
Los perros que ayudan a proteger especies amenazadas por el visón en la Patagonia
Guillermo Pérez Luque


La problemática del visón americano (Neovison vison), especie exótica invasora responsable de graves daños a las especies nativas en la Patagonia, ha llevado a la implementación de diversas estrategias para poder frenar su avance en la región y buscar erradicarlos.
El visón americano llegó a la Patagonia en la década del 30, traído con fines peleteros, y desde entonces se convirtió en una especie invasora sin depredadores naturales en la región. Su expansión descontrolada ha afectado a múltiples especies nativas, en especial aves en peligro de extinción como el macá tobiano, el pato de los torrentes, el pato de anteojos, la gallineta chica y el cauquén real.


Una amenaza para la biodiversidad
Patrick Buchanan es coordinador del programa de perros en conservación de la Fundación Macá Tobiano. En entrevista con Ahora Calafate señaló: “El visón es una especie totalmente generalista. Depredan sobre aves, sobre huevos, sobre pequeños mamíferos, roedores... Todas las presas sufren un impacto muy alto porque el visón americano es una especie que tiene un metabolismo muy alto y necesita estar comiendo constantemente”.
Todavía se recuerda tristemente cuando “en una sola noche, un visón mató 33 macáes y apenas se comió uno o dos. Tiene un comportamiento de cazar en exceso para entrenarse”.

Además de las aves, este carnívoro oportunista depreda huevos, pequeños mamíferos y causa estragos en gallineros rurales. También es portador de enfermedades como leptospirosis y toxoplasmosis, que afectan a la fauna nativa y a animales domésticos.
Con ese escenario, en la actualidad se llevan adelante planes de control en varios sectores de la Patagonia. Uno de ellos es el área del río de las Vueltas, en la zona de El Chalten.
Desde 2012, la Fundación Macá Tobiano trabaja en Santa Cruz y otras provincias patagónicas con un plan de control basado en trampas. El objetivo central es reducir significativamente el impacto del visón en las especies nativas, usando técnicas como trampas, transectas de signos, cámaras trampa y, mas recientemente, con perros entrenados.

En Santa Cruz ya se capturaron más de 450 visones. “Hemos logrado muy buenos resultados en algunos sectores, pero no podemos decir que la estamos ganando. Es una batalla larga y difícil”, admitió Buchanan.
La innovación: perros rastreadores
El punto de inflexión fue en 2018, con la incorporación de perros entrenados para detectar rastros y madrigueras de visones. “Cuantos menos individuos quedan, más difícil es atraparlos. Ahí dijimos: ¿por qué no probamos con perros?”, relató Buchanan.
“Nos dimos cuenta de que teníamos una limitante en nuestro trabajo y surgió así la idea de empezar a trabajar con perros, porque el problema con el visón no solamente es que es difícil capturarlo, sino que también es muy difícil encontrarlo”.
Así nació la prueba piloto con Hobbes, un labrador que se convirtió en pionero. “Hobbes fue nuestro perro escuela, el que nos enseñó que esto podía funcionar. Gracias a él pudimos detectar visones en ambientes muy complejos donde antes ni sabíamos si había presencia”, destacó.

El coordinador contó a Ahora Calafate que “lo que hicimos fue copiar o replicar el método de entrenamiento de perros de búsqueda de la fuerza de seguridad, pero en vez de usar aromas de drogas o explosivos, utilizamos el olor del visón americano”.
El proceso de entrenamiento llevó más de un año y medio, donde se trabajó con perros de diferentes razas, pero sin requisitos específicos, ya que lo que importa es la calidad del adiestramiento.
“Nosotros buscamos que el perro pueda encontrar y no pasar por alto los rastros del visón, porque en ambientes de baja abundancia, eso requiere una búsqueda meticulosa”, precisó Buchanan. En la práctica, los perros detectan madrigueras, rastros y escondites de los visones en ambientes de difícil acceso, en bosques, estepas y zonas de difícil tránsito en la Patagonia.

El perro Hobbes fue el pionero en la experiencia, y con los años ya trabajan en conjunto tres perros especializados. La capacidad olfativa de estos animales permite localizar individuos y madrigueras con una efectividad que duplica los resultados obtenidos solo con trampeo tradicional. “En el río Éker logramos bajar por varios kilómetros la abundancia de visones a un punto muy cercano a cero”, explicó Buchanan a Ahora Calafate.
En la cuenca del Río de las Vueltas, por ejemplo, trabajan con más de 80 trampas activas durante casi todo el año, combinadas con la búsqueda canina en sitios clave. “No es un trabajo que por tener más recursos se acelere mucho. La logística es dura y las distancias grandes. Pero cuando uno ve los resultados, siente que vale la pena”, concluyó.







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