
Desprendimientos de rocas en la montaña. Otro síntoma del cambio climático
Guillermo Pérez Luque
Los grandes desprendimientos registrados durante el último verano en el Filo del Hombre Sentado (Imagen) y Cerro Adela no fueron hechos aislados.
Un reciente balance de la temporada 2025-2026 publicado por el American Alpine Journal (AAJ) señala que se produjeron varios eventos importantes de caída de roca en distintos puntos del macizo de El Chaltén, algunos de ellos de dimensiones particularmente grandes.


El informe, titulado “El Chaltén Summary, 2025-2026”, está firmado por Rolando Garibotti, guía y montañista de larga trayectoria en Patagonia. Es autor de la edición vigente de Patagonia Vertical – Macizo de El Chaltén, guía que reúne 420 rutas en 75 montañas, y creador de PATAclimb, una extensa base técnica e histórica de la escalada en la región. Garibotti desde hace décadas documenta sistemáticamente la actividad del macizo.
En su nuevo balance identifica desprendimientos en Cerro Adela, El Mochito, Filo del Hombre Sentado, Aguja de la Silla, la cara oeste del Cerro Chaltén —Fitz Roy— y el sector del Glaciar de los Tres.
Dos de esos episodios fueron registrados este verano
Al menos dos de los eventos que ahora menciona Garibotti ya habían sido documentados por Ahora Calafate.
En enero, Damián Gauna se encontraba en el Campamento Polacos cuando escuchó el estruendo de un desprendimiento en el Filo del Hombre Sentado, un gran contrafuerte rocoso ubicado al noroeste del Fitz Roy, entre los glaciares Fitz Roy Norte y Torre.
Poco después consiguió filmar un segundo colapso, todavía mayor, con una enorme masa de roca precipitándose por la pared.
Un mes más tarde, el 17 de febrero, se produjo otro importante desprendimiento desde la ladera norte del Cerro Adela, sobre el glaciar homónimo, próximo al Cerro Torre.
Guardaparques e integrantes de la Asociación Amigos del Parque Nacional Los Glaciares que se encontraban trabajando en la zona escucharon varios estruendos antes de poder identificar el sitio del derrumbe.
El nuevo informe del American Alpine Journal ubica ahora ambos episodios dentro de una serie más amplia de desprendimientos ocurridos durante la misma temporada.
¿Qué está pasando en las montañas?
Garibotti relaciona estos eventos con una combinación de degradación del permafrost y retroceso glaciar.
Según explica en el balance, la disminución del espesor de los glaciares provoca también la pérdida del soporte que el hielo ejercía sobre determinadas laderas.
El permafrost es terreno o roca que permanece congelado durante largos períodos. En alta montaña, el hielo puede ocupar fracturas y contribuir a mantener unidos bloques de roca. Su degradación puede favorecer procesos de inestabilidad.
En paralelo, cuando un glaciar se adelgaza o retrocede, quedan expuestas paredes que durante décadas o siglos estuvieron sostenidas parcialmente por el hielo.
Investigaciones científicas detectan procesos similares
La relación entre el retroceso del hielo y la inestabilidad de las laderas también viene siendo estudiada científicamente en la zona de El Chaltén.
Investigadores de CONICET analizaron las pendientes de Cerro Solo y Techado Negro, en la cuenca del Glaciar Torre, y determinaron que la pérdida de masa, volumen y espesor del glaciar está produciendo una relajación de las laderas que lo contienen, volviéndolas susceptibles a movimientos de remoción en masa.
Otro trabajo registró en la cuenca deslizamientos, flujos de detritos, grietas y caída de rocas, procesos que evolucionan en relación con el retroceso del Glaciar Torre y la pérdida progresiva del sustento basal proporcionado por el hielo.
Ese estudio aporta además un dato relevante: entre 2022 y abril de 2024 la tasa de retroceso del Glaciar Torre se cuadruplicó respecto del período 2019-2022. En ese lapso se estimó una pérdida de unos 0,4 kilómetros cuadrados y un retroceso del frente de aproximadamente 645 metros.
Una preocupación que viene de antes
Los antecedentes indican que los desprendimientos de roca vienen siendo observados desde hace varias temporadas.
En su balance de 2024-2025, Garibotti contabilizó siete accidentes graves causados por caída de rocas en las montañas del macizo. Hubo fracturas, un traumatismo severo y tres de esos episodios requirieron rescates externos.
En cambio, el informe correspondiente a 2025-2026 señala que, pese a los grandes desprendimientos registrados, hubo comparativamente pocos accidentes y ninguno fue fatal.
Un paisaje que continúa transformándose
El nuevo balance no establece cierres de montañas ni plantea una situación de alarma general.
Sí aporta una nueva evidencia sobre un proceso que se observa cada vez con mayor atención en la alta montaña. El retroceso del hielo no modifica solamente los glaciares, sino que también puede alterar la estabilidad de las paredes que los rodean.
Los derrumbes registrados en Cerro Adela y Filo del Hombre Sentado, junto con los señalados ahora en El Mochito, Aguja de la Silla, Fitz Roy y Glaciar de los Tres, muestran una montaña en transformación.
Y también refuerzan algo que especialistas y montañistas vienen advirtiendo desde hace años: los paisajes glaciares no son escenarios estáticos y algunos de sus cambios pueden producirse de manera abrupta.






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