
Acto por los 50 años del golpe de Estado con testimonios y memoria activa
Guillermo Pérez Luque

En el día del 50° aniversario del golpe de Estado de 1976, se realizó en El Calafate una jornada de memoria que comenzó con una movilización por la avenida Libertador y culminó con un acto central en la Plaza de la Memoria.
La concentración tuvo lugar en la Plaza Perito Moreno, desde donde partieron vecinos, organizaciones sociales, agrupaciones políticas,
Ya en la Plaza de la Memoria, se desarrolló el acto con la presencia de autoridades locales, instituciones educativas, acompañados por sus banderas de ceremonia, y una importante cantidad de público. La jornada estuvo marcada por el clima frío y ventoso, aunque eso no impidió una convocatoria numerosa.


El acto comenzó con la entonación del Himno Nacional Argentino y continuó con un minuto de silencio, mientras se proyectaban imágenes de personas santacruceñas desaparecidas durante la dictadura.

Luego se dio paso a los testimonios, que aportaron una mirada profunda y personal sobre lo ocurrido durante aquellos años.
“El golpe fue a la Constitución”
El primero en hablar fue Carlos Rosel, sobrino del ex diputado provincial Juan Carlos Rosel, desaparecido en diciembre de 1976.
“Son 50 años buscando, 50 años de memoria, verdad y justicia. Hoy no es un día más”, comenzó, al remarcar la vigencia del reclamo.
En su intervención, amplió la mirada sobre el impacto del golpe de Estado: “El golpe fue a la Constitución Nacional y Provincial”, sostuvo, al explicar que no solo se trató de desapariciones, sino también de la ruptura del orden institucional y la pérdida de derechos.

También hizo referencia al contexto actual y pidió a los representantes políticos que reafirmen su compromiso democrático, con una declaración clara contra los golpes de Estado y las violaciones a los derechos humanos.
En relación a los desaparecidos, fue contundente: “Mientras haya pacto de silencio entre los genocidas, no habrá ni olvido ni perdón”, reclamando conocer el destino de las víctimas.
Rosel recordó además la figura de su tío, destacando su militancia y compromiso político. Un diputado joven, con vocación de servicio, que “se jugó por sus convicciones” y fue secuestrado a los 32 años de edad.
Hacia el cierre, dejó un mensaje de continuidad: “No se trata solo de recordar, se trata de seguir peleando”, vinculando la memoria con las luchas actuales.
“La Democracia no es perfecta, depende de nosotros”
El segundo testimonio fue el de Humberto “Tito” Quiñones, quien relató su experiencia personal durante la Dictadura. “No soy una persona detenida y aparecida, soy un secuestrado que apareció”, expresó, marcando desde el inicio el tono de su relato.
Quiñones recordó que la persecución a militantes no fue inesperada para muchos de ellos. “Sabíamos que cuando la juventud se pone en defensa del pueblo, estas cosas pueden pasar”, señaló.

En su discurso, vinculó el pasado con el presente y con el actual gobierno nacional, al advertir que los mecanismos de exclusión y desigualdad continúan vigentes. “Los golpes siempre son económicos”, afirmó, al sostener que detrás de estos procesos hay intereses sobre los recursos del país.
También hizo un llamado a la participación activa. “La democracia no es perfecta, depende de nosotros”, dijo, remarcando la responsabilidad ciudadana en sostenerla.
Además, alertó sobre nuevas formas de vulneración de derechos. “Hoy ya no nos matan a tiros, sino de hambre, de injusticia”, expresó Quiñones, al tiempo que lanzó fuertes críticas al Poder Judicial.
Antes de finalizar, convocó a no abandonar la militancia y la memoria. “No podemos quedarnos en la casa”, insistió, en un mensaje dirigido especialmente a las nuevas generaciones.

“No sabemos dónde está… y aún lo sigo esperando”
El último testimonio fue el de Sabina Paredes, prima de Segundo Villagra, joven universitario desaparecido. “Yo viví con él… con solamente 22 años lo desaparecieron”, relató, al comenzar un discurso atravesado por la memoria familiar.
Paredes recordó a su primo como un joven comprometido con sus estudios y con valores claros. Destacó su paso por distintas ciudades y su formación, así como su vocación y forma de pensar.
En su testimonio, puso el foco en el dolor que genera la incertidumbre por ser un desaparecido más. “No tenemos dónde ir a llorarlo porque no sabemos dónde está”, expresó.
En uno de los momentos más emotivos, afirmó: “Aún lo sigo esperando”, reflejando la persistencia de la búsqueda y el impacto que la desaparición tiene en las familias incluso décadas después.

También convocó a los jóvenes a informarse y conocer lo ocurrido. “Que estudien, que lean, porque esto es historia real”, pidió, destacando la importancia de transmitir la memoria.
El acto también incluyó la lectura de un poema y una representación teatral en homenaje a las Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo.
Además, jóvenes presentes compartieron reflexiones, sumando sus voces a una jornada que combinó memoria, testimonio y expresión colectiva.
A 50 años del golpe, la jornada volvió a poner en primer plano la necesidad de mantener viva la memoria, sostener el reclamo de verdad y justicia y reafirmar el compromiso con la democracia.






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