La histórica nevada de 1995 revive en una instalación artística en El Calafate
En la Sala de Arte del Centro Cultural Calafate, ubicada en el sector superior del edificio del cine, se presenta la muestra colectiva “El Entre. Constelaciones Oscuras”, una propuesta que reúne el trabajo de nueve artistas vinculados a Santa Cruz y que surge del laboratorio de prácticas artísticas “Porciones del todo”, coordinado por Ale Montiel.
Entre las obras se encuentra una instalación de la artista, gestora cultural y docente Cecilia Caamaño Pagniez, nacida en Río Gallegos en 1983 y actualmente radicada en El Calafate. Su propuesta, titulada “Relatos de la Nevada del siglo - Río Gallegos 1995”, recupera las voces y recuerdos de quienes vivieron uno de los fenómenos meteorológicos más extraordinarios registrados en la región.
La obra parte de una experiencia personal. Cecilia tenía 11 años cuando ocurrió aquella nevada y decidió abordar el acontecimiento no desde una reconstrucción histórica de los hechos, sino desde la manera en que quedó registrado en la memoria de las personas. “Mi obra es una instalación que tiene un dispositivo sonoro. Entonces uno experimenta los recuerdos de la Nevada del 95 a través de relatos de distintas personas”.
Y agregó: “Tuve esta idea de poder plasmar un recuerdo que no necesariamente tiene que ser histórico o una búsqueda de qué es lo que realmente pasó, sino lo que uno siente, estas vivencias de qué es lo que uno recuerda de lo que pasó”.
La instalación reúne testimonios muy diferentes entre sí. Algunos evocan momentos cotidianos y hasta felices, mientras que otros recuerdan situaciones de aislamiento, dificultades y preocupación. “De repente hay personas que empiezan a hablar de qué era la mañana, qué era la tarde, qué era la noche. Personas que la pasaron muy bien, personas que la pasaron muy mal, situaciones difíciles tanto en lo urbano como en lo rural”, relató Caamaño Pagniez.
La propuesta busca justamente poner en diálogo esas distintas experiencias y mostrar cómo un mismo acontecimiento puede permanecer de maneras muy diferentes en la memoria de cada persona.
El texto curatorial de Ale Montiel sintetiza esa dimensión colectiva: “Un recuerdo, varios recuerdos, nuestro recuerdo. Voces de un relato único que nos marcó para siempre en la memoria de Santa Cruz”.
La curaduría también describe aquella experiencia como un tiempo suspendido: “La puerta que nos protege del afuera y nos limita a salir permaneciendo inmóviles. El tiempo se detuvo y como la nieve el sonido se atenuó dejando un manto de más de un metro que duró días, semanas, meses, y que sigue resonando cada vez que empieza a nevar aquí en el Sur”.
Durante la activación del sábado, la artista incorporó además fotografías y filmaciones vinculadas con la nevada, que fueron utilizadas para una pequeña proyección mientras los asistentes podían escuchar los testimonios. “Para esta activación estuve recopilando no solamente los recuerdos y las memorias a través del audio, sino que lo que es registro fotográfico y filmaciones”.
Sin embargo, la obra todavía está en proceso. Como parte de la propuesta del laboratorio, la instalación no se presenta como una pieza cerrada, sino como una investigación que continúa incorporando nuevas voces y materiales. “Si hay personas que tienen sus relatos o recuerdos de la Nevada 95, ya sea fotográficos, ya sea video, siempre es bienvenido porque quiero seguir escuchando y encontrando”, señaló Caamaño Pagniez.
En ese sentido, en la sala de exposiciones hay un código QR que permite acceder directamente al Instagram de la propuesta y ponerse en contacto con la artista para aportar testimonios, fotografías o registros audiovisuales.
La histórica nevada de 1995 es recordada como uno de los acontecimientos climáticos más significativos de la historia reciente de Santa Cruz y de buena parte de la Patagonia. “Estos recuerdos de la nevada del 95, que fue la nevada del siglo y que nos marcó a todos los santacruceños y no solamente acá en Santa Cruz sino también en todo el resto de la Patagonia, desde Bariloche hasta Ushuaia, fue un evento que no volvió a suceder por suerte”. A más de tres décadas de aquel episodio, la memoria permanece asociada incluso a las nevadas actuales: “Muchas veces cuando empieza a nevar nos empezamos a cuestionar si no va a volver a pasar”.
La instalación de Caamaño Pagniez propone así volver sobre aquel acontecimiento desde un lugar íntimo y colectivo. No intenta establecer una única versión de lo sucedido, sino reunir las múltiples formas en que una comunidad recuerda.
La artista también destacó el diálogo generado entre las distintas propuestas que integran “El Entre. Constelaciones Oscuras”: “Hubo mucho diálogo entre las obras y yo creo que eso se puede sentir y se puede ver en la muestra más allá de que los formatos y las investigaciones fueran muy diferentes”. La exposición reúne nueve procesos artísticos desarrollados desde febrero en el laboratorio “Porciones del todo”, bajo la coordinación de Ale Montiel.