
Cuando Andrea Del Boca vino al sur: la historia del film que llevó paisajes santacruceños al cine
Hector Lara
La historia narra la vida de una niña huérfana que vive con su abuelo en el sur del país, en la provincia de Santa Cruz, y el conflicto que se desata con la llegada de su padre. La película abre con una descripción en primera persona de la provincia, sus paisajes y sus entonces ocho mil habitantes, para dar paso a escenas rurales donde la pequeña protagonista cabalgaba entre ovejas, retratando la vida en la Patagonia profunda.
El film también reflejó prácticas tradicionales como los arreos patagónicos, la esquila de ovejas, la producción de lana y los asados al aire libre, combinadas con escenas de interiores rodadas en Buenos Aires, todas atravesadas por el siempre presente sonido del viento agregado en posproducción.
Cabe recordar que Andrea fue la segunda experiencia cinematográfica de Andrea Del Boca, quien un año antes, en 1972 y con apenas 7 años, había debutado en cine con Había una vez un circo, dirigida por Enrique Carreras, junto al popular trío Gaby Fofó y Miliki.


Entre los créditos del film aparece también María Victoria “Toia” Ibáñez, una vecina de la región que, con apenas 12 años, fue seleccionada como extra y cumplió un rol clave: enseñarle a montar a caballo a la joven actriz. Décadas después, compartió con Ahora Calafate sus recuerdos de aquella experiencia única.

“La convocatoria para los extras fue para chicos jóvenes que íbamos a actuar todos de primos de Andrea, que no se había criado acá. La convocatoria se hizo por la radio en Rio Gallegos, por lo que muchos de los chicos que actuaron eran de la capital.” Además de Ibáñez, de El Calafate también participaron los niños Lorraine Beheran y Sergio Saúl Riestra, completando un elenco que mezcló figuras consagradas con protagonistas locales.
La ciudad de Rio Gallegos, el pareja Esperanza, la Estancia Las Vegas, donde vivía el abuelo ficticio de Andrea, Miguel Ángel Magaña, fueron escenarios recurrentes, y en El Calafate tuvo locaciones hoy irreconocibles. “Hubo escenas grabadas en el pueblo, en la bajada del Banco Santa Cruz, allí participaron varias señoras de la localidad, artistas de Bs As, y en su debut cinematográfico la actriz Julieta Magaña.”
“A mí me seleccionaron directo porque una de las locaciones que eligió el director Rinaldi, fue la Estancia Anita, fueron con el papá de Andrea (Nicolás Del Boca) y me vieron andando a caballo, como yo andaba bien y Andrea tenía que andar a caballo en algunas escenas, el padre dijo esta es la única chica que pude llevarla a caballo a Andrea, la cuidaban muchísimo, había venido con su padre y madre.”
Toia Ibáñez y Sergio Riestra en la escena del asado en Nibepo Aike
“Una escena muy linda se filmó en el rio Centinela con todo un arreo de ovejas que pasaban por carretas que lo hacia el administrador de la estancia que en ese momento era mi papá, Enrique Ibáñez”. La filmación se extendió durante un mes y tuvo como escenarios el río Mitre, la estancia Anita, Nibepo Aike y el glaciar Perito Moreno, que en aquel entonces mostraba una cercanía distinta al estrecho, algo que hoy sorprende al ver la película.
“Nos pasaban a buscar con el colectivo, algo teníamos que estudiar, eran diálogos cortos que nos lo decían con nuestros compañeros. Éramos muchos chicos así que en realidad nos divertimos un montón.” Comenta Toia sobre la experiencia de filmar a esa edad y agrega que como se ve en varias oportunidades tocaban la guitarra, cantaban y bailaban.

Sobre la protagonista, Ibáñez recordó con cariño: “Andrea era una chiquita amorosa, tranquila, era impresionante, le decían llorá y lloraba a lagrima tendida, y si tenía que reír lo hacía inmediatamente, pero se la pasaba llorando porque eran muy melodramáticas las historias.”
La llegada del equipo de filmación revolucionó la vida cotidiana de la región. La presencia de actores reconocidos, especialmente Mario Passano, despertó gran entusiasmo entre las vecinas que lo reconocían por sus telenovelas románticas.
La experiencia, sin embargo, también tuvo sus exigencias: “La escena del asado de cordero en Nibepo en el bosque, la repetimos más de quince veces, el cordero ya estaba frio y teníamos que seguir con el mismo entusiasmo de la primera escena, porque alguno se equivocaba por la letra, la luz, pasaba un pájaro, habían cuestiones que hacían repetir las escenas.”

Otro aspecto que recuerda es la post filmación: “Nos pagaron honorarios, con el primer pago en mi vida me compré ropa en Blanco y Negro, una tienda de Rio Gallegos.”
El estreno también quedó grabado en la memoria de quienes participaron: “Se hizo el estreno de la película en el Cine Carrera, un cine muy grande de Gallegos y fue muchísima gente. Fuimos al estreno, estábamos en letra de molde en la presentación, estrené mi ropa nueva, un jean con pata de elefante y botas de marcas Botanguita beige con flecos de gamuza, estaban buenísimas, una cosa nueva para Calafate”.
Finalmente, Ibáñez contó cómo su vínculo con el cine se cerró poco después: “Me habían convocado para grabar interiores a Buenos Aires, en ese momento el sonido del cine no era tan bueno, los interiores una escena que están en una casa con las primas y dialogan se grabó allá y mi papá no me dejó ir. Ahí se terminó mi carrera artística.”

A más de cinco décadas de su estreno, Andrea no solo permanece como una pieza del cine nacional, sino también como un valioso registro de la Patagonia de los años 70 y un recuerdo vivo para quienes fueron parte de una experiencia que convirtió, por un tiempo, a El Calafate y los glaciares en escenario de película.
La película puede verse completa en la plataforma YouTube: LINK






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