
Escaladores: Tasio Martín: "En Patagonia tienes que aceptar la incertidumbre"

Hay un común denominador en todas las fotos que hemos publicado últimamente de Tasio Martín: una sonrisa tan grande que salta de la pantalla y te impregna de esa alegría que transmite, tan auténtica. Y atención porque los escenarios que tiene detrás no son cualquier cosa: la cumbre del Cerro Chaltén (Fitz Roy) después de haber liberado el Pilar Este con Sean Villanueva; la cumbre del Cerro Peineta con Rafa Gómez, la cuarta de su cabalgada por las Torres del Paine; la cumbre del Cerro Mermoz tras abrir una vía con Ibon Mendía (Dadara, 500 m, 7b+), o poco antes con el mismo compañero y otra nueva línea en la Torre Norte; o la del Cerro Torre después de subirse por el Filo Sureste con Marc Toralles y Nacho Mulero, entre otras.
Son escaladas que para cualquiera serían la culminación de años de experiencia, pero que Tasio ha reunido en sus tres primeras temporadas en Patagonia. Y solo tiene 25 años. Le vimos en el Festival La Pedriza presentando con Rafa su refrescante proyección sobre la travesía del Paine y no podíamos dejar pasar la oportunidad de preguntarle por el secreto de su receta.

Se ha criado en Orduña, un pueblo del interior de la provincia de Vizcaya, y entendemos un poco mejor su mirada al escuchar cómo habla de sus padres, los montañeros Joseba Elorrieta y Yoli Martín, guardas del refugio de Gorbea desde hace once años. Ellos le han transmitido no solo el gusto por la montaña, sobre todo le sembraron la semilla de la curiosidad, del placer del descubrimiento, la aventura y el espíritu crítico.


En 2019 se fue a estudiar la carrera (un doble grado de INEF y Fisioterapia) en Cataluña, y fue aquí donde realmente empezó su desarrollo como alpinista, primero en el Centro de Tecnificación de Alpinismo Catalán (CTAC), a cargo de Marc Toralles y Roger Cararach, y después en el Equipo Nacional de Alpinismo, en la promoción 2022-24, con Mikel Zabalza. Les ha salido un discípulo a la altura de tan grandes maestros.
La entrevista es larga, lo que dura un café bien saboreado, pero en sus respuestas nos desvela muchas de las claves de su felicidad contagiosa. Y por delante tiene el mejor de los planes…
Vamos a empezar por el final, tu última escalada al Cerro Chaltén (Fitz Roy) que hiciste con Sean Villanueva, logrando la primera en libre del Pilar Este, nada menos… ¿Cómo surgió esa cordada?
A Sean Villanueva lo conocí el año pasado, pero solo un poco, y este año para la travesía del Paine estuvimos hablando con él, tanto antes como después. También es que Sean tiene bastante relación con Andoni Ormazabal, un fisio del País Vasco que está especializado en escaladores. Él me había dicho que Sean andaba lesionado, con los hombros mal, y como yo soy también fisio pues quedé con él, tanto para hablar de la travesía como para verle lo de los hombros. A raíz de eso luego nos vimos más veces, coincidíamos con un grupillo que formamos allí, que quedábamos para tomar mate, para escalar por allí cerca…
Yo ya tenía en mente escalar el Fitz Roy, de hecho ya desde la primera vez que estuve con Marc quería hacerlo, luego lo intenté con Ibon Mendía al año siguiente, que fuimos al Corazón e hicimos hasta mitad de pared, un pegue súper fanático, pero nos bajamos porque no íbamos bien con los tiempos.
Total, que estábamos por allí por el Chaltén, compartiendo, y yo estaba sin compañero, porque Rafa se había ido. Venía una ventana de buen tiempo y yo me empecé a preparar para irme a escalar solo, que es algo que también me motiva. Tenía la mochila ya lista para irme a escalar al día siguiente y esa noche coincidí con Sean en un asado. Estuvimos hablando de qué íbamos a hacer, ninguno teníamos el plan muy claro, y surgió el «¿Y si escalamos juntos?» como algo muy natural. Así que quedamos a la mañana siguiente a ver qué hacíamos.
Los dos teníamos ya hechos los primeros siete largos de esa vía, conocíamos la entrada, y él me dijo que tenía en mente hacía tiempo la idea de intentar liberarla. Yo la verdad es que a ese Pilar no le había prestado demasiada atención hasta entonces, siempre había pensado más en la vía del Corazón, pero después de un rato de charla nos decidimos ir a por esa.

Es una vía mítica, de Casimiro Ferrari, pionero de los Ragni di Lecco, ¿conocías su historia?
Un poco, me había informado, pero curiosamente es una vía que no se conoce tanto, aunque tiene mucha historia. La vía es del 76, la abrieron con técnicas de asedio del momento, pero fue una actividad increíble. Sabía que Mateo Della Bordella fue de los primeros en escalarla, hizo de las primeras repeticiones en 2016, creo que después de varios intentos en los que limpiaron mucho todo el material que había quedado de la apertura, un buen trabajo. Escalaron gran parte en libre, pero seguía teniendo bastantes largos en artificial, unos diez o así, que estaban pendientes de liberar.
¿Fuisteis con material de artificial?
Llevábamos algún clavo por si acaso, sobre todo para los rápeles, y el martillo del piolet, pero desde el principio fuimos con la idea de escalarla en libre. Sabíamos que era un objetivo muy ambicioso, pero íbamos con las expectativas bajas. Era la primera vez que escalábamos juntos, no sabíamos cómo nos íbamos a compenetrar, y luego estaba la incertidumbre de no saber si saldrían o no los largos. Tampoco teníamos todo el día para estar ahí descifrando. Los dos teníamos muy asumido que era muy difícil que se pudiera liberar, también por las condiciones, porque la pared estaba cargada, con mucho hielo, y es orientación oeste pero también bastante sur, que allí no le da mucho el sol, así que íbamos sin presión, simplemente a probar.
¿Os fuisteis turnando los largos?
Sí, en el pie de vía echamos a suertes quién empezaba y nos turnamos en cabeza.
Vamos, como si fueras a escalar una vía en el Pirineo…
La verdad que sí, fue increíble.
¿Cómo fue la escalada? ¿Usasteis jumar para el segundo o escalasteis ambos todo?
No llevamos jumar, escalamos todo los dos, turnándonos de primero o de segundo. Muchos largos los escalamos a vista pero alguno le tuvimos que dar un segundo intento. Sean sí que escaló todos los largos en libre. Yo todos los que hice de primero también los encadené, pero hubo dos o tres largos que iba de segundo que no los hice. El objetivo era encadenar todos los largos de primero en libre, lo hiciera uno u otro. El que iba de segundo también intentaba encadenar, pero no le dimos tanta importancia.
¿Cuánto tiempo tardasteis?
Estuvimos tres días en total. El primero fue el más largo, hasta se nos hizo de noche. Llevamos unas hamacas de esas hinchables (G7 Pods) que fue una de las claves de la escalada. Yo no las había probado nunca y aluciné lo bien que van.
¿Qué dificultad máxima tiene?
Tiene una dificultad muy mantenida entre el 6b y en 7b, con algún largo de 7c como grado máximo. Fuimos a ver a Rolo Garibotti e hicimos una actualización de la reseña que él tenía, con todos los grados en libre, que lo publicó en Patagonia Vertical. Es una locura todo todo lo que sabe Rolo de este lugar, muy friki, y nosotros encantados de compartir toda la información.
[Croquis detallado en @patagoniavertical. Dificultad global de la vía: 1200 m, 65º, 7c, con los largos clave en L17 y L22. Tal y como escribe el cronista patagónico Rolando Garibotti: «Por su longitud, lo sostenido y exigente esa línea difícilmente se convierta en una clásica. Sin embargo, la calidad de la escalada merece más atención de la que ha recibido hasta ahora. Indudablemente es una de las líneas reinas de la montaña humeante»]

¿Cómo fue el momento de cumbre?
Mucha felicidad, claro, después de todo ese tiempo de indecisión, de las condiciones que no fueron las mejores, que no lo veíamos claro… El primer día hizo bueno, pero ya el segundo y el tercero estuvo nublado. El segundo día todavía podríamos haber bajado. Hacía viento y empezó a nevar, pero continuamos y ya superamos un punto de no retorno, donde era mejor seguir hacia arriba que bajar por la vía. Cuando estábamos a pocos largos de la cima empezó a hacer mal tiempo de verdad, no se veía nada, pero ahí no quedaba otra que seguir subiendo y bajar por la Franco-argentina.
¿Hubo algo que te sorprendió en especial de Sean?
Bueno, es un tipo muy especial, está claro. Todas las mañanas tocaba la flauta, y en la cima también. Pero la verdad que nos llevamos muy bien todo el tiempo. Es una persona muy tranquila, más de lo que puede parecer en sus vídeos y películas. Yo también soy bastante tranquilo, así que nos entendimos bien a la hora de tomar decisiones, hablar… Hubo buena conexión.
Me imagino que para ti sería bastante fuerte estar escalando con él, ¿no?
Sí, claro, para mí Sean ha sido como un ídolo desde que yo empecé a salir al monte. Las actividades que hacía con Nico, cómo lo transmitían… Siempre ha sido como una referencia, lo máximo, y poder llegar a conocerle, tener una relación de igual a igual con él y acabar escalando juntos en Patagonia, y además así algo tan guapo para los dos… Ha sido una pasada, ya no solo el nivel que tiene, porque eso es algo que damos por sentado, sino sobre todo por el hecho de sentirme tan cómodo en la relación con él. Ha sido aprovechar lo que sabía cada uno, complementarnos como cordada. Eso para mí ha sido lo más.
Claro que la noche anterior tenía mis nervios, pensando “hostia, que voy a escalar con Sean”, pero sabía que era una presión que me estaba poniendo yo solo. Pero fue empezar ya no a escalar, sino a decidir dónde íbamos, prepara el material, hacer la aproximación… Y decir qué maravilla, qué tranquilidad con todo.

¿Te había pasado antes con alguna otra persona que admirases?
Puede ser con Marc Toralles, que no es que fuera mi ídolo de pequeño, porque no lo conocía, pero desde que fui a Cataluña y pude escalar con él, bueno y con Roger Cararach, porque eran los responsables del equipo de tecnificación en el que entré, pues fue algo parecido. De verles en las revistas, admirar lo que hacían, y luego poder construir con ellos una relación increíble y ver que es gente normal, aunque escalen mejor que nadie y hagan cosas inspiradoras, pero que te tratan de igual a igual.
¿Cuándo estuviste en el equipo catalán de alpinismo y cómo te influyó esto?
Fui a estudiar a la universidad de Cataluña en 2019 y ahí poco después entré en el equipo. Tengo mucha relación con gente y lugares de allí porque al final he pasado cuatro o cinco años que han sido los que más he aprendido y evolucionado como alpinista.
Con Marc Toralles escalaste el Cerro Torre en tu primera vez en Patagonia, ¡vaya estreno! ¿Cómo fue aquello?
Sí, fue increíble, con Marc y con Ignacio Mulero. Yo llevaba unos meses en Santiago de Chile, que había ido a estudiar de Erasmus, y con Marc había quedado en juntarnos directamente en Patagonia. No habíamos hablado mucho de qué escalaríamos, pero venía una ventana de buen tiempo y los dos queríamos ir al Torre, así que fuimos. Se nos unió también Mulero que había estado intentándolo con Carlos Suárez, pero Carlos se había ido así que él se vino y lo mismo, surgió todo de forma muy natural.
Las tres veces que has ido a Patagonia has hecho una actividad increíble, ¿qué es para ti este lugar?
No sé, creo que hay gente que va a Patagonia y lo odia, no pueden escalar porque hace mal tiempo o por lo que sea y ya no vuelven, y hay otra gente que va, se enamora y ya va todos los años… Pues yo soy de los segundos.

¿Dirías que has tenido suerte?
Creo que para ir a Patagonia tienes que estar muy abierto a todo lo que te ofrezca la montaña, las condiciones… Y si estás abierto de verdad, si tienes una visión de adaptarte al medio y de aprender de ti mismo y de los demás, pues es como que el monte lo recibe y te da la oportunidad. Si tú la buscas, al final acabas encontrando el hueco. No creo que sea suerte o mala suerte. Claro que de repente hay un año que sale una ventana de cinco días de tiempo perfecto, pero a mí eso no me ha pasado. Yo más de dos días y medio de buen tiempo todavía no lo he visto en estos tres años y, sin embargo, cada vez que he ido he hecho una actividad que firmaría por poder hacer algo así cada cinco años. Quiero decir, para mí ha sido una locura…
Este año además por duplicado, con la travesía de las Torres y luego encima el Fitz el libre, vaya dos actividades…
Sí, está claro, para mí ya solo intentar una de esas dos me parecía la leche… Así que también creo que un poco lo que tiene Patagonia es eso, que tienes que aceptar la incertidumbre. Decir mira, lo más probable es que no hagamos nada, que vayamos con la motivación por todo lo alto y que nos tengamos que dar la vuelta. Eso es lo más probable. Y una vez que de verdad aceptas eso, entonces ya estás preparado para todo lo que venga.
Y si encima vas con un buen compañero con el que te entiendes de verdad, con el que no es solo escalar, sino gestionar todas las decisiones, las emociones, las frustraciones, la motivación del uno, del otro… Todo eso tiene que ir acorde, y para mí esto ha sido también la clave de lo que he conseguido en estas temporadas.

También para Rafa, tu compañero en la travesía de las Torres, ha sido una primera vez espectacular en Patagonia…
Imagínate, si casi no sabía cuál era cada torre y se las ha escalado todas. La gente de aquí flipaba… Porque esa es otra, por un lado está el monte, que ya nos atrae, pero por otro lado está la gente, que es algo que también atrapa mucho, porque se crea una comunidad en la que estás muy a gusto.
Al final vamos de vacaciones, está claro; vamos desde nuestro lugar privilegiado una temporada y luego nos vamos, pero al estar tanto tiempo, acabas conectando con la gente de allí de verdad, la local, no solo con los turistas que pasan, o que pasamos, porque yo también me incluyo, pero bueno, intentas salir un poco de eso y vivir más de verdad con la gente de allí. Creas unos vínculos muy especiales.
Y parece que el potencial de Patagonia es inagotable, se siguen abriendo muchas vías todas las temporadas…
Sí, es que es un sitio inmenso. Cada año se están abriendo vías que no son para nada forzadas, líneas evidentes que hasta parece raro que no se hayan abierto antes, pero es que es una locura lo que hay.
Viendo lo que se hacía hace años, es evidente que el material y las técnicas ha cambiado mucho, pero a nivel compromiso del escalador, ¿tú crees que hemos cambiado tanto?
Es un tema que tiene muchos matices yo creo, porque hemos evolucionado en muchas cosas, se escala con otro estilo, más ligero, más alpino, y creo que en ese sentido sí hemos evolucionado. También esto ha sido posible gracias al avance de la predicción meteorológica, y en Patagonia esto es algo determinante… El tiempo es muy inestable y de saber que tienes tres días buenos a no saber cuándo te va a entrar el mal tiempo, lo cambia todo.
Pero es verdad que en cuanto a compromiso quizá no hemos evolucionado tanto, porque ves muchas vías por ejemplo en el macizo del Chaltén abiertas en los 70, los 80… que algunas no tienen ni repetición, no porque no sean atractivas, sino porque no nos atrevemos ni a entrar. De hecho, con Sean, antes de entrar en el Pilar Este barajamos otras opciones y había vías que son más difíciles, muy comprometidas, que no va nadie…
No sé si es que no hemos evolucionado o igual también tiene algo que ver esa necesidad que parece que hay ahora de que nos salga bien el “pegue”, el querer hacer cima tan fuertemente. Es decir, que si te metes en una vía de esas, lo más probable es que no la hagas, y la gente quiere volver a casa con algo hecho. Quizá antes, con esa mentalidad que tenían más de asedio, de estar varios meses detrás del objetivo, que ahora no nos interesa, no sentían esa necesidad que tenemos ahora de volver con resultados.
Vamos a retroceder a tus inicios, creo que empezaste en esto de la montaña con tu padre, ¿no?
Sí, y con mi madre, con los dos. Todavía tenemos mucha relación y vamos al monte juntos. Los dos son montañeros, aunque mi aita es más escalador que mi ama, pero ella también es muy de montaña. Por ejemplo en el 92 subieron al Cho Oyu, mi madre fue la primera mujer vizcaína en subir a un ochomil. Aunque ella nunca lo diga, es un referente femenino de la montaña en el País Vasco. Ellos me han llevado mucho al monte, no solo a escalar, también a estar una semana por ahí en autonomía, cruzar el Pirineo con mochilas, viajar en bici, estar siete días bajando un río con las canoas y durmiendo en la orilla…

Te han inculcado el espíritu de la aventura…
Sí, eso es. Y ahí es bastante donde me he criado. Luego ya con unos 12 o 13 años empecé más a escalar y fui creando mi círculo de amigos, pero es muy bonito que todavía compartamos momentos en la montaña. De hecho el año pasado mi ama vino a Patagonia y estuvimos haciendo un trekking muy alpino, una travesía que no hace nadie, con varios rápeles, muy guapa. También con mi aita estuvimos en los Alpes en invierno, subimos al Mont Blanc con los esquís. Y me ha gustado en actividades como estas que me he sentido como devolviéndoles en parte lo mucho que me han dado, de enseñarme, mostrarme, acompañarme a la montaña…
Entiendo que ellos son conscientes del riesgo que corres en ciertas actividades en montaña y que aún así te apoyan…
Sí, hay veces que he hablado esto con amigos, de si es mejor que los padres sepan lo que estás haciendo o no, y yo en realidad me siento súper contento de que mis padres sepan lo que hago, que sean conscientes de los riesgos que tiene, pero que a la vez saben lo feliz que me hace y sobre todo me conocen y saben cómo gestiono el riesgo. Desde fuera hay gente que no sabe del tema y se piensa que te estás jugando la vida, y no es la realidad. El objetivo no es jugarse la vida, sino disfrutar en el monte. Mis padres me conocen tan bien que yo creo que ellos pues claro que algo sufrirán, pero pienso que están tranquilos y contentos de que yo esté feliz en el monte. Poder compartir con ellos algo que para mí es de lo más importante de mi vida, y que puedan entenderlo, lo valoro.
¿En qué momento tuviste claro que el alpinismo era lo principal en tu vida?
En realidad creo que fue una evolución muy natural que se ha ido dando, tanto desde que era pequeño en el País Vasco hasta después cuando entré en el equipo catalán, con unos 19-20 años, que fue cuando más aprendí, pude viajar, escalar en sitios diferentes… Por ejemplo en el viaje de final de curso fuimos a India, a Zanskar (Ladhak), donde pudimos abrir unas vías y fue algo increíble. Una de las actividades que pude hacer fue con Marc, que subimos a una cima virgen, y para mí eso fue como que me hizo un “clic” algo dentro. Vi claro que era algo que me encantaba, que era lo que quería hacer en la vida.
Luego tuve también la suerte de entrar en el equipo nacional de alpinismo (en la promoción 22-24), donde igualmente conocí a otro tanto de gente increíble con la que ahora sigo en contacto, compartiendo la vida, como el mismo Rafa, Jon Inoriza, Iñaki Mendizábal, Bru Busom, Adri… Y de responsable del equipo estaba Mikel Zabalza, pues qué vamos a decir de Mikel, mejor imposible… En esta promoción de viaje de final de curso fuimos al K7, no tuvimos mucha suerte con las escaladas pero fue un sitio donde aprendimos muchísimo, fue brutal. Todo eso en cierto modo forma parte de las actividades que he podido hacer ahora en Patagonia, porque al final todo es sumar experiencia.
[A la aguja virgen de Zanskar que subió con Marc Toralles la bautizaron Punta Guillem Aparicio, de 5.700 m, en memoria de un amigo fallecido en accidente de escalada en hielo. Allí abrieron la vía «Txoria txori»(740 m, 7a+). También en el vecino Shafat Peak, de 5900 m, abrió con Jordi Mons «La gent que estimo» (300 m, 6c/A1+)].
¿Qué dirías que es lo que más te gusta de la escalada, por qué te engancha tanto?
Es difícil, muchas cosas… Pero al final creo que son los ratos que nos regala el monte. Hoy mismo hemos estado ahí arriba, durmiendo en un vivac en la Pedriza con unos cuantos amigos, haciendo unas vías guapísimas… y creo que eso es lo que más nos gusta. Claro que está la incertidumbre, hacer vías difíciles que no sabes si te van a salir, que tienes que tener muchos factores en mente y que disfrutamos tanto escalando, eso es algo increíble, lo pasamos muy bien, pero también porque lo haces con tus colegas… Si no escalara con alguien con quien también puedo compartir la vida, no solo la escalada, yo no escalaría tan a gusto. No me iría dos meses a la Patagonia o donde fuera con alguien con quien no tuviera una conexión especial.
¿No crees que también es muy importante el chute que nos da el haber superado nuestro propio miedo? Sea en el nivel que sea, porque seguro que tú también pasas miedo, a otro nivel claro, pero es la misma sensación…
Sí, claro, eso también. Es algo que también va evolucionando cuando vas ganando experiencia y por eso cada vez quieres ir haciendo cosas que para ti son más difíciles, que te exigen más, que necesitas de habilidades diferentes, o más compromiso… Yo lo pienso y ahora he hecho algunas actividades que hace solo dos años no me habría ni planteado, no era capaz ni de imaginarlas, y ahora con lo que he hecho pues ya me está permitiendo soñar en otros proyectos más grandes. Eso es algo muy guapo.
Hablando un poco de la escalada más cercana, de “casa”, tengo la sensación que cada vez hay menos respeto por la cultura de montaña. Me refiero a que se vuelve a equipar picando cantos, o no se tiene en cuenta la ética de cada zona… ¿Crees que esto está sucediendo y por qué?
Sí, totalmente. No suelo estar muy involucrado con los equipamientos o reequipamientos, pero sí que creo que eso está pasando. Suelo comentar con los amigos temas de ética, me parece importante ser conscientes de la historia, de qué vamos a dejar para el futuro, que esto nos tiene que durar y ser sostenible… y en este sentido sí que creo que hay cosas que están pasando ahora que deberían estar fuera de lugar. Puede que sea en parte por que evidentemente cuanta más gente somos en el monte, hay más de todo tipo, y quizá hay personas que vienen de otros lugares y que no han tenido la suerte que he tenido yo mismo de criarse en un entorno con tantas influencias positivas y enriquecedoras relacionadas con los valores de la montaña, con los personajes que han aportado… Si no lo has podido aprender, igual no tienes ese criterio interiorizado y quizá por eso pasan estas cosas.
¿Y qué se te ocurre que podemos hacer para cambiarlo?
Algo importante creo que es comunicar cómo hacemos las cosas, al final es la clave de todo. Puedes hacer una actividad que tenga el mismo titular que otra pero que sea totalmente distinta, el “cómo” es lo que lo cambia todo, el estilo. Hay que ponerlo en valor para que la gente lo vea, que se forme su propio criterio y piensen por qué hacen ciertas cosas, que no es solo para alimentar su ego –que claro que todos pecamos de eso– pero creo que hay que ser honesto, reflexivo, y pensar por qué hacemos las cosas. Si estos temas te generan inquietud, hablas sobre ello con amigos, compañeros… pues vas aprendiendo de todo, de lo que tú mismo has visto, lo que te cuentan los demás, y vas construyendo los cimientos y aprendiendo a respetar.
Dentro de las zonas de escalada españolas, ¿con cuál sientes un vínculo más especial?
En su momento escalé mucho en el Picu, de jovencillo, fueron mis primeras vías de largos en un sitio tan bonito y con tanta historia, fue para mí algo muy especial. Y después los Pirineos, sitios como Ordesa, el Midi… Y claro también en Cataluña que al final es donde he vivido mis años en los que más he aprendido, pues Montrebei, Montserrat.. han sido sitios que he empezado haciendo las clásicas y después vías más difíciles con las que he ido creciendo y evolucionando.
[Entre otras, en Montrebei ha escalado vías como la «Sens Retorn» (primera repetición), «Independentzia» (primera repetición y liberación), «Homo Montrebeianus» o «Miedo a volar», esta última toda a vista].
La última: ¿planes futuros?
No lo sé muy bien, pero seguro que volveré a Patagonia, tengo claro que será un destino habitual en mi vida. Y así el plan en general es trabajar de algo que me permita escalar, viajar con amigos… Por ahora trabajo con mis padres en un refugio de montaña, en el Gorbea, está en un lugar muy bonito y me permite tener la flexibilidad para viajar y también para estar casa, así que de momento seguir así, compaginándolo todo.
Por Eva Martos - Desnivel






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