De un sueño personal a un proyecto provincial: la historia detrás del cultivo de 400 hectáreas en Cerro Frías

En Estancia Alice, a 25 km de El Calafate, la decisión de un productor de desafiar la desertificación se transformó en un proyecto agrícola que hoy involucra al Estado provincial, a técnicos locales y a nuevas generaciones que buscan reactivar la producción en Santa Cruz.

Hace poco más de seis años, Alejandro Bárcena observaba cómo el viento y la desertificación reducían la capacidad productiva de su campo. “Veía que mi campo se estaba deteriorando, que cada vez tenía menos vientres. El viento secaba todo muy rápido. Entonces me puse a limpiar, sembrar y mejorar el suelo para mejorar también la calidad de alimento que brindaba”, recordó en entrevista con FM Dimensión.

CERCA DE EL CALAFATE. Una experiencia de adaptación al Cambio Climático

Ese primer paso no fue sencillo: los técnicos que lo asesoraban llegaban con recetas pensadas para otras regiones del país. “Los ingenieros del norte traen su libro, pero no entienden Santa Cruz. No entendían cómo el viento podía secar todo en horas”, resumió. A pesar de las dificultades, Bárcena comprobó que la apuesta funcionaba y sentó la base para un cambio mayor.

El encuentro con un joven técnico local

En ese camino apareció Tomás Ciurlanti, un técnico agrónomo calafateño recién recibido. A diferencia de otros profesionales, entendió rápidamente las particularidades del clima y el suelo. “Tomás entendió al instante lo que pasaba en esta región tan distinta al norte”, dijo Bárcena.

En octubre de 2024 surgió Agro Calafate, la empresa creada por Ciurlanti junto a socios del norte, que aportó metodología, insumos y un plan de trabajo más riguroso. El impacto fue inmediato: “Pasamos de producir 250 rollos de pastura a 500 en un año. Fue el doble, pero además con más prolijidad y profesionalismo”, destacó Bárcena.

Un salto de escala

La experiencia con pasturas abrió el camino hacia un objetivo más ambicioso: producir granos de avena y trigo para alimentar al ganado y, sobre todo, para abastecer la planta de alimento balanceado que la empresa estatal Santa Cruz Puede instalará en Río Gallegos.

Ciurlanti explicó la estrategia: “Estamos sembrando avena y trigo de ciclo corto, variedades que completan su desarrollo precozmente. Con el fotoperíodo de los veranos patagónicos, el crecimiento se acelera aún más. Prevemos cosechar a mediados de enero”.

Este año esperan 1.200 kilos de avena por hectárea y 2.500 de trigo por hectárea, con la meta de producir unas 600 toneladas de trigo y 200 de avena. Esos volúmenes cubrirán cerca del 70% de la materia prima que demandará la planta de balanceado en su primer año.

 

El proyecto que se despliega en Cerro Frías no es individual. Tiene tres protagonistas:

·         El Estado provincial, a través de Santa Cruz Puede y el Consejo Agrario, aportando maquinaria, insumos y financiamiento.

·         El productor privado, en este caso Bárcena, que pone la tierra y parte de la maquinaria.

·         Los técnicos de Agro Calafate, que aportan conocimiento científico, experiencia local e innovación en prácticas de cultivo.

Cultivan 400 hectáreas con avena y trigo a 25 km de El Calafate

Bárcena destacó el acompañamiento: “Lo que yo hice en seis años, con esta maquinaria lo hicieron en 24 horas. Al principio dudé de la política, pero vi que cumplieron de punta a punta. Estoy agradecido porque veo avances reales”.

Impacto esperado y potencial futuro

Según Ciurlanti, la planta de alimento balanceado producirá 1.150 toneladas anuales una vez en marcha, lo que equivale a cubrir cerca del 10% de la demanda provincial de ganado vacuno. “Tenemos un potencial enorme. Cada campo es distinto, pero en todos se puede hacer algo. Lo importante es analizar cada sistema y animarse a probar”, afirmó.

Para Bárcena, la proyección es clara: “Arranqué con 300 vacas y ahora voy camino a mil. En Santa Cruz hay millones de hectáreas para producir, y el futuro es pasar de lo extensivo a lo intensivo”.

El proyecto también derriba mitos. “Muchos decían que labrar el suelo en Santa Cruz era imposible por el viento. Pero después de años de prueba y error comprobamos que el suelo puede formar estructuras más fuertes de las que tenía. Nunca se me voló nada”, aseguró Bárcena.

Con 58 años, Bárcena confiesa que se siente renovado: “Estoy como en el jardín de infantes, voy todos los días contento a ver los avances. Y con un grupo de jóvenes fantásticos, con otra cabeza, una cabeza de trabajo”.

Sobre la nueva maquinaria que llegó a la estancia fue gráfico: “Lo que hice en seis años, estos chicos lo hicieron en 24 horas. Es como si hubiera pasado del arado a un tractor automático de otro planeta”.

Ciurlanti coincidió en que la provincia tiene un enorme potencial: “Con trigo, avena y otras especies adaptadas podemos crecer muchísimo. Nuestro objetivo es que otros productores se animen y nos llamen para ensayar en sus campos”.

Un modelo que puede replicarse

La experiencia en Cerro Frías ya genera expectativa en otros productores. “Cuando arranqué a sembrar me dijeron que estaba loco. Hoy varios están tratando de hacerlo porque se dieron cuenta de que la locura tiene sus beneficios”, contó Bárcena.

El desafío es replicar el modelo en otras zonas de la provincia. “Hay lugares donde se puede y otros donde no, pero hasta que un técnico no vaya y estudie el suelo, nadie puede asegurarlo. Nosotros encontramos que había un suelo orgánico mejor que en Buenos Aires”, agregó.

Lo que comenzó como la decisión de un productor frente al cambio climático hoy se convirtió en un proyecto colectivo que articula al Estado, a técnicos y a privados, con un impacto que trasciende la estancia.

“Esto recién empieza. Hoy hablamos del 10% de la demanda de alimento balanceado, mañana será el 20% y después el 30%. Lo importante es que la producción volvió a ser parte de la agenda de Santa Cruz”, concluyó Bárcena.

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