
APUNTES CIUDADANOS: LAS BARBARIDADES DE LOS BÁRBAROS

“Y la gasolina de la política, de la política populista del siglo XXI, es el miedo. El miedo es la gran gasolina. Si la post verdad y la desorientación absoluta acerca de lo que es verdadero es, digamos, su constitución, su condición es el miedo. Para que esto funcione la gente tiene que tener miedo. Si la gente no tiene miedo deja de funcionar. Entonces eso es clave para entender nuestro siglo. Los políticos necesitan que tengamos miedo. En el momento en que dejamos de tener miedo se crea inmediatamente una cosa para generar un miedo nuevo hacia adelante”. (1)
André Barba (1975)


Pareciera que, social y políticamente, cada vez más nos hundimos en ciénagas pestilentes sin fondo donde condenados en aceptados públicos procesos por apropiarse venalmente de dinero de todos, ya ni despiertan interés cuando toman Sol, hacen bailecitos ante unos pocos fanáticos acríticos, se niega a devolver lo ajeno como parte de la pena con ratificación de la Corte Suprema de la Nación, sin nunca haber apelado a instancias jurídicas internacionales más allá de emotivas amenazas a falta de pruebas.
Mientras tanto, el resto de la población trabaja, estudia, protege el desarrollo familiar con atenta protección por los alimentos, la salud, el esparcimiento de millones de niños ajenos a los dislates de ciertos empleados públicos bien retribuidos con dinero aportado por los contribuyentes que, cada día, sufren acoso fiscal para mantener estructuras laborales desmedidas en gestiones gubernamentales guiadas por el amiguismo y las componendas.
¿Qué castigo casi ancestral sufre la ciudadanía mediante calles inundables, falta de cloacas domiciliarias, viviendas sin seguros contra incendios, veredas rotas y mal iluminadas, políticos ineficientes y charlatanes, etcétera: “no su pudió”, “estamos mal pero vamos bien”, falta de templanza cívica como lo señaló el extraordinario británico Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde (Oscar Wilde) (1854-1900): “Perdona siempre a tus enemigos; nada les molesta más”.
MÁS
Nada surge a simple vista que racionalmente justifique la notoria ausencia de partidos políticos de oposición, cuantiosos déficit de las cuentas públicas, economías empobrecidas durante décadas de aquelarres, nepotismo, falta de movilidad y alternancia en poder en sindicatos, municipios, gobernaciones, etcétera.
Sesgos hacia la modificación de normas para incumplir juramentos de respeto a la alternancia en el poder, inhibir las aberrantes candidaturas testimoniales, ciudadanos que viven con serios déficit urbanos mediante la apropiación de espacios verdes y terrenos anegadizos en nada aptos para construcción viviendas, violaciones a los planes de manejo ambiental de reservas naturales urbanas incluyendo las costeras, etcétera.
Los tan necesarios debates públicos son frecuentemente inexistentes reemplazados por insultos, agravios, menoscabos personales, descalificaciones etarias, descalificaciones a los mensajeros en vez focalizarse en los mensajes, periodistas militantes de uno u otro lado, pautas publicitarias a cambio de transmisión de noticias personalista y siempre laudatorias, etcétera.
Todos revolcados vivimos en mismo lodo, en un gran cambalache, (1934) con el permiso del genial Enrique Santos Discépolo (1921-1951).
UN MAGNÍFICO APORTE
“Hace rato que investigo el insulto. Las palabrotas siempre revelan algo de la sociedad que las inventa: cómo herir con palabras nunca es algo menor, así como tampoco lo son las formas del elogio. Claro que hubo épocas mejores que las nuestras en el arte de insultar: en el refinamiento del término elegido se revelaba la calidad del ofensor. Borges tiene un ensayo precioso llamado ʽEl arte de injuriarʼ en el que piensa que las imprecaciones y ʽmalas palabrasʼ tienen su raíz en la magia: al proferir una palabrota, de alguna manera, no solo neutralizamos las malas energías provenientes de esa persona (o de ese objeto con el que, por ejemplo, acabamos de golpearnos), también convertimos a esa molestia en otra cosa.
En esta teoría, decirle ʽidiotaʼ a alguien no sería solo describirlo como a una persona que vive para sí misma y no se entera de nada de la cosa pública (tal era la etimología griega de esa palabra), también sería transformarla en eso: por arte de magia (lingüística) ese sujeto de golpe se volvería incapaz de entender. Un hechizo, sí.
Siguiendo la línea de que el insulto puede ser un arte, el español tiene verdaderas maravillas que hoy están en desuso. Mi favoritas: son ʽpelafustánʼ, que describe a un pobre tipo (un paria, un pelagatos, un mediocre, un insignificante), petimetre (un presumido) y pusilánime (alguien con falta de valor para tomar decisiones). Esta última, además, agrega en su sonoridad una especie de golpe de efecto. Creo que voy a empezar a usarla, a ver si me vuelvo trendsetter en cuanto a modos realmente significativos de insultar.
Porque la nuestra es una época de groserías llanas. Nos domina la literalidad y la falta de ingenio. Desde los presidentes a los funcionarios menores, vemos cómo la grosería está a la orden del día. ¿Un país, una empresa, una comunidad se pueden manejar con la lógica de una cancha de fútbol o una contienda con exceso de testosterona? Parece que sí.
Estoy leyendo un libro que trata de explicar esto. Se llama Maleducados y su autora, Renata Salecl (una socióloga eslovena), tiene varias hipótesis al respecto: la mercantilización en los intercambios sociales (en especial, en redes) que en la ideología neoliberal siempre deben servir para algo (o sea, para avanzar económicamente), la ética de la crueldad (en la TV, en los streamings, en el trabajo) que implica pasarles por encima a los más débiles y la apatía están llevando al triunfo de los psicópatas. Manipuladores, maestros de la insidia y de la creación del caos, gobiernan (y hacen negocios) dividiendo. En este panorama, el insulto es solo el primer escalón: le siguen la violencia física, la guerra.
Frente a este pronóstico conviene recordar que esa escalada comienza en las palabras. En ese ensayo de Borges, un hombre, impotente ante el ingenio verbal del otro, le arroja un vaso a la cara. El agredido se limpia con calma y responde. ʽEsa es una digresión, ahora espero su argumentoʼ. Contrario a lo que se cree, no es poder lo que hay en un golpe. También la impotencia de los líderes se mide por su recurso a la violencia”. (2)
NOTA Y REFERENCIAS
Alejandro Rojo Vivot desde 1970 es escritor.
1) Barba, Andrés. Andrés Barba: “El miedo es la gran gasolina de la política populista del siglo XXI”. Entrevista de Hinde Pomeraniec. Infobae. Buenos Aires, Argentina. 25 de enero de 2026.
2) González, Betina. El arte de insultar. Clarín. Buenos Aires, Argentina. 26 de noviembre de 2025.
Por Alejandro Rojo Vivot - Escritor






Se debe regular el lobby sin anular a la sociedad civil

La provincia de La Pampa, el agua y la ley de Glaciares

Parque Nacional Los Glaciares advierte sobre la presencia de pumas y recuerda las normas de circulación

Sorpresa: la llamada desde una estancia que derivó en el hallazgo de un antiguo bosque preservado por 50 millones de años

RUTA 40. Dos mujeres heridas al volcar una camioneta en Cuesta de Míguez

Soledad Pastorutti visitó el Glaciar Perito Moreno en el marco de su gira federal “30 Pueblos”

GLOF. Debate sobre cómo actuar ante una amenaza natural de gran magnitud




