
“Habitar como práctica” nueva muestra colectiva inaugurada por artistas locales
Hector Lara
Con una propuesta que pone en el centro al territorio, los cuerpos y la memoria, quedó inaugurada la segunda edición de Porciones del todo, un laboratorio para artistas visuales autogestivo que presenta una muestra colectiva con los procesos y prácticas desarrollados desde el año pasado. Coordinado por la reconocida artista visual Ale Montiel, el espacio reúne a participantes que continúan desde la primera edición junto a nuevos asistentes que se sumaron a esta instancia de producción y reflexión compartida.
La exhibición, titulada “Habitar como práctica”, propone un recorrido por obras que nacen del trabajo sostenido en el tiempo, del intercambio colectivo y de la necesidad de pensar el arte como una forma de relación con las problemáticas contemporáneas.


En palabras de Montiel, “un territorio no es un dato fijo: implica producirlo simbólica y afectivamente. Recorrerlo, narrarlo, modificarlo, tensionarlo”. Desde esta perspectiva, el espacio se construye en la experiencia cotidiana y en las memorias que lo atraviesan. “Habitar como práctica implica una toma de posición: un desplazamiento que lo piensa como modo de hacer, como experiencia situada y en continuo proceso de producir relación. Las piezas reunidas en esta muestra nacen de un espacio de trabajo compartido y de encuentros sostenidos en el tiempo”, señala la curadora.

La escala de la miniatura propone una relación de cercanía y atención detenida. La incorporación de fotografías amplía el proyecto con vínculo con el paisaje y con un cuerpo que la rodea o tensiona, desplazando la pregunta por el hogar hacia una zona ambigua donde refugio e intemperie dejan de ser opuestos.

Florencia Mainetti presenta prendas escultóricas suspendidas como dispositivos blandos que retienen la memoria de un cuerpo posible y desarman categorías de género y de lo humano. Las piezas se desplazan de su función original para habilitar otras lecturas vinculadas a la acumulación, el exceso y la mutación.
Lo cuir describe Montiel también como práctica y como política del exceso. Mainetti continúa una línea iniciada en la muestra “La densidad del vacío” y en su obra performática “La crueldad de los peinados perrxs”, profundizando en la exploración de nuevas corporalidades.

En diálogo con esta perspectiva, Julieta Barrientos sitúa cuerpos disidentes en el paisaje patagónico. La estepa deviene campo de fricción. Sus fotografías interrogan cómo estos cuerpos aparecen, resisten y producen sentido en territorios atravesados por lógicas espaciales hegemónicas.

En sus imágenes tomadas por el fotógrafo Marcos Aguilera y el modelo Gabi Soto y su alter ego “Gemma”, los cuerpos exageran gestos, deforman estereotipos y tensionan lo humano hasta volverlo extraño. “Frente a una estepa históricamente leída como desértica u hostil, inscriben otras formas de presencia. No ocupan el espacio: lo producen.” Barrientos y Soto conforman además de la primera fiesta queer de El Calafate, “Brishit Bardo”, experiencia que atraviesa la muestra.

Ever Bueti trabaja con la fragilidad del tiempo y de la memoria con sus fotografías que no se limitan a documentar el pasado ni fijan el presente; se sitúan en una zona suspendida. La imagen aparece como intento de retener una luz transitoria, como gesto paradójico que registra aquello que ya se sabe en desaparición. En esta línea, Bueti continúa una búsqueda iniciada en “La densidad del vacío”, donde la curadora denota una “experiencia estética se construye desde la falta y lo incompleto.”

Laura Calleja artista y docente aborda el registro en dos derivas complementarias. Por un lado, registra afectaciones físicas como la exposición al sol en distintas zonas del cuerpo, cuyas derivas traslada luego a la pintura y por el otro construye un archivo de interrupciones del calendario escolar, días sin clases, contingencias edilicias, paros, que revela las fracturas del tiempo institucional.
El amarillo atraviesa sus obras como hilo conductor que proviene de tierras recolectadas en Santa Cruz y transformadas en pigmento. El territorio se convierte así en materia que devuelve memoria y en superficie que afecta. “Hace emerger lo real y muestra cómo lo externo atraviesa lo íntimo.”

“Habitar como práctica presenta obras que habilitan preguntas. Proponen refugios precarios, cuerpos insistentes, imágenes frágiles, datos que afectan. Abren espacios para imaginar otras formas de vincularnos con el territorio y entre nosotros”, afirma Montiel.
La muestra también contó con una performance con “Gemma” artista cuir y una instalación colectiva y kitsch que tiene que ver con los alimentos que a modo de sátira dicen que consume un artista contemporáneo, mal pagado, en un contexto económico difícil, por eso brindaron sándwiches de mortadela, picadillo de carne, jugos, vino, torta y más a los asistentes.
La muestra tiene programada dos activaciones para los próximos días, en donde los artistas e invitados ofrecerán actividades que complementen la muestra desde otras perspectivas como talleres, charlas y lecturas.







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