Naturaleza Por: Hector Lara23/08/2026

Abejas y polinización: una mirada científica sobre las Islas Malvinas

¿Hay abejas en las Islas Malvinas? La pregunta es el punto de partida de una nueva publicación del proyecto comunitario “Vi Un Abejorro”, una iniciativa impulsada por estudiantes e investigadores de la Universidad Nacional del Comahue y el CONICET, dedicada al monitoreo de las poblaciones de abejas y abejorros nativos de Argentina y al seguimiento del avance de especies exóticas.

 El grupo desarrolla investigaciones vinculadas principalmente con la polinización y sus trabajos en Patagonia estudian y aportan información para la conservación de especies como el mangangá naranja.

En esta oportunidad, el proyecto puso el foco en las poblaciones de abejas de las Islas Malvinas y en las particulares condiciones ambientales que explican su ausencia.

PROYECTO VI UN ABEJORRO. Charlas sobre conservación de una especie patagónica amenazada

Las Islas Malvinas se encuentran aproximadamente a 450 kilómetros de la costa continental argentina y presentan un clima frío, marcado por fuertes vientos. Su vegetación también está adaptada a estas condiciones: predominan las estepas y las plantas de porte bajo, mientras que prácticamente no existen árboles. De acuerdo con la información difundida, estas características hacen que las islas no parezcan un ambiente especialmente favorable para las abejas.

A pesar de ello, el archipiélago posee una biodiversidad particular y desde hace años es considerado un territorio de interés para la conservación. Se estima que allí existen alrededor de 200 especies de insectos, entre las que predominan escarabajos, moscas, mariposas y polillas.

Pero frente a la pregunta inicial, la respuesta es contundente: no existen abejas nativas en las Islas Malvinas.

La ausencia de abejas no impidió que se realizaran intentos para establecer poblaciones de abejas de la miel (Apis mellifera). Desde aproximadamente 1940 se llevaron adelante diferentes experiencias de introducción de esta especie. Sin embargo, los intentos no prosperaron debido a las condiciones ambientales de las islas.

Uno de los principales obstáculos es la escasez de alimento, particularmente de plantas que ofrezcan una disponibilidad abundante de polen y néctar. A esto se suman los fuertes vientos, que dificultan considerablemente el vuelo de estos insectos. El viento también genera otro problema para la supervivencia de las colonias: dificulta el apareamiento, afectando de esta manera la continuidad de las poblaciones.

Algunas pocas colonias lograron mantenerse durante determinados períodos, pero tuvieron que ser criadas en celdas de vidrio especialmente acondicionadas para conservar el calor. Aun así, tampoco lograron prosperar a largo plazo.

La ausencia de polinizadores nativos plantea otro aspecto interesante del ecosistema de las islas: ¿cómo se reproducen las plantas? Según explican, ante la falta de estos polinizadores, la mayoría de las especies vegetales presentes en las Islas Malvinas utiliza otros mecanismos para reproducirse. Una de las estrategias es la autopolinización, mediante la cual una planta utiliza su propio polen para producir semillas. Otra es la anemofilia, es decir, la transferencia del polen a través del viento.

De esta manera, las características ambientales que dificultan la presencia y supervivencia de las abejas también forman parte de un ecosistema en el que las plantas han desarrollado estrategias adaptativas para garantizar su reproducción.

Para conocer más sobre las abejas, los abejorros y participar del proyecto “Vi Un Abejorro” que propone acercar este tipo de conocimientos a la comunidad se puede consultar www.abejorros.ar.

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