
¿Quién camina los senderos de la Patagonia? Un estudio revela cómo cambiaron los visitantes en los últimos 20 años
Guillermo Pérez Luque
Los senderos de montaña ya no se recorren de la misma manera que hace veinte años. Cada vez más personas eligen caminatas alejadas de la infraestructura tradicional, la temporada de trekking se extiende más allá del verano y los visitantes locales ganan protagonismo frente al turismo internacional.
Esas son algunas de las conclusiones de una investigación realizada por científicos argentinos, australianos y del sistema científico nacional que analizó 355.049 registros de trekking acumulados durante dos décadas en el Parque Nacional Nahuel Huapi. Aunque el trabajo se desarrolló en la cordillera de Río Negro y Neuquén, sus resultados aportan información valiosa para otros destinos de montaña, entre ellos el Parque Nacional Los Glaciares, donde el senderismo también registra un crecimiento sostenido.


La investigación fue encabezada por Alondra Crego, Ingeniera Ambiental / Becaria doctoral CONICET-APN ,junto a especialistas del CONICET, la Universidad Nacional del Comahue, el IANIGLA y la Universidad de Tasmania (Australia)
Veinte años de datos para entender cómo cambió el turismo
El estudio buscó responder preguntas aparentemente simples, pero fundamentales para quienes administran áreas protegidas: quiénes caminan por los senderos, cuáles eligen, en qué época del año lo hacen y qué factores explican esos cambios.
"Queríamos saber cómo han cambiado nuestras formas de transitar los senderos del parque durante los últimos veinte años. Quiénes caminan, a dónde van, cuándo los visitan y qué factores influyen en esos patrones", explicó Alondra Crego en una entrevista con Ahora Calafate.
La posibilidad de responder esas preguntas fue posible gracias a una herramienta poco visible para los visitantes, pero de enorme valor científico: el registro obligatorio de trekking que mantiene el Parque Nacional Nahuel Huapi desde hace más de dos décadas.
"Gracias a esos datos podemos conocer cómo han cambiado, en el tiempo y en el espacio, nuestras maneras de transitar la montaña", señaló la investigadora.
Los visitantes locales ganan protagonismo
Uno de los cambios más notorios detectados por el estudio es el crecimiento sostenido de quienes viven en la propia región del PN Nahuel Huapi.
Mientras históricamente predominaban los turistas internacionales y los visitantes provenientes de Buenos Aires, esa relación comenzó a modificarse con fuerza durante la última década.
"Los visitantes internacionales pasaron de representar alrededor del 60 % en 2011 al 12 % en los últimos años, mientras que los residentes locales incrementaron significativamente su participación", explicó Crego.
El trabajo también muestra que ambos grupos utilizan el parque de manera diferente.
Los visitantes que llegan desde otras provincias continúan concentrando sus caminatas durante enero y febrero, mientras que los residentes locales distribuyen sus salidas en los meses de menor demanda, contribuyendo a descomprimir la temporada alta.
Más interés por los senderos agrestes
Otro de los cambios detectados es el crecimiento del uso de senderos sin infraestructura, conocidos en el estudio como "wild trails" o senderos agrestes.
Los tradicionales recorridos hacia refugios de montaña continúan siendo los más frecuentados, pero cada vez más personas buscan experiencias alejadas de los circuitos más concurridos.

"Hay una preferencia por tener experiencias más solitarias o con menor intervención humana. En los últimos años observamos un aumento significativo de personas que eligen lugares más remotos", explicó la investigadora.
Ese fenómeno plantea nuevos desafíos para la conservación, ya que el incremento de visitantes en sectores poco intervenidos puede favorecer la aparición de campamentos informales, erosión de senderos y otros impactos ambientales.
La temporada ya no termina en febrero
Uno de los resultados más interesantes del trabajo es que la temporada de trekking se está extendiendo.
Aunque el verano continúa concentrando la mayor parte de las caminatas, los registros muestran un crecimiento sostenido durante noviembre y abril, meses que históricamente tenían una actividad mucho menor.

Para Crego, este fenómeno también está relacionado con el cambio climático.
La investigadora agregó que este escenario obliga a repensar la gestión de los parques.

Volcanes, incendios y pandemia también dejaron su huella
El estudio también analizó cómo distintos acontecimientos extraordinarios modificaron el comportamiento de los visitantes.
Entre ellos aparecen la erupción volcánica de 2011 del Cordón Caulle-Puyehue, la pandemia de COVID-19 y los incendios forestales, que produjeron cambios temporales en la cantidad de personas y en la distribución espacial de las caminatas en el PN Nahuel Huapi
Los autores concluyen que el turismo en áreas protegidas responde rápidamente a este tipo de eventos y que comprender esos cambios permite anticipar mejor futuras situaciones.
Información para tomar mejores decisiones
Más allá de describir cómo evolucionó el trekking en la Patagonia, la investigación plantea que los registros históricos de visitantes constituyen una herramienta fundamental para mejorar la gestión de las áreas protegidas.
"Cuando conocemos quiénes caminan, hacia dónde van y cuándo lo hacen, contamos con información para planificar la infraestructura, distribuir mejor los recursos operativos, mejorar la experiencia turística y minimizar los impactos ambientales", explicó Crego.

La investigadora considera que el paso siguiente consiste en transformar esos registros en verdaderos sistemas de monitoreo, que permitan evaluar permanentemente cómo evolucionan los patrones de uso y adaptar las decisiones de manejo.
Una experiencia que también puede servir en Los Glaciares
Aunque el estudio se realizó en el Parque Nacional Nahuel Huapi, sus conclusiones tienen puntos de contacto con lo que ocurre en otros destinos patagónicos.
En el Parque Nacional Los Glaciares, especialmente en la zona norte con base en El Chaltén, el crecimiento del trekking, la diversificación de senderos y la ampliación de la temporada también representan desafíos para la conservación y la planificación turística.
La investigación propone justamente avanzar hacia una gestión basada en información de largo plazo, capaz de equilibrar la creciente demanda de actividades de naturaleza con la protección de ecosistemas de montaña cada vez más visitados.
Como resume el propio trabajo científico, comprender quiénes usan los senderos, hacia dónde se dirigen, cuándo los recorren y qué factores modifican esos patrones resulta esencial para compatibilizar la conservación con la experiencia de quienes disfrutan la montaña.






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