventuales derrames, además de la presencia de la invasora didymo y de salmónidos introducidos.
La cuenca del río Coyle o Coig, de casi 20.000 kilómetros cuadrados, nace en la meseta y desemboca en el Atlántico a través de un estuario. Sus servicios incluyen agua dulce, irrigación, pesca y recreación. Sin embargo, apenas 21 kilómetros cuadrados aparecen bajo alguna categoría de protección. Sus amenazas incluyen la presencia de trucha marrón y la explotación de hidrocarburos en el sector sudeste.
En el extremo sur se encuentra la cuenca del río Gallegos, que ocupa unos 9.655 kilómetros cuadrados y comparte parte de sus nacientes con Chile. El estudio advierte sobre concentraciones elevadas de nutrientes, bacterias y coliformes fecales en sectores urbanizados del río Turbio y de Río Gallegos.
Entre las amenazas identifica una reducción sostenida del caudal, atribuida a la caída de las precipitaciones y al consumo para riego. También menciona los efectos de la minería del carbón, la actividad energética, la exploración de hidrocarburos y la presencia de peces exóticos. Solo el 1% de la cuenca se encuentra dentro de áreas protegidas.
Lagos y ríos que escurren hacia el Pacífico
No todas las aguas de Santa Cruz desembocan en el Atlántico. Una parte de la provincia integra cuencas binacionales que drenan hacia Chile y finalmente llegan al Pacífico.
Es el caso de los lagos Buenos Aires y Pueyrredón, cuyas cuencas abarcan aproximadamente 5.615 kilómetros cuadrados. Son sistemas alimentados por ríos, precipitaciones y glaciares de montaña. El informe califica como muy buena la calidad del agua, aunque advierte que todavía existen grandes vacíos de información y que no hay estaciones de medición de caudal en varias subcuencas. Sus principales amenazas son los salmónidos y el visón americano.
Más al sur, la cuenca del río Mayer y el lago San Martín incluye ríos, lagos y glaciares conectados con el sistema O’Higgins-San Martín. Cerca del 2,6% de la cuenca está cubierta por hielo y el principal glaciar identificado es el Narváez. El área se encuentra escasamente poblada y mantiene un alto nivel relativo de protección: aproximadamente el 42% de su superficie está comprendida en el Parque Nacional Perito Moreno y reservas provinciales.
También se incorporaron las cuencas de los ríos Vizcachas y Don Guillermo, próximas a la Sierra de los Baguales. El estudio señala que sus aguas presentan baja mineralización y escasas concentraciones de nutrientes. Sin embargo, no poseen áreas protegidas y existen proyectos de captación de agua para irrigación que podrían reducir significativamente sus caudales. El crecimiento del turismo aparece mencionado como una actividad que, sin planificación, podría generar nuevos conflictos ambientales y sociales.
Las lagunas de las mesetas y el macá tobiano
El inventario dedica especial atención a las lagunas permanentes y temporarias de las mesetas del Strobel y del Lago Buenos Aires.
Estos ambientes ocupan una superficie estimada de 7.178 kilómetros cuadrados y presentan enormes diferencias entre sí. Algunas lagunas son transparentes y están cubiertas por vegetación; otras tienen elevada turbidez, mayor concentración de nutrientes o altos niveles de sales. Muchas permanecen congeladas desde el otoño hasta finales de la primavera.
Durante el verano constituyen áreas de reproducción y alimentación para numerosas aves acuáticas, entre ellas el macá tobiano, especie endémica de Santa Cruz y en peligro crítico de extinción.
El informe advierte que la reducción de las precipitaciones está provocando descensos en los niveles de agua e incluso la desecación de algunas lagunas. A ello se suma la introducción de truchas: más de 40 lagunas de la meseta del Strobel fueron sembradas con trucha arcoíris para acuicultura o pesca deportiva. Esa modificación puede transformar lagunas claras y vegetadas en ambientes turbios.
Los lagos profundos de la meseta del Strobel, como el Strobel, Quiroga Grande, Quiroga Chico y la laguna El Islote, fueron considerados por separado. El informe recuerda que estos ambientes carecían originalmente de peces y que la introducción de truchas modificó sus comunidades ecológicas.
La laguna El Islote fue uno de los principales sitios reproductivos del macá tobiano durante la década de 1980, pero perdió calidad como hábitat debido, probablemente, a la combinación de la caída del nivel del agua y la presencia de truchas.
Otro ecosistema reúne a los lagos Ghio y Cardiel. Este último ocupa unos 460 kilómetros cuadrados y alcanza una profundidad máxima de 76 metros. Es un sitio relevante para estudios paleoambientales y registra evidencias de retracción desde mediados del siglo XX.
La reducción de las precipitaciones y la introducción de salmónidos figuran nuevamente entre las principales amenazas. El inventario señala que ninguno de estos dos lagos se encuentra dentro de un área protegida.
Las estepas que definen el paisaje santacruceño
En tierra firme, buena parte de Santa Cruz aparece incluida en distintas clases de estepa, lo que permite reconocer diferencias que suelen quedar ocultas cuando se habla genéricamente de “estepa patagónica”.
El Distrito Central, por ejemplo, comprende una estepa baja en las mesetas y sierras próximas a los lagos Strobel y Cardiel. Allí, la intensificación de la ganadería ovina puede disminuir la cobertura vegetal y acelerar la erosión eólica. Solo el 5,2% de su superficie está protegido.
La estepa arbustiva de mata negra ocupa mesetas ubicadas al norte y al sur del valle del río Santa Cruz. Su vegetación puede alcanzar una cobertura del 60% y está dominada por la mata negra. Entre los servicios que brinda aparecen la producción ganadera, los recursos genéticos forrajeros y el control de la erosión.
Sin embargo, apenas el 3% de este ecosistema se encuentra protegido. El sobrepastoreo puede provocar pérdida de cobertura vegetal y favorecer el avance de la erosión eólica.
La estepa magallánica seca, característica del sur provincial, está formada principalmente por pastizales de coirón fueguino, sectores arbustivos, bajos y lagunas temporarias. Alberga guanacos, pumas, choiques, cauquenes y flamencos, además de especies de gran valor de conservación como el macá tobiano y numerosas aves costeras.
Este ecosistema brinda regulación hídrica, control de la erosión, producción de suelos, valor estético, sentido de pertenencia, recreación y ecoturismo. Sin embargo, solo el 0,3% aparece dentro de áreas con algún grado de protección.
Entre las principales amenazas se mencionan el sobrepastoreo, la erosión eólica, las especies exóticas, la urbanización, los efluentes hidrocarburíferos y la degradación de matorrales.
La estepa magallánica húmeda, localizada en el sur de Santa Cruz y el norte de Tierra del Fuego, ocupa zonas con mayor influencia oceánica y precipitaciones más distribuidas durante el año. Incluye pastizales, vegas, mallines y sectores costeros utilizados por aves migratorias.
Sus amenazas son similares: contaminación asociada a hidrocarburos y basurales, erosión, sobrepastoreo, especies invasoras, urbanización, desmontes y prospecciones petroleras.
Alta montaña y bosques andino-patagónicos
En el oeste provincial, por encima del límite del bosque, aparece el ecosistema Altoandino Sur. Se trata de ambientes fríos, rocosos y con vegetación escasa, adaptada a las nevadas, los vientos y las bajas temperaturas.
Aunque su flora es menos diversa que la de otros sectores altoandinos, reúne más de 360 especies y numerosas plantas endémicas. También contiene hábitats utilizados por cóndores, guanacos, pumas y zorros colorados.
Entre los servicios que presta se encuentran la regulación hídrica, la recreación y el ecoturismo. Sus principales amenazas son la minería a cielo abierto, la erosión y la dispersión de especies exóticas asociadas a caminos, huellas vehiculares y senderos.
Más abajo se desarrollan los bosques andino-patagónicos, dominados en Santa Cruz principalmente por lengas y ñires. Estos bosques forman mosaicos con praderas, turbales y vegetación de altura, y albergan especies emblemáticas como el huemul, el puma, el guanaco, el cóndor y el carpintero gigante.
Además de su valor productivo, los bosques regulan el clima, sostienen la productividad primaria y poseen una fuerte importancia estética, recreativa, turística, cultural y espiritual.
El 58,3% del ecosistema se encuentra dentro de áreas protegidas, entre ellas los parques nacionales Los Glaciares y Perito Moreno. Aun así, enfrenta amenazas como los incendios, el cambio climático, la urbanización, el sobrepastoreo, la fragmentación del hábitat y especies invasoras como la rosa mosqueta y la avispa chaqueta amarilla.
El ecosistema marino frente a Santa Cruz
El inventario no termina en la costa. Frente al litoral santacruceño se extiende la Plataforma Magallánica, uno de los ambientes marinos más productivos y diversos del extremo austral.
Tiene una superficie de aproximadamente 100.500 kilómetros cuadrados y se caracteriza por la mezcla de sus aguas debido a las mareas y los intensos vientos del oeste. Allí se desarrollan redes alimentarias que incluyen crustáceos, sardina fueguina, merluza de cola, merluza negra, róbalo, centolla y centollón. También es hábitat de pingüinos, cormoranes, toninas overas, delfines australes y ballenas sei.
Este ecosistema brinda pesca artesanal e industrial, secuestro de carbono, regulación hídrica, control de la erosión costera, recreación, ecoturismo, educación e investigación.
Entre las áreas de conservación aparecen el estuario del río Santa Cruz y los parques interjurisdiccionales marinos Makenke e Isla Pingüino. Sin embargo, solo el 6,6% de la superficie total cuenta con algún grado de protección.
Las amenazas incluyen la explotación de recursos pesqueros compartidos con otros países, los derrames de hidrocarburos, los efluentes urbanos, los plásticos y la degradación de hábitats por infraestructura portuaria y energética.
Más mar adentro, la Plataforma Austral y Malvinense integra uno de los frentes oceánicos más productivos del hemisferio sur. Cumple funciones esenciales para la pesca, el secuestro de carbono y la reproducción y alimentación de aves y mamíferos marinos. Sus principales amenazas son la pesca no regulada fuera de la Zona Económica Exclusiva y la contaminación por plásticos.
Una herramienta para tomar decisiones
El valor del nuevo inventario no reside únicamente en mostrar la diversidad natural de Argentina. Su importancia práctica está en que ofrece una base común para decidir dónde conservar, qué restaurar, cómo evaluar una obra y qué impactos deben tenerse en cuenta antes de transformar un territorio.
El nuevo mapa no es una fotografía definitiva. Es una línea de base para seguir estudiando territorios en permanente transformación. Pero por primera vez, el país dispone de una plataforma que integra bajo criterios comunes sus ambientes marinos, continentales y terrestres.
Para Santa Cruz, esa mirada confirma algo evidente en el paisaje, pero hasta ahora no expresado con este nivel de detalle: la provincia reúne una de las mayores sucesiones de ecosistemas de Argentina, desde el hielo continental hasta las aguas profundas del Atlántico Sur.