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APUNTES CIUDADANOS: HUMOR EN JUEGOS DE PALABRAS

Alejandro Rojo Vivot (1) nos acerca con juegos de palabras diferentes ejemplos de como el humor puede hacer chistes sobre la política donde los políticos son una gran fuente de inspiración. HUMOR, POLÍTICA Y AFINES CCCIII.

General - Opinión 23/01/2022 Alejandro Rojo Vivot - Escritor
REVISTA Ñ. NÚMERO 382. BUENOS AIRES 22 DE ENERO DE 2011

FOTO: ARV. REVISTA Ñ. N° 382. BUENOS AIRES. 22 DE ENERO DE 2011

“La alusión es quizá el más corriente y manejable de todos los medios del chiste y constituye el fundamento de la mayoría de los chistes de corta vida que acostumbramos introducir en nuestra conversación, los cuales no pueden subsistir por sí mismos ni soportar ser desarraigados del terreno que nacen. (…) Tampoco la alusión es chistosa en sí: existen alusiones de correcta elaboración que no pueden pretender tal carácter. Sólo la alusión ʻchistosaʼ lo posee”. [2]

 

Sigmund Freud (1856-1939)

 

Principalmente, no son los humoristas quienes deben dar explicaciones por qué tienen tanto éxito los numerosísimos chistes sobre la política, pero sí los políticos.

Cuando la ironía genérica sobresale a flor de piel y es ampliamente compartida, la labor de la caricaturización fluye divirtiendo a quien crea y a quienes se recrean.

¿Algún día la política dejará de tener particular atractivo humorístico? No lo sabemos ni intuimos una respuesta factible como tampoco lo lograron a lo largo de 2.500 años de inventiva al respecto.

Los juegos de palabra son una magnífica y relativamente compleja herramienta para ejercer el humor. Van aquí algunos ejemplos.

Aquel legislador estaba muy sospechado de alta corrupción y siempre lo enfrentó con la realidad: su inmunidad por el fuero parlamentario.

Aquel legislador comenzó a perder la audición, la visión y la capacidad de comprensión hasta que volvió a caminar por las calles y las recuperó totalmente con sólo dejar de estar todo el día en su despacho, en las comisiones y en el recinto.

Aquel legislador muy fiestero respetaba el Orden del Día y se desquitaba con algún desorden nocturno.

Aquel legislador venal tenía muchos conflictos de intereses pero aduciendo que era un hombre de paz los disimulaba en vez de enfrentarlos.

Aquel legislador se decía muy honrado por eso siempre estaba dispuesto a devolver los favores que recibía.

Aquel legislador, cada vez que había un disturbio en el recinto de sesiones, no quería que sus colegas ejercieran la facultad de llamar a la fuerza pública pues tenía miedo que, aprovechando su presencia, lo detuvieran a él por sus actos corruptos.

Aquel legislador no quería que existiera el voto nominal pues desde chico estaba acostumbrado a que cuando tiraba una piedra siempre escondía la mano.

Aquel legislador oficialista estudió alemán para contar hasta diez antes de votar de acuerdo a las órdenes recibidas desde el Poder Ejecutivo.

Aquel concejal caminó incansablemente su ciudad solicitando el apoyo ciudadano a un proyecto suyo; fracasó pero bajó siete quilos y volvió a jugar al fútbol con sus amigos.

Aquel político era capaz de prometer cualquier cosa creyendo que dejaba contento al pueblo olvidando que en el cuarto obscuro se recuerda mucho.

Aquel filósofo recordaba que el ser humano es único e irrepetible, ¡extraordinario!, como los políticos ¡por suerte!

Aquel elector en el cuarto obscuro gritaba ¡fraude! pues no encontraba una boleta en blanco para cumplir así con su opción ciudadana.

Aquel ciudadano romano asistía a la representación de todas las comedias que se presentaban en el Foro, consciente que la generalización de la democracia dejaría sin letra a los futuros humoristas.

Aquel guardia de un Parlamento ignoto se propuso dejar entrar a únicamente a las personas de bien, sin controlar a los que ingresaban por la puerta para los legisladores.

Aquel sinvergüenza ya no sabía por quién votar en las elecciones generales pues, por experiencia propia, pocos lo convencían.

Aquel sargento, en el fragor de la batalla gritó ¡fuego! a lo que el recluta le preguntó ¿dónde?

Aquel teniente fumador no sabía cómo pedir fuego sin que el batallón comenzara a disparar.

Aquel vagabundo vivía bajo un puente, ese era su mundo donde vagaba.

Aquel filósofo ruso, Piteriski Descartado, había dicho pienso luego molesto.

Aquel sastre nunca daba puntada sin hilo, era solapado y botón.

Aquel ex presidiario nunca volvió a ser detenido pues en la cárcel aprendió a robar cabalmente.

Aquel famoso concertista ruso cuando viajaba al exterior era acompañado por quien lo vigilaba para que no se exilara que, a su vez, era custodiado por otra persona para que no huyeran juntos.

Aquel hombre de muy baja estatura le encantaba andar por lugares prohibidos para que le gritaran ¡Alto!

Aquel violento sostenía que los pacifistas generan los disturbios al reclamar por el desarme mundial.

Aquel escritor supone que las gomas de borrar odian tanto a las minas que algo debe haber.

Aquel sacapuntas chiquito y solitario cuando un lápiz le acercaba una mina sabía que la relación duraría muy poco.

Aquel adolescente se preguntaba cómo la gente vivía antes sin Internet, mientras su madre le explicaba que también antes no había televisión.

Aquel político sostenía “¡Bárbaros, las ideas no se matan!, se compran o se canjean por un puesto público”.

Aquel oculista se llamaba Casimiro, había nacido en Venado Tuerto, vivía en el edificio El Mirador que le costó un ojo de la cara, en Ververás y cazaba bienteveos.

Aquel cartógrafo cuando escribía una esquela lo hacía respetando la escala y a los puntos los destacaba con un círculo menos el punto final que lo dibujaba con un círculo doble.

Aquel hombre creía que se llamaban botaduras a las dictaduras militares.

Aquel hombre cuando se decidió ponerle los puntos sobre las íes también encontró otros errores ortográficos.

Aquel navegante cuando redondeó su idea se la presentó a los reyes católicos.

Aquel soberbio iba mucho al pedicuro para, por lo menos, tener alguien a sus pies.

Aquel hombre no comprendía a algunas médicas forenses cómo elegían una especialidad en la que no pueden conversar con sus pacientes.


[1] Ha publicado más de 1.500 artículos en distintos medios periodísticos 
[2] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Página 1072. Madrid, España.

Por Alejandro Rojo Vivot - Escritor.

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