El arte se activó en el Centro Cultural Calafate con talleres y experiencias participativas
La jornada comenzó a las 17:00 con la propuesta de Camila Lina Smart, denominada “La autoconstrucción como práctica artística”, que abordó el ensamblaje sensitivo, la bioconstrucción y la autoconstrucción del espacio propio.
A partir de materiales como el barro utilizados habitualmente en la construcción sustentable, los participantes trabajaron a pequeña escala en la creación de estructuras que luego fueron cubiertas tanto con el barro, coirón seco y palos. Algunas de ellas tomaron como referencia el nido del hornero, mientras que otras adoptaron otras formas minimalistas.
“Por un ratito volvimos a ser niños, y nos dimos cuenta de cosas muy grandes… podemos hacer algo con lo que está ahí, como una casa con el barro de nuestra vereda”, fue una de las reflexiones surgidas durante la experiencia de Smart.
La segunda actividad estuvo a cargo de Laura Calleja, una de las artistas que forman parte de la muestra, quien propuso una “Experiencia de observación fenomenológica del cuerpo vegetal, registro y conversatorio de pequeño formato”.
La propuesta partió del contacto directo con diferentes piezas vegetales frescas y de una guía introspectiva mediante la cual la artista compartió con los participantes parte del método utilizado para desarrollar la obra que expone: “Del jardín interior - Organismo memoria - Antes de que el color se sepa nombre”.
“Pintar estos organismos es suspender los sedimentos de lo vivido en el acto de pintar: revivenciar lo experienciado, verlo transformarse con otras vivencias. Qué persiste en mí, cuál es la fuerza inconsciente que me mueve, cómo se ‘ve’”, explica acerca de su proceso creativo.
Luego, quienes participaron seleccionaron una rama vegetal y plasmaron sus impresiones mediante dibujos realizados con lápices de colores. Esas producciones no quedaron solamente como registro de la experiencia, sino que pasaron a formar parte de la propia obra expuesta en la muestra.
La tercera propuesta estuvo a cargo de Lorena Martellini, quien brindó el taller “Gesto en el tiempo”, un espacio de diálogo sobre los gestos del territorio y de confección de cuentas cerámicas destinadas a incorporarse a su obra.
Como ceramista, Martellini llevó arcillas recolectadas en diferentes sectores, entre ellos el Río de las Vueltas, además de materiales provenientes de otros puntos de la provincia de Santa Cruz. El objetivo fue continuar expandiendo “CHIRULELON”, una obra colectiva de más de 15 metros de extensión. Cada participante tuvo la posibilidad de elaborar una o varias cuentas cerámicas a partir de una pequeña porción de arcilla que fue moldeada y perforada para luego atravesar el proceso de transformación mediante el fuego.
“Dejando nuestra huella única, la perforamos y luego se lleva a transformar en fuego. Las personas que habitaron este territorio las creaban, quizá como ofrenda, para adornarse o ser recordados”, explicó la artista.
El nombre Chirulelon surge de la combinación de las palabras Chelelon, que significa mariposa, y Chirulajen, que significa ola. La obra propone así construir memoria a partir de la participación y del encuentro: “Construyendo memoria uniendo nuestras identidades en un gran collar que funcione como un archivo en el territorio. Nosotrxs somos el material, un collar hecho de relaciones…”.
De esta manera, las tres propuestas desarrolladas durante la jornada volvieron a poner en movimiento las obras de “El Entre. Constelaciones oscuras”, transformando la muestra en un espacio de experimentación y participación colectiva.
Las actividades continuarán el próximo sábado, en el mismo horario, con nuevos talleres y conversatorios que serán anunciados durante la semana.