
Desde El Calafate a Fukuoka: dos referentes del tango patagónico hoy enseñan en Japón
Hector Lara


“Nos fuimos en 2023. Primero pasamos por el norte de Chile, después estuvimos en España, en Italia, y este año nos llegó esta propuesta de trabajo para venir a dar clases de tango a una escuela en Japón”, relataron. Hoy, Connie y Julián forman parte del Templo Iberoamericano, una institución de Fukuoka dedicada inicialmente a la enseñanza del idioma español, que con el tiempo incorporó distintas danzas como salsa, flamenco y tango.
El viaje, aseguran, siempre estuvo atravesado por el tango. “Todo el viaje fue con el tango, en todas sus formas, de la manera que encontrábamos. A veces hubo que trabajar de otra cosa, porque el camino del arte no es tan derechito, pero siempre apostando al tango y compartiéndolo como se pueda”, explicaron.
Aunque pueda parecer lejano, el vínculo entre Japón y el tango tiene más de un siglo de historia. “Japón tiene una relación muy estrecha con Argentina desde hace décadas. Con el tango es algo muy particular”, señalaron, al recordar la figura del aristócrata japonés conocido como el barón Megata, quien a principios del siglo XX aprendió a bailar tango en Francia y luego lo llevó a Tokio, enseñándolo de manera gratuita. “Quería tener amigos para poder bailar”, contaron entre risas.


Desde entonces, el tango tuvo momentos de auge y de retroceso, atravesado por la historia mundial y los cambios culturales. “Hubo muchas orquestas de tango, después se fue perdiendo, pero hace años que vuelve a escucharse”, explicaron, trazando un paralelismo con lo ocurrido en Argentina, donde el género también atravesó etapas de olvido y resurgimiento.

En la escuela donde trabajan actualmente, el tango es practicado mayormente por personas adultas. “Son quienes tienen más tiempo y cierta comodidad económica para aprender. A los jóvenes es más difícil llegarles”, observaron. Sin embargo, destacaron el valor social del tango: “A la gente adulta le genera un espacio donde encontrarse”.
Sobre Fukuoka, Connie y Julián resaltaron la calidez de su gente y la vida social: “La comida es muy rica, la pesca es una actividad principal. Se los ve sociables, salen a comer y a compartir después del trabajo”. También subrayaron la fuerte presencia del budismo, visible en los numerosos templos distribuidos entre valles y parques.
El contraste cultural es permanente. “Todo es muy extraño viniendo de Calafate. Hay mucho consumo, mucha tecnología, diseños de cosas que ni sabías que necesitabas”, comentaron. Aun así, destacaron un aspecto clave: la seguridad. “Podés caminar tranquilo, se te puede caer la billetera o el teléfono que nadie te va a tocar nada”.
Consultados sobre la barrera del idioma, fueron claros: “Las letras del tango se las pierden. Aunque hablen español, no entienden del todo. Pero la música les gusta”. Para ellos, el tango trasciende la palabra: “Hay algo que los atraviesa, el contacto físico, la emoción. Eso es universal”. Las expresiones artísticas en espacios públicos, sin embargo, son distintas. “Es raro ver intervenciones en la calle como en Argentina. Acá todo es muy planificado, más privado”, explicaron.

El próximo gran desafío será el Festival Sakura Tango, que se realizará a principios de abril y reunirá a la comunidad tanguera de Japón, Corea y otros países de la región. “Va a ser nuestro debut en un festival internacional”, adelantaron, marcando un hito en su carrera.
El recorrido previo también dejó huellas. En Chile, el tango se mantiene vivo en espacios más cerrados; en Italia, en cambio, los sorprendió la magnitud del movimiento. “Hay tango en todos lados, desde Milán hasta Sicilia. Te diría que se baila más que en Argentina”, afirmaron. Con orgullo y compromiso, dejaron un mensaje claro: “Hay que defenderlo, ponerse a bailar, aprender, disfrutarlo. Es parte de nuestra cultura y no hay que dejarlo”.
Y aunque en el mundo persista la idea de que todo argentino baila tango, ellos matizan: “No todos bailan, pero sí somos un pueblo que baila. Hay una conexión con el cuerpo y con el piso que nos sale natural”. Esa raíz, aseguran, es la que hoy los acompaña desde El Calafate hasta Japón, llevando el tango como puente entre culturas.
Connie y Julian comparte a modo de vlog de viaje un perfil de Instagram llamado @entre_tangoymate donde difunden no solo esta fusión cultural y su rol como un fuerte signo de identidad nacional, sino también la cotidianeidad de cada lugar.






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