La Patagonia Austral, una de las zonas donde es más difícil medir las precipitaciones

Un estudio publicado recientemente comparó seis bases internacionales de precipitación con observaciones de 345 estaciones meteorológicas de Argentina y Chile durante cuatro décadas. Los mayores problemas para representar cuánto precipita aparecen sobre los Andes y en el extremo sur, precisamente donde la red de observación es más escasa. El problema tiene antecedentes concretos en Santa Cruz. Desde la histórica estación instalada junto al glaciar Perito Moreno hasta la nueva red del IANIGLA en cercanías del Campo de Hielo Sur.
Ciencia 23/08/2026Guillermo Pérez LuqueGuillermo Pérez Luque

IaniglaFOTO: Una de la estaciones meteorológicas instaladas por IANIGLA

¿Cuánto precipita realmente en la Patagonia Austral? La pregunta parece sencilla, pero para la ciencia todavía representa un importante desafío. La enorme extensión del territorio, la escasez de estaciones meteorológicas y, fundamentalmente, la presencia de la Cordillera de los Andes y los campos de hielo hacen particularmente complejo determinar cómo se distribuyen las precipitaciones.

Una nueva investigación aporta ahora una evaluación de alcance inédito para la región.

El trabajo se titula “Spatio-temporal performance of monthly gridded precipitation products in Patagonia” y fue realizado por Santino Adduca, Santiago I. Hurtado, Natalia L. Pessacg, Leandro B. Díaz, Lorenzo Ricetti y Martín Jacques-Coper. Fue publicado en 2026 en la revista científica Atmospheric Research, de Elsevier, y analiza 40 años de información, entre 1981 y 2020.

Los investigadores evaluaron seis bases de precipitación utilizadas internacionalmente: GPCC v2022, CRU TS v4.09, MSWEP v2.8, CHIRPS v3.0, JRA-3Q y ERA5-Land. Estas bases son productos climáticos que estiman la precipitación sobre grillas formadas por miles o millones de celdas con coordenadas de latitud y longitud.

Se compararon las estimaciones de estos productos climáticos con observaciones provenientes de 345 estaciones meteorológicas distribuidas en la Patagonia argentina y chilena.

El resultado muestra una marcada diferencia geográfica. Los productos representan razonablemente bien los patrones generales de precipitación en el este de Patagonia, pero las discrepancias aumentan considerablemente sobre los Andes y en los sectores australes, especialmente al sur de aproximadamente los 45° de latitud.

Es decir, Santa Cruz se encuentra precisamente dentro de una de las regiones donde el problema adquiere mayor relevancia.

El problema de medir donde casi no hay estaciones

Los autores explican que la precipitación es una de las variables meteorológicas más difíciles de representar adecuadamente.

Las mediciones realizadas directamente mediante pluviómetros continúan siendo una referencia fundamental, pero en territorios montañosos, remotos y de altas latitudes las estaciones son pocas y están distribuidas de manera desigual. Además existen dificultades específicas para medir las precipitaciones en forma de nieve.

En Patagonia el problema se potencia. La Cordillera genera un extraordinario gradiente de precipitaciones de oeste a este. La humedad proveniente del Pacífico descarga grandes cantidades de agua y nieve al encontrarse con los Andes, mientras que hacia el este las condiciones se vuelven progresivamente más secas.

hielo_patagonico_sur_-_iss030_-_8_de_diciembre_de_2011-169

Los autores señalan específicamente que la red meteorológica resulta particularmente escasa en áreas montañosas, campos de hielo y sectores australes.

Cuando no existen observaciones suficientes, los científicos recurren a productos climáticos que generan estimaciones sobre una grilla continua. Algunos utilizan registros de estaciones; otros incorporan información satelital o modelos atmosféricos, y otros combinan diferentes fuentes.

Pero el nuevo trabajo demuestra que no todos ofrecen los mismos resultados.

Diferencias que pueden ser muy importantes

Cuando los investigadores compararon las seis bases contra las observaciones meteorológicas encontraron diferencias considerables.

Una de las conclusiones prácticas del estudio es, por lo tanto, que no existe una única base que deba utilizarse indistintamente para cualquier propósito. La elección debe depender de la región y de aquello que se quiera investigar.

El estudio fue más allá de comparar simplemente cuántos milímetros de precipitación estima cada producto.

También investigó si estas herramientas consiguen representar la variabilidad a través del tiempo y las tendencias de largo plazo.

Mapa
Mapa

Los seis productos consiguieron reproducir el ciclo anual dominante de las precipitaciones, aunque en general sobreestimaron su amplitud y subestimaron la variabilidad en escalas temporales más cortas y más largas.

También mostraron coincidencias para determinar el signo de las tendencias regionales. Por ejemplo, identificar una tendencia general hacia mayor o menor precipitación, pero aparecieron diferencias importantes cuando se intentó establecer la magnitud del cambio a escala local.

Esta cuestión es particularmente relevante cuando esos datos son utilizados posteriormente para estudiar sequías, disponibilidad de agua, comportamiento de los glaciares, ecosistemas o cambios climáticos.

Santa Cruz ya había advertido el problema

El nuevo trabajo tiene un antecedente directamente relacionado con la provincia.

En 2021, Leandro Almonacid, Natalia Pessacg, Boris Díaz, Oscar Bonfili y Pablo Peri publicaron en la revista Meteorológica una investigación destinada específicamente a crear una base de datos reticulada de precipitación para Santa Cruz (BPRSC).

Los autores partían precisamente del mismo inconveniente: las redes pluviométricas de la Patagonia Austral son demasiado poco densas para representar adecuadamente las precipitaciones a escala regional.

Construyeron entonces una base para el período 1995-2014, con una resolución espacial de 20 kilómetros, utilizando registros disponibles y una técnica de interpolación denominada Kriging Ordinario.

La conexión con el nuevo estudio es directa: Natalia Pessacg es también una de las autoras de la investigación publicada ahora en Atmospheric Research y aquel trabajo de Santa Cruz figura entre los antecedentes científicos citados en el nuevo paper.

Campo de Hielo Sur: el gran vacío de información

El estudio de 2021 permite acercar todavía más el problema a nuestra región. Al analizar el Campo de Hielo Patagónico Sur, los investigadores señalaban que no existían estaciones meteorológicas con registros prolongados sobre esa enorme superficie, salvo algunos equipos con pocos años de información incompleta.

Para el período analizado, la estación con mayor cantidad de datos del lado oriental del Campo de Hielo Sur era la denominada Parque Nacional Los Glaciares, perteneciente entonces a EVARSA.

Y allí aparecía un ejemplo concreto de las dificultades de los modelos.

Para 1995-2014, esa estación registraba una precipitación media anual de 247 milímetros. La mayoría de las bases globales evaluadas sobreestimaba ese registro; algunas llegaban a valores varias veces superiores

Al aproximarse hacia la cresta de los Andes, las diferencias entre productos aumentaban todavía más.

No es un detalle menor: es prácticamente el mismo problema que, cinco años después, vuelve a aparecer en el nuevo estudio realizado a escala de toda Patagonia.

Una estación junto al Perito Moreno desde 1995

Existe además un antecedente muy cercano a El Calafate que ayuda a dimensionar la importancia de obtener observaciones directas.

A fines de 1995 comenzó a funcionar la Estación Meteorológica Moreno (EMMO), instalada sobre roca a unos 450 metros del frente del glaciar Perito Moreno.

La estación forma parte de los trabajos glaciológicos iniciados en aquella época por el investigador Pedro Skvarca. Las primeras investigaciones de campo sistemáticas realizadas entre 1995 y 2003 incluyeron mediciones de ablación y velocidad del hielo, perfiles sísmicos, batimetría y datos meteorológicos. Pedro Skvarca fue uno de los autores del trabajo científico que reunió y analizó esa información. 

La EMMO registra variables como temperatura, humedad relativa, presión atmosférica, radiación solar, velocidad y dirección del viento, y su extensa continuidad temporal la convirtió en una fuente particularmente valiosa para estudiar la relación entre el clima y el glaciar Perito Moreno.

Skvarca1FOTO: Pedro Skvarca y en la estación ubicada frente al Glaciar Perito Moreno (Glaciarium)

Una nueva red alrededor del Campo de Hielo

Décadas después, científicos argentinos comenzaron a intentar cubrir parte de los enormes vacíos que todavía persisten.

En 2022 Ahora Calafate informó sobre la instalación de las primeras estaciones de una nueva red impulsada por el IANIGLA-CONICET, bajo responsabilidad del investigador Mariano Masiokas.

Una fue colocada frente al glaciar Perito Moreno, sobre la margen sur del Brazo Rico, cerca del sector donde se realiza la excursión de minitrekking. La otra se instaló en la seccional Lago Viedma, en el acceso a El Chaltén. Ambas registran información meteorológica horaria que es transmitida vía satélite. 

Estacion Meteorológica [AUDIO FMD]Estaciones monitorean en tiempo real el clima en los glaciares

El proyecto contemplaba inicialmente una red de seis estaciones alrededor del Campo de Hielo Sur. 

Su importancia quedó particularmente demostrada durante un intenso río atmosférico que afectó posteriormente al sur de Patagonia. El IANIGLA informó que estaciones instaladas al pie del Campo de Hielo Sur, sobre el lado de sotavento, llegaron a registrar cerca de 200 milímetros de lluvia en tres días. 

Pero el propio instituto hizo entonces una aclaración reveladora: sobre el interior del Campo de Hielo y en su vertiente de barlovento las precipitaciones probablemente habían sido mayores, pero no era posible saber cuánto porque allí no existían mediciones directas.

Una dificultad que sigue vigente

El nuevo estudio ofrece una fotografía mucho más amplia de un problema que los científicos que trabajan alrededor del Campo de Hielo conocen desde hace décadas.

Justamente donde las precipitaciones pueden ser extraordinariamente abundantes y donde se encuentran algunos de los mayores glaciares de Sudamérica es donde existen menos observaciones meteorológicas directas.

Las bases globales permiten cubrir esos enormes espacios sin estaciones, pero la investigación demuestra que deben utilizarse con precaución: su desempeño empeora precisamente sobre los Andes y en la Patagonia Austral

Por eso las estaciones instaladas sobre el terreno siguen teniendo un valor difícil de reemplazar.

Desde aquella estación que comenzó a registrar el clima junto al glaciar Perito Moreno en 1995, hasta las nuevas estaciones satelitales instaladas por el IANIGLA alrededor del Campo de Hielo Sur, cada nuevo punto de observación ayuda a reducir un vacío que todavía persiste.

Y esa es probablemente una de las conclusiones más cercanas que deja el nuevo trabajo para Santa Cruz: para entender cómo están cambiando el clima, el agua y los glaciares de la Patagonia Austral, primero es necesario medir mejor lo que ocurre en uno de los territorios más difíciles de observar del continente.

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