
Más allá de la ganadería: las zonas de Santa Cruz que más beneficios aportan a la naturaleza y a las personas
Guillermo Pérez Luque
Durante décadas, gran parte del territorio de Santa Cruz fue valorado principalmente por su capacidad para producir lana, carne o recursos minerales. Sin embargo, una investigación científica acaba de demostrar que los ambientes naturales de la provincia generan muchos otros beneficios que resultan fundamentales para la sociedad, aunque la mayoría de ellos no se reflejen en un precio de mercado.
El estudio, realizado por investigadores del INTA, CONICET, la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) y otras instituciones académicas, fue publicado en la revista internacional Cambridge Prisms: Drylands y constituye el primer relevamiento integral de los servicios ecosistémicos de Santa Cruz. Para ello, los especialistas combinaron imágenes satelitales, modelos ambientales y registros de biodiversidad para construir un mapa que permite conocer qué regiones de la provincia concentran mayor riqueza natural y cuáles aportan más beneficios ambientales y sociales.


Los científicos utilizan el concepto de "servicios ecosistémicos" para describir todos aquellos beneficios que la naturaleza brinda a las personas. Algunos son evidentes, como la producción ganadera o forestal, pero existen muchos otros menos visibles: la capacidad de almacenar carbono y ayudar a mitigar el cambio climático, conservar los suelos, regular el agua, mantener hábitats para la flora y la fauna, e incluso sostener actividades recreativas y turísticas gracias a la belleza de los paisajes.
Como resume el propio trabajo, "los beneficios que obtenemos de la naturaleza van mucho más allá del suministro directo de alimentos, combustible o fibras", una afirmación que resume el espíritu de toda la investigación.

Uno de los resultados más interesantes es que no existe un único ambiente "más valioso", sino que cada ecosistema cumple funciones diferentes.
Los humedales, por ejemplo, aparecen como los ambientes con mayor capacidad para almacenar carbono, conservar agua y sostener una elevada productividad biológica. Además, obtienen los valores más altos como paisajes recreativos y turísticos, convirtiéndose en piezas clave tanto para la conservación como para actividades vinculadas al turismo de naturaleza.
Los matorrales, en cambio, demostraron ser verdaderos refugios para la biodiversidad. En especial los matorrales de Mata Negra, que presentan algunos de los índices más elevados de riqueza de especies de toda la provincia. Allí conviven numerosas especies de plantas, aves, reptiles, insectos y mamíferos, conformando ecosistemas de enorme importancia ecológica que muchas veces pasan desapercibidos frente a otros paisajes más conocidos de la Patagonia.

El estudio también permitió identificar las regiones donde se concentra la mayor biodiversidad de Santa Cruz. Los mapas elaborados por los investigadores muestran tres grandes sectores destacados: el extremo norte de la provincia, el extremo sur y una amplia franja del centro santacruceño. Según explican los autores, estas zonas presentan una mayor diversidad de ambientes naturales y, en muchos casos, una menor intervención humana.
"La limitada accesibilidad puede haber contribuido a los mayores valores de biodiversidad observados en estas regiones", sostienen los investigadores.
Aunque la investigación pone en valor funciones ambientales que muchas veces no se tienen en cuenta, los autores aclaran que esto no implica relegar la producción ganadera, una actividad histórica y estratégica para Santa Cruz.

Por el contrario, proponen avanzar hacia una planificación territorial que contemple simultáneamente la producción y la conservación, evitando que el aprovechamiento intensivo de algunos ambientes termine deteriorando otros servicios que también resultan esenciales para la sociedad.
En ese sentido, advierten que maximizar únicamente la producción puede reducir la capacidad de los ecosistemas para almacenar carbono, conservar especies o regular procesos naturales, comprometiendo beneficios que, aunque no siempre sean visibles, terminan teniendo un impacto directo sobre la calidad de vida de las personas.
"Existe un desafío importante en reconciliar la necesidad de maximizar los servicios de provisión con la preservación de la capacidad de los pastizales para seguir brindando servicios de regulación y soporte", señala el estudio.
Como propuesta, los investigadores plantean avanzar hacia un manejo adaptativo del territorio, donde la intensidad del pastoreo y otras actividades productivas se ajusten a las características de cada ambiente. De esa manera, sostienen, sería posible conservar la biodiversidad y los servicios ambientales sin resignar el desarrollo económico.

El trabajo deja un mensaje que trasciende el ámbito científico: el verdadero patrimonio natural de Santa Cruz no se mide solamente por lo que produce, sino también por todo aquello que sus ecosistemas aportan silenciosamente cada día.
Desde el agua que almacenan los humedales hasta el carbono que capturan los pastizales o los paisajes que atraen visitantes de todo el mundo, esos beneficios constituyen un capital natural cuyo valor comienza ahora a ser cuantificado por la ciencia.
Como concluyen los autores, "nuestros resultados muestran oportunidades para integrar la conservación de la biodiversidad con la preservación de los servicios ecosistémicos", una herramienta que podría contribuir a diseñar políticas públicas más equilibradas para el futuro del territorio santacruceño.
Autores del trabajo: Pablo Luis Peri , Romina Lasagno, Brenton Ladd, María V. Lencinas,
Julián Rodriguez-Souilla y Guillermo Martínez Pastur
TRABAJO COMPLETO






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