
Revelan hallazgos arqueológicos de primeros pobladores en uno de los rincones más remotos de Los Glaciares
Guillermo Pérez Luque
Mucho antes de que existiera Estancia Cristina, de que llegaran los primeros colonos y de que las embarcaciones turísticas comenzaran a recorrer los brazos del Lago Argentino, grupos de cazadores-recolectores ya transitaban y aprovechaban los recursos naturales de uno de los sectores más occidentales de la región.
Las huellas de aquella presencia humana quedaron conservadas en herramientas de piedra, puntas de proyectil y numerosos fragmentos producidos durante la fabricación de instrumentos. Esas evidencias fueron estudiadas por un equipo científico que investigó distintos sectores de Estancia Cristina, dentro del Parque Nacional Los Glaciares.
Los resultados forman parte de un trabajo publicado en la revista Arqueología, de la Universidad de Buenos Aires, y presentado en el marco del 9° Encuentro de Investigadores, Becarios, Ayudantes y Tesistas de la Patagonia Austral (EIPA), realizado recientemente en Río Gallegos, del 19 al 23 de octubre.
Sus autores son Juan Bautista Belardi, Rocío Blanco, Pedro Tiberi, Andrés Iparraguirre, Natalia Alonso y Luis R. Horta, investigadores vinculados con la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, el CONICET, la Administración de Parques Nacionales y otras instituciones científicas.
Más de 2.000 vestigios de actividad humana
El equipo trabajó en tres sectores próximos entre sí: el valle del río Catarina, el corredor del cerro Carnero y bahía Carnero, todos ubicados en el entorno de Estancia Cristina, sobre el Brazo Cristina del Lago Argentino.
En total, identificaron 2.195 artefactos de piedra, de los cuales 1.475 fueron seleccionados para el análisis tecnológico mediante criterios que permiten comparar los distintos conjuntos.
La mayor cantidad apareció en el valle del río Catarina, donde se registraron 1.402 piezas. En el corredor del cerro Carnero se identificaron 598 y en bahía Carnero, otras 195.
Entre los materiales encontrados hay raspadores, raederas, puntas de proyectil, núcleos de piedra, bifaces y una bola con surco perimetral.
También aparecieron numerosas lascas, pequeños fragmentos que se desprenden al golpear y trabajar una piedra para obtener una herramienta.
Estos restos permiten reconocer actividades que realizaron las personas que estuvieron allí, como la fabricación y mantenimiento de instrumentos, además de posibles tareas relacionadas con la caza y el procesamiento de recursos.
La mayoría de las herramientas fue confeccionada con dacita y basalto, rocas que se encuentran naturalmente en el lugar.
Esto constituye un dato importante: los antiguos pobladores podían obtener allí mismo buena parte de la materia prima necesaria para fabricar sus instrumentos, sin depender exclusivamente de herramientas transportadas desde otros lugares.
Un valle donde pudieron permanecer durante varios días
Uno de los principales resultados de la investigación es que los tres sectores estudiados no habrían sido utilizados de la misma manera.
El valle del río Catarina, que se extiende desde las inmediaciones del lago Pearson o Anita hasta su desembocadura en el Lago Argentino, presenta la mayor variedad de materiales arqueológicos.
Los científicos consideran que este lugar habría funcionado como un espacio de ocupaciones reiteradas, con actividades de tipo residencial.

Esto significa que los cazadores-recolectores no necesariamente pasaban por allí de manera ocasional. Pudieron permanecer durante cierto tiempo, desarrollar distintas actividades cotidianas y regresar en otras oportunidades.
La existencia de espacios abiertos, pastizales, agua y rocas aptas para fabricar herramientas habría convertido al valle en un lugar atractivo.
Entre los hallazgos se destacan tres puntas de proyectil pedunculadas con aletas y una bola de piedra con un surco alrededor, elementos que pueden relacionarse con tecnologías utilizadas para la caza.
Las puntas fueron documentadas inicialmente mediante fotografías aportadas por trabajadores de la estancia, aunque los investigadores pudieron recuperar directamente una de ellas.
En el valle también se encontraron algunos restos óseos de guanaco, pero no presentaban marcas de intervención humana. Por lo tanto, aunque las herramientas permiten plantear actividades de caza, esos huesos no demuestran por sí mismos que los animales hayan sido cazados allí.
¿Qué antigüedad tienen los hallazgos?
Uno de los datos más interesantes surgió de un sector denominado Hoyada 4, ubicado cerca de la confluencia del río de los Perros con el río Catarina.
Allí se realizó una pequeña excavación y se recuperaron herramientas de piedra enterradas entre 6 y 16 centímetros por debajo de la superficie actual.
Inmediatamente debajo de esos materiales, los investigadores obtuvieron una datación de 1.820 ± 80 años radiocarbónicos antes del presente.
La precisión es importante: lo que se fechó fue un antiguo suelo ubicado por debajo de las herramientas y no los objetos directamente.
Por esa razón, el resultado permite establecer un límite de antigüedad para los materiales arqueológicos encontrados encima, pero no determinar la fecha exacta en que fueron fabricados o utilizados.
Los investigadores consideran que las ocupaciones estudiadas corresponden principalmente al Holoceno tardío, una etapa que comprende los últimos milenios de la historia humana.
Hasta el momento, la información no permite establecer cuándo llegaron por primera vez los cazadores-recolectores a Estancia Cristina.
Un camino entre los bosques y las montañas
Otra parte de la investigación se concentró en un interrogante: ¿cómo llegaban los antiguos pobladores hasta un lugar que incluso actualmente presenta dificultades de acceso?
Los científicos analizaron posibles rutas terrestres que comunicaban Estancia Cristina con los sectores orientales, donde existían otros espacios ocupados por cazadores-recolectores.
Una de las alternativas comienza en la cuenca superior del río Guanaco, al este del cordón Cuchillo, y atraviesa ambientes de bosque y montaña hasta descender al valle del río Catarina.
Para evaluar esa posibilidad, cuatro arqueólogos recorrieron a pie el trayecto completo.

Se trata de 29 kilómetros, con sectores que alcanzan casi 1.500 metros sobre el nivel del mar. Para una persona entrenada, la travesía puede demandar entre uno y dos días.
Aunque durante ese recorrido no encontraron materiales arqueológicos, los investigadores consideran que se trata de una vía de acceso potencial por su menor distancia y sus características geográficas.
También identificaron otras posibles rutas, desde el seno Moyano, el sector de Palo a Pique y la costa del brazo Norte del Lago Argentino.
Ninguno de esos recorridos pudo confirmarse como un camino efectivamente utilizado en tiempos prehistóricos. Sin embargo, su estudio permite comprender las posibilidades de circulación que ofrecía un territorio atravesado por montañas, bosques, lagos y glaciares.
Cerro Carnero y una bahía con otras funciones
El segundo sector investigado fue el corredor del cerro Carnero, un paso de aproximadamente ocho kilómetros que comunica el valle del río Catarina con bahía Carnero.
A lo largo de ese recorrido aparecieron herramientas y fragmentos de piedra. También se identificó una cantera-taller, donde los antiguos pobladores habrían aprovechado una veta de roca para producir instrumentos.
Otro hallazgo fue un reparo natural, denominado Alero Carnero 1, donde se registraron materiales arqueológicos tanto en superficie como en una pequeña excavación.
Para los investigadores, la distribución de las herramientas sugiere que este corredor habría sido utilizado principalmente como una vía de circulación, aunque también se desarrollaban algunas actividades durante el trayecto.
En bahía Carnero, por su parte, aparecieron numerosas raederas y cepillos, herramientas que pudieron utilizarse para trabajar materiales como la madera.
La presencia de estos instrumentos permite plantear que la bahía tenía una función diferente de la del valle.
Según la interpretación de los científicos, las personas pudieron desplazarse desde el valle del río Catarina hasta la bahía para realizar tareas específicas y regresar en el mismo día.
De esta manera, los tres espacios habrían formado parte de un mismo circuito, pero con actividades diferentes y complementarias.

Piedras que podrían haber llegado desde 260 kilómetros
Entre los materiales identificados existe otro dato que llama la atención.
En el valle del río Catarina aparecieron dos pequeñas lascas de obsidiana negra, una roca volcánica cuyo aspecto es compatible con materiales procedentes de Pampa del Asador, un área ubicada aproximadamente a 260 kilómetros en línea recta.
También se registró una pieza de obsidiana negra en bahía Carnero.
La posible procedencia fue establecida a partir de las características visibles de las rocas, por lo que todavía no constituye una confirmación mediante análisis químicos.
Sin embargo, estos materiales abren una línea de interpretación sobre la circulación de personas, herramientas o materias primas entre territorios alejados.
No necesariamente significa que los mismos individuos recorrieran toda esa distancia. Las rocas también pudieron circular a través de sucesivos desplazamientos o contactos entre grupos.
El clima y los glaciares también condicionaban la vida
El paisaje donde hoy se encuentra Estancia Cristina era muy diferente del actual en distintos momentos del pasado.
Los avances y retrocesos de los glaciares modificaron el terreno, la vegetación y las posibilidades de circulación humana.
Los antecedentes geológicos indican que el valle del río Catarina permaneció libre de hielo durante buena parte de los últimos 10.000 años, aunque las condiciones ambientales cambiaron a lo largo de ese período.
Los investigadores proponen que los grupos de cazadores-recolectores pudieron aprovechar el valle principalmente durante los meses más favorables, cuando la nieve y las temperaturas permitían circular con mayor facilidad.
Una de las hipótesis es que pequeños grupos, posiblemente familiares, llegaban durante el verano y regresaban hacia el este cuando comenzaban a empeorar las condiciones climáticas.
No se trata de una conducta demostrada directamente, sino de una interpretación basada en el ambiente, la accesibilidad y los restos arqueológicos.
El trabajo también recupera las descripciones del explorador británico Hesketh Prichard, quien recorrió el valle en 1901 y dejó testimonios sobre la presencia de huemules, guanacos, pumas y numerosas aves.
Esos registros ayudan a comprender la diversidad de recursos naturales que ofrecía la zona antes de las transformaciones producidas por la actividad ganadera del siglo XX.
Un nuevo aporte al patrimonio de Los Glaciares
Las investigaciones arqueológicas realizadas anteriormente en las márgenes del Lago Argentino y en la cuenca del río Guanaco ya habían documentado la presencia de cazadores-recolectores en la región.
También existían antecedentes puntuales de materiales encontrados en Estancia Cristina, registrados por personal de Parques Nacionales.
La novedad de este estudio consiste en reunir y analizar sistemáticamente los hallazgos de tres sectores, comparando los tipos de herramientas, las rocas utilizadas y su distribución en el paisaje.

Los resultados sugieren que Estancia Cristina fue incorporada a los circuitos de movilidad de grupos que habitaban o recorrían sectores ubicados más al este.
De acuerdo con los autores, incluso estos espacios occidentales, considerados más difíciles de ocupar por su clima y geografía, pudieron ser aprovechados de manera recurrente cuando ofrecían recursos y condiciones apropiadas.
La investigación amplía así el conocimiento sobre la presencia humana antigua en uno de los rincones más occidentales del Parque Nacional Los Glaciares.
Y, al mismo tiempo, aporta información necesaria para reconocer, proteger y conservar un patrimonio arqueológico que permanece en un paisaje hoy conocido mundialmente por sus glaciares.
Fuente científica: Belardi, J. B.; Blanco, R. V.; Tiberi, P.; Iparraguirre, A.; Alonso, N. y Horta, L. R. (2026). Cazadores-recolectores, uso del espacio y umbrales de marginalidad en sectores occidentales del sur de Patagonia. El caso de Estancia Cristina, Parque Nacional Los Glaciares (Santa Cruz, Argentina). Revista Arqueología, 32(1), Universidad de Buenos Aires.






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