La genética de baguales de Los Glaciares ahora busca cambiar la ganadería argentina

Después de más de tres décadas dedicadas a conservar el linaje del ganado cimarrón del Parque Nacional Los Glaciares, el programa impulsado por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora ingresó en una nueva etapa. Los investigadores evalúan cómo esa genética puede incorporarse a rodeos comerciales para aumentar la longevidad de las vacas, reducir costos y mejorar la producción en ambientes exigentes. “Después de tantos años y tanto esfuerzo, el proyecto empieza a ser visible y utilizable para los productores”, afirmó Enrique Género en diálogo con FM Dimensión.
Ciencia 29/07/2026Guillermo Pérez LuqueGuillermo Pérez Luque

genero vacas

La historia del Bovino Criollo Patagónico comenzó como una operación de rescate de una población animal única. Más de treinta años después, aquella iniciativa científica ahora busca demostrar que esa genética, moldeada durante décadas en los ambientes extremos del Parque Nacional Los Glaciares, puede convertirse en una herramienta para la ganadería argentina.

El Programa de Recuperación, Conservación y Caracterización del Bovino Criollo Patagónico, desarrollado en el ámbito de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, atraviesa una etapa decisiva, cuyo desafío consiste en pasar de la conservación de un patrimonio genético a su evaluación productiva mediante cruzamientos con rodeos comerciales.

En diálogo con el programa A Diario, de FM Dimensión, el responsable del programa, Enrique “Quique” Género, explicó que actualmente se estudian las ventajas que podría aportar esta población a productores ganaderos, especialmente a los pequeños y medianos.

“Lo que queremos llevarles a los productores son las ventajas que tendría utilizar esta genética”, resumió.

Estos animales descendieron de bovinos que permanecieron aislados y se reprodujeron durante décadas en un territorio frío, montañoso y de difícil acceso. Esa presión ambiental contribuyó a formar una población con particularidades genéticas, morfológicas y productivas que desde comienzos de la década de 1990 son estudiadas por especialistas.

De Los Glaciares al laboratorio

El origen del programa se remonta a las primeras exploraciones realizadas por investigadores de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora en sectores del Parque Nacional Los Glaciares.

Los animales habían quedado asilvestrados en zonas geográficamente aisladas, una condición que redujo las posibilidades de cruzamiento con otras razas. Al reconocer en ellos características propias del bovino criollo, los científicos impulsaron la extracción de ejemplares para conformar un núcleo de conservación fuera de su ambiente original.

Género formó parte de los primeros relevamientos realizados en sectores cercanos a Estancia Cristina, isla Herminita y Cañadón Norte, donde los investigadores buscaban localizar y caracterizar a los animales.

Bovino Criollo Patagonico

El núcleo conservado comenzó a ser estudiado fuera de Santa Cruz debido a las dificultades logísticas que implicaba desarrollar un programa permanente en la zona de origen. Era necesario controlar los apareamientos, tomar medidas, realizar evaluaciones sanitarias y reproductivas y mantener una presencia constante sobre el rodeo.

“Creo que debe ser el único proyecto en el mundo que tiene una antigüedad tan larga, de más de 30 años, haciendo un plan de conservación”, señaló Género.

Aunque el investigador presentó esa afirmación como una estimación personal, la continuidad del programa se refleja en una extensa producción académica que comenzó en los años ‘90 y comprende estudios sobre genética, genealogía, reproducción, fisiología, producción de carne, características dentales, calidad de leche y conservación de recursos zoogenéticos.

Más de tres décadas de investigación

La bibliografía reunida por el programa permite observar cómo fue evolucionando el conocimiento sobre esta población.

Los primeros trabajos, publicados en 1992 y 1995 en la revista de recursos genéticos animales de la FAO, describieron el origen del Bovino Criollo Argentino Patagónico y los avances iniciales para su conservación.

A partir de allí se desarrollaron investigaciones sobre su variabilidad genética, su conformación corporal, sus características fisiológicas, la fertilidad del semen, la eficiencia materna, la producción de carne y la comparación con otras poblaciones criollas y razas comerciales.

Compartimos algunas postales de la Jura Morfológica de Bovino Criollo en la 138.ª Exposición de

La información recopilada también muestra que el programa investigó aspectos muy específicos, como el tamaño, la dureza y la microestructura de los dientes incisivos. Estas características no son menores: pueden ayudar a comprender la capacidad de los animales para aprovechar pasturas y mantener su condición corporal durante una vida prolongada.

Además, se realizaron evaluaciones sobre producción de carne, rendimiento de cortes, marcadores de terneza, composición de la leche, fertilidad, criopreservación de semen y comportamiento reproductivo.

Todo ese conocimiento conforma ahora la base científica de una etapa distinta: comprobar qué ocurre cuando esa genética se incorpora a rodeos destinados a la producción.

Del patrimonio genético a los campos productivos

El programa mantiene el objetivo de preservar la mayor diversidad genética posible dentro del núcleo original. Para ello utiliza apareamientos dirigidos, inseminación artificial y almacenamiento de semen de distintos toros.

Pero paralelamente comenzó a trabajar en cruzamientos experimentales.

Parte del rodeo participa de un ensayo realizado mediante un convenio con el Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires. Allí se busca evaluar cómo se expresa la genética criolla patagónica al combinarse con animales utilizados en los sistemas ganaderos convencionales.

“En la actualidad, esto es lo más importante: estamos en un proyecto de evaluación de la cruza que se produce cuando cruzamos estos animales de origen patagónico con otros”, explicó Género.

El objetivo no es reemplazar a las razas comerciales, sino aprovechar el fenómeno conocido como heterosis o vigor híbrido. Este se produce cuando los animales cruzados expresan ventajas productivas derivadas de la combinación genética de sus progenitores.

Compartimos algunas postales de la Jura Morfológica de Bovino Criollo en la 138.ª Exposición de  (1)

Género explicó que el beneficio puede manifestarse directamente en los terneros, pero también en las hembras cruzadas utilizadas como madres.

“Esas hembras manifiestan algo que llamamos heterosis materna: la habilidad de criar los terneros, la calidad y cantidad de leche y los cuidados que prestan las vacas para la cría. Y eso se manifiesta en kilos de carne al destete”, detalló.

El programa ha realizado cruzamientos con razas como Shorthorn y Limousin, además de emplear los reproductores disponibles en los establecimientos donde se desarrolla el trabajo. De acuerdo con Género, los primeros ejemplares expresan características que resultan visibles para quienes trabajan diariamente con el ganado.

Sin embargo, todavía se requieren ensayos prolongados y mediciones sistemáticas antes de afirmar qué combinaciones ofrecen los mejores resultados.

Vacas de 18 años que todavía producen

Uno de los atributos que más interés despierta es la longevidad productiva.

Género contó que dentro del rodeo conservado existe una vaca de 18 años que aún conserva una dentición que, según estimó, podría permitirle continuar varios años más.

“Tenemos una vaca que tiene 18 años y todavía tiene dientes como para tres años más. Eso es único”, afirmó.

La duración de la vida fértil de una vaca tiene un impacto económico directo. Cada vientre que debe ser reemplazado antes de tiempo obliga al productor a criar o comprar una nueva hembra, esperar hasta que alcance la edad reproductiva y asumir los costos de alimentación, manejo y sanidad durante ese período.

Una vaca que logra mantenerse sana, quedar preñada y criar terneros durante más años permite distribuir esos costos en una cantidad mayor de crías.

La observación de Género encuentra un contexto adicional en una investigación publicada a fines de 2025 por especialistas vinculados al Instituto de Investigación sobre Producción Agropecuaria de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.

6a5f5c3091f55_768_575!Hace 35 años rescataron vacunos salvajes en Los Glaciares. Hoy su genética es campeona en Palermo

El trabajo analizó 196 vacas de Bovino Criollo Argentino que habían completado su ciclo reproductivo en la Cuenca del Salado. La vida productiva promedio fue de casi 94 meses y cada vientre produjo, en promedio, 8,23 terneros, con casos que llegaron a 18 crías. Los autores concluyeron que un uso más frecuente de esta raza podría contribuir a mejorar la productividad de los sistemas ganaderos extensivos de esa región.

Ese estudio corresponde al Bovino Criollo Argentino en general y no exclusivamente al núcleo patagónico originado en Los Glaciares. Sin embargo, aporta evidencia sobre el valor que la longevidad puede tener como característica productiva dentro de la raza.

Animales más pequeños y de menores requerimientos

El Bovino Criollo se caracteriza por un tamaño corporal relativamente reducido frente a muchas razas comerciales. Esto puede ser visto como una limitación si se considera únicamente el peso individual del animal, pero adquiere otra dimensión cuando se analizan sus necesidades de mantenimiento.

Las vacas más pequeñas requieren menos alimento para sostener sus funciones básicas. En ambientes con pasturas escasas, suelos difíciles o períodos climáticos adversos, esa característica puede facilitar que mantengan su condición corporal y capacidad reproductiva.

Una revisión sobre el Bovino Criollo Argentino destaca precisamente su tamaño moderado, menores necesidades energéticas, fertilidad, facilidad de parto, longevidad y capacidad para responder en condiciones nutricionales desfavorables.

Género resumió esa idea durante la entrevista en la Radio de El Calafate: 

“Uno modifica el medio ambiente para ser más productivo o utiliza una genética que esté adaptada al medio ambiente que hay, sin demasiadas inversiones”, sostuvo.

Esta mirada cobra relevancia frente al aumento de los costos productivos y la necesidad de desarrollar sistemas ganaderos capaces de funcionar con menor dependencia de infraestructura, suplementación y tratamientos permanentes.

¿Puede ampliar la frontera ganadera?

Durante la entrevista, FM Dimensión le preguntó a Género si esta genética podría utilizarse para extender la producción bovina hacia ambientes donde otras razas tienen dificultades.

El especialista respondió que no tenía dudas sobre ese potencial, siempre que los cruzamientos sean planificados correctamente.

“Se podrían hacer en zonas donde actualmente otras razas no progresan o no tienen rendimientos tan distintos y superiores”, afirmó.

La posibilidad todavía debe demostrarse mediante ensayos específicos. La adaptación de los animales depende no solamente de su genética, sino también del tipo de suelo, la disponibilidad de agua, las pasturas, el manejo, las enfermedades presentes y las condiciones climáticas de cada zona.

No obstante, investigaciones internacionales coinciden en que las razas criollas americanas constituyen un reservorio de adaptaciones locales valiosas para ambientes hostiles y pueden ofrecer alternativas para una producción de carne más resiliente.

Un proyecto hacia próximas décadas

La nueva etapa tiene una particularidad: sus resultados completos no estarán disponibles en pocos meses ni en dos o tres años.

Los tiempos biológicos de la ganadería son extensos. Una vaca debe nacer, desarrollarse, ingresar a reproducción y permanecer durante varios ciclos productivos antes de que pueda evaluarse verdaderamente su longevidad.

Por eso Género puso una fecha que sorprendió durante la entrevista: 2042. “Estoy pensando en un proyecto que va a tener vacas que van a estar 20 años en el campo. Tenemos que estar en 2042 para ver los primeros resultados con respecto al largo de vida fértil de los animales que están empezando a nacer”, explicó.

El investigador reconoció que se trata de una perspectiva poco habitual en una época marcada por la búsqueda de resultados inmediatos.

“Este proyecto no es para mí, indudablemente. Es para los alumnos que están en la facultad, los jóvenes que se están formando en estas nuevas líneas”, afirmó.

La participación estudiantil es, precisamente, otro de los componentes centrales. Alumnos de la facultad intervienen en la preparación y el manejo de los animales, su presentación en exposiciones y la difusión de las características del programa.

La vidriera de Palermo

Durante la 138ª Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional de Palermo, la Universidad Nacional de Lomas de Zamora volvió a presentar ejemplares del Bovino Criollo Patagónico.

Más allá de los reconocimientos obtenidos en la muestra, Género consideró que la presencia en Palermo permite que los productores conozcan esta genética, pregunten por sus características y comiencen a evaluar su posible incorporación.

Compartimos algunas postales de la Jura Morfológica de Bovino Criollo en la 138.ª Exposición de  (2)

“El proyecto empieza a ser visible a través de nuestras presentaciones en Palermo. Se va acercando constantemente gente que quiere adoptar la genética que nosotros tenemos o, por lo menos, conocer el tema”, expresó.

La propia Facultad de Ciencias Agrarias define la extensión como uno de los objetivos centrales del programa: compartir la experiencia y el conocimiento con personas e instituciones que puedan utilizar racionalmente el recurso genético para mejorar la productividad ganadera, tanto en cantidad como en calidad.

El regreso simbólico de una genética patagónica

Existe una paradoja en esta historia. Los antepasados de aquellos animales llegaron originalmente desde el norte del país y, tras distintas etapas de ocupación ganadera, terminaron aislados en el extremo austral. Allí atravesaron décadas de selección natural en uno de los ambientes más exigentes de la Argentina.

Posteriormente, algunos ejemplares fueron extraídos de Los Glaciares y trasladados nuevamente a la provincia de Buenos Aires para asegurar su conservación.

Ahora, aquella genética transformada en la Patagonia comienza a ser evaluada como una posible herramienta para mejorar los rodeos de las regiones de las que alguna vez partieron sus ancestros.

“Insertar esa genética en los rodeos de la provincia de Buenos Aires podría reducir muchísimo los costos de amortización de las vacas y aumentar la producción de carne, sobre todo para los pequeños y medianos productores”, señaló Género.

El Bovino Criollo Patagónico dejó así de ser solamente el protagonista de una extraordinaria historia de supervivencia en el Parque Nacional Los Glaciares.

La respuesta definitiva llevará años. Tal vez décadas. Pero para Género, el cambio ya comenzó. “Después de tantos años y tanto esfuerzo, el proyecto empieza a ser visible y utilizable para los productores”.

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