
Arcilla, caballos y paisajes patagónicos: la experiencia de Desirée De Ridder en El Calafate
Hector Lara


Más de doscientos jinetes y amazonas formaron parte de esta experiencia única que combinó cultura criolla, paisajes patagónicos y un profundo vínculo con la naturaleza, dejando también una huella artística. La marcha atravesó los campos de las estancias Anita, Chorrillo Malo, Alta Vista, Lago Roca, Nibepo Aike, Cerro Moreno, Dos Lagos y Lago Rico, en un recorrido que permitió apreciar glaciares, montañas, flora y fauna característica de la región.
Nacida y criada en Perkins, provincia de Buenos Aires, Desirée es artista ceramista, ecologista y defensora de la vida animal. Vive rodeada de sus animales en una emblemática estancia cercana a Alberdi, donde desarrolla su obra lejos del típico torno de alfarero. “Lo mío es más la escultura”, afirma, explicando su preferencia por moldear la arcilla con las manos. Crecer en el campo fue, según ella, lo que la llevó naturalmente a dedicarse al arte y a interiorizarse en prácticas vinculadas a la bioconstrucción, utilizando materiales nobles como madera, paja e incluso lana cruda de oveja como aislante térmico.
Previo a la marcha, De Ridder participó de un encuentro artístico junto a otros referentes. “Una curadora, Victoria Tolomei, nos convoca a dos artistas que trabajaban con la naturaleza. Entonces fuimos Marcelo Canevari y yo”, relató. “Nos conocimos a través del arte. Fuimos invitados por Esplendor a una expedición a El Calafate”. En ese marco, la artista realizó una escultura en arcilla con una fuerte carga simbólica: una cabeza de huemul.


Canevari, Tolomei y De Ridder en Punta Walichu
“Cuatro días de travesía compartida para encontrarnos con la inmensidad de este lugar: su simbología, su historia. Yo particularmente trabajé con el huemul: una intención, un mantra, para que vuelva a poblar el suelo santacruceño en paz, sin cacerías”, explicó. La obra fue realizada en el Hotel Esplendor como parte de una actividad artística impulsada por la curadora Tolomei.
La experiencia patagónica despertó en la artista nuevas reflexiones sobre el arte y el territorio. “El arte te lleva a ser un gran observador y este viaje fue una expedición para adentrarnos en el corazón de esta zona, hacia su profundidad, su silencio y su fuerza”, expresó, y agregó: “Volvimos distintos”.
En ese sentido, De Ridder destacó el potencial de los materiales locales y la necesidad de impulsar la escultura cerámica en el país. “Hay artistas que están trabajando con la arcilla local, con la arena volcánica de las playas negras, sería interesantísimo hacer una gran obra, un parque de esculturas con la arcilla de ahí”. Y remarcó: “La arena volcánica es extraordinaria porque le da un anti plástico único. Me parece que lo que nos falta en la Argentina es hacer más esculturas… hay muchísimos buenísimos alfareros, pero muy pocos escultores en cerámica”.
La Marcha de Criadores, que contó además con la participación de la Municipalidad de El Calafate y la Intendencia de Parques Nacionales, fue otro de los momentos más intensos del viaje. “Durante una semana vimos desde nuestros caballos criollos glaciares, cóndores y la inmensidad más profunda y bella”, relató. Y añadió con emoción: “El caballo es un ser tan poderoso, nos enseña día a día, gracias por tanto”.

Los paisajes quedaron grabados en su memoria: “Qué país que tenemos, con millones de paisajes diferentes. Seis días de convivencia, de amor profundo entre glaciares y bendecidos por cóndores que surcan los cielos de El Calafate”. También recordó los recorridos entre estancias, los rodeos de vacas y ovejas, los bosques de lengas y ñires, y la vista lejana de las Torres del Paine, testigos de antiguas rutas de arreos hacia Chile en el siglo XIX.
Al cierre de la entrevista, Desirée compartió una reflexión íntima surgida de esos días a caballo. “Estar seis días arriba de un caballo por ocho horas es increíble, porque es verdad que el caballo es muy sanador. Siento que ese viaje me aportó muchísimo, me cambió, me hizo reflexionar”. Y concluyó: “Más que agradecida con El Calafate, me parece que es un lugar espiritual muy poderoso. Será por esos enormes bloques de hielo, por los cóndores y las águilas volando, que lo hacen único”.






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