
LAGUNA NIMEZ. Hace 40 años, El Calafate decidió preservar una “joya ambiental” para el futuro
Guillermo Pérez Luque
Mucho antes de los senderos, los miradores y los observadores de aves que hoy llegan desde distintos lugares del mundo, Laguna Nimez ya formaba parte de la vida cotidiana de El Calafate.
Era la laguna ubicada al fondo de la chacra de Augusto Nimez, antiguo poblador conocido entre los vecinos como “el Ruso”, aunque era de origen checoslovaco.
Nimez cultivaba alfalfa, verduras y frutas, criaba gallinas y distribuía su producción por el pequeño pueblo. Detrás de aquella chacra había una laguna que en verano se llenaba de aves y en invierno se congelaba. Generaciones de calafateños iban allí a patinar.


Para diferenciarla de Bahía Redonda, conocida entonces como la “laguna de la Piedra Grande”, los vecinos comenzaron a llamarla simplemente Laguna de Nimez.
El nombre quedó.
La ordenanza que cambió su destino
El 5 de septiembre de 1986, hace exactamente 40 años el pionero Concejo Deliberante de El Calafate sancionó la Ordenanza 033/HCD/86, creando formalmente la Reserva Faunística y Florística Municipal Laguna Nimez.
La norma estableció una superficie aproximada de 35 hectáreas y definió objetivos que, vistos cuatro décadas después, mantienen plena vigencia: “conservar, difundir, investigar y custodiar” el patrimonio natural del lugar.

La ordenanza no buscaba solamente impedir que ese espacio fuera ocupado. También incorporaba la investigación, la difusión y la educación como herramientas de protección.
Incluso otorgaba un papel central al Museo Regional de El Calafate, que debía actuar como órgano conductor de la reserva y proponer nuevas normas municipales destinadas a reforzar la protección del patrimonio natural.
Aquella ordenanza sigue vigente y es la verdadera partida de nacimiento de la Laguna Nimez.
Proteger antes de que llegara la ciudad
Para comprender la importancia de aquella decisión hay que imaginar El Calafate de 1986. Por entonces habría alrededor de 2.000 pobladores
No existía el aeropuerto actual, el gran crecimiento turístico todavía estaba lejos y la expansión urbana que décadas después rodearía el humedal ni siquiera comenzaba.

Por eso, uno de los aspectos más significativos de la creación de Laguna Nimez es que la protección llegó antes que la presión urbana.
El Calafate decidió preservar ese ambiente cuando todavía no parecía necesario defenderlo de una ciudad en expansión.
El propio Concejo Deliberante destaca que Laguna Nimez fue la segunda reserva de estas características creada en el país, apenas tres meses después de la Reserva Ecológica Costanera Sur de Buenos Aires. Fue, en ese sentido, una decisión adelantada a su tiempo.
Una reserva en el papel no era suficiente
La ordenanza de 1986 fue el punto de partida, pero la construcción de la reserva llevó muchos años.
Con el crecimiento de El Calafate aparecieron nuevas dificultades: ingreso de vehículos, animales domésticos, actividades recreativas, presión urbana y necesidad de ordenar el uso público.
Distintas ordenanzas fueron ampliando las medidas de protección. En 1996, por ejemplo, se prohibió la circulación de vehículos motorizados dentro del área y se establecieron normas para peatones, bicicletas y cabalgatas. Es cierto, como toda norma interrumpe lo que eran usos y costumbres, tardó un buen tiempo en ser respetada.
La experiencia fue mostrando que crear una reserva puede ser cosa de una ordenanza; conservarla durante décadas requiere trabajo permanente.

2001, un nuevo capítulo con la UNPA
Un punto de inflexión llegó en 2001, cuando la Municipalidad y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) avanzaron en un convenio que vinculó directamente a la universidad con la administración del lugar.
A partir de entonces comenzó una nueva etapa. La reserva fue consolidándose sobre tres pilares: conservación, educación y ecoturismo.
Gradualmente se incorporaron obras, senderos, cartelería, tareas de investigación, monitoreos y propuestas destinadas a que vecinos y visitantes pudieran conocer el humedal sin poner en riesgo sus valores naturales.
Laguna Nimez comenzó a transformarse también en un aula a cielo abierto.

De reserva municipal a sitio reconocido por sus aves
En 2005, Laguna Nimez y su entorno fueron incorporados como Área Importante para la Conservación de las Aves (AICA), dentro del programa internacional de BirdLife International.
El reconocimiento confirmó algo que investigadores y observadores venían documentando: aquel pequeño humedal urbano tenía un enorme valor para la avifauna.
A lo largo del tiempo fueron registradas más de un centenar de especies, entre residentes y migratorias.
Flamencos australes, cauquenes, patos, gallinetas, chorlos y numerosas aves acuáticas encuentran allí alimento, refugio y lugares para reproducirse.

La reserva fue ganando además un lugar dentro de circuitos especializados de observación de aves.
Investigar para conservar
La presencia de la UNPA también permitió profundizar el conocimiento científico del área.
Distintos estudios analizaron aves, flora, agua, impacto de visitantes y comportamiento de especies frente a la presencia humana o de animales domésticos.
Esas investigaciones ayudaron a fundamentar medidas de manejo que hoy parecen habituales: mantener determinados sectores alejados de visitantes, evitar perros sueltos y ordenar recorridos.
La conservación dejó así de basarse únicamente en una decisión administrativa. Comenzó también a apoyarse en información científica producida en el propio territorio.
Una ciudad que terminó creciendo alrededor
Cuarenta años después basta observar una imagen aérea para comprender la trascendencia de aquella ordenanza. La ciudad llegó hasta la reserva.
Avanzaron las calles, viviendas, hoteles y servicios. La costanera transformó la relación de El Calafate con el Lago Argentino. Laguna Nimez quedó en medio de ese crecimiento. Pero permaneció protegida.
Eso explica, posiblemente mejor que cualquier otro dato, el valor de la decisión adoptada en 1986.
El espacio que entonces estaba vinculado con antiguas chacras terminó convertido en una reserva natural urbana rodeada por una de las ciudades turísticas de mayor crecimiento de la Patagonia.

Una deuda pendiente: los efluentes cloacales
La protección de Laguna Nimez también convive desde hace décadas con uno de los problemas ambientales derivados del crecimiento de El Calafate: el tratamiento de los líquidos cloacales.
La planta depuradora ubicada junto al humedal fue inaugurada en 1990 para una localidad muchísimo más pequeña y hoy se encuentra al límite de su capacidad operativa.
Estudios de calidad de agua realizados en 2005 y repetidos en 2015 determinaron que el tratamiento de los efluentes que llegaban al sistema Nimez no era completo y que la propia laguna terminaba actuando como una instancia adicional de depuración, absorbiendo nutrientes y degradando materia orgánica.

El estudio de 2015 detectó además alta carga bacteriana, bajo nivel de oxígeno y valores de materia orgánica superiores a los admitidos para el vuelco en cuerpos naturales, y recomendó como prioritaria la ampliación del sistema de tratamiento.
Dos décadas después, la solución estructural continúa pendiente: existen instalaciones de una planta modular que quedaron inconclusas y el Gobierno provincial anunció en 2026 su intención de terminarlas para mejorar la calidad del tratamiento y reducir el impacto ambiental.
De una laguna a la protección del Humedal Calafateño
Con los años, la mirada de conservación dejó de concentrarse únicamente en las 35 hectáreas originalmente protegidas alrededor de Laguna Nimez. El 31 de marzo de 2000, el Concejo Deliberante sancionó la Ordenanza 561/00, que creó como área protegida independiente la Reserva Natural Municipal Bahía Redonda, con una superficie aproximada de 700 hectáreas y el objetivo de preservar su patrimonio natural.
La protección se amplió conceptualmente después hacia la franja costera del Lago Argentino: en 2012, la Ordenanza 1487/12 consideró como área de amortiguación de Laguna Nimez el espacio comprendido entre la reserva y la costa aledaña, prohibiendo allí la circulación de vehículos a motor.
De esta manera fue consolidándose una visión integral del ambiente: Laguna Nimez, Bahía Redonda y la costa contigua del Lago Argentino forman un mismo sistema de humedal, conocido actualmente como Humedal Calafateño.

El “Team Lagunero”
Gran parte de esa historia reciente tiene protagonistas muy jóvenes. Con el tiempo se fue formando el grupo que internamente comenzó a ser conocido como “Team Lagunero”, integrado por profesionales, estudiantes y jóvenes de El Calafate vinculados con el trabajo cotidiano de la reserva.
Muchos de ellos llegaron por primera vez siendo estudiantes. Especial importancia tuvo el vínculo con el Colegio Padre Manuel González, cuyos alumnos realizaron durante años prácticas educativas y profesionales en Laguna Nimez.

Laura Estrampes junto a Soledad López Belsué (en los extremos) dos referentes de Reserva Laguna Nimez
Algunos de aquellos estudiantes terminaron incorporándose posteriormente a las tareas de la reserva.
De esa manera, Laguna Nimez también despertó vocaciones, brindándoles sus primeras experiencias vinculadas con turismo, educación ambiental, atención al visitante e interpretación del patrimonio.
Un Plan de Manejo casi cuatro décadas después
En 2024, el Concejo Deliberante aprobó formalmente el Plan de Manejo de Laguna Nimez, una herramienta destinada a ordenar integralmente su conservación, investigación, educación, infraestructura y uso público.
La aprobación llegó casi 38 años después de la creación. Entre ambos momentos hubo décadas de aprendizaje, investigaciones, normativas y experiencia acumulada.
La reserva de 1986 protegía formalmente una laguna. La de hoy conoce mucho mejor sus ambientes, especies, amenazas y desafíos.
40 años construidos por muchas personas
Al celebrar sus cuatro décadas, el propio equipo de Laguna Nimez eligió poner el acento en algo más que la naturaleza.
En su mensaje por el aniversario recordó que, desde 2001 y de la mano de la UNPA, la reserva fue construida gracias al aporte de la Municipalidad de El Calafate, instituciones educativas, docentes, investigadores, estudiantes, artistas, vecinos y numerosos colaboradores.
“Celebramos 40 años protegiendo el hogar de decenas de especies, asegurando la conservación y puesta en valor de nuestro patrimonio para las generaciones venideras”, expresó la institución.
Es también una forma de explicar por qué Laguna Nimez llegó hasta aquí.
Una ordenanza creó la reserva. Pero fueron las personas quienes la mantuvieron viva.
Docentes que llevaron alumnos. Investigadores que estudiaron sus ambientes. Jóvenes que comenzaron como practicantes. Vecinos que participaron de actividades. Trabajadores que mantuvieron senderos y miradores. Guías y observadores que aprendieron a interpretar el humedal.

Guardar un lugar para quienes todavía no habían nacido
Probablemente quienes sancionaron aquella ordenanza el 5 de septiembre de 1986 no imaginaron cómo sería El Calafate cuarenta años después.
No podían saber cuánto crecería el turismo, cuánto avanzaría la ciudad ni cuántas personas recorrerían alguna vez los senderos de Laguna Nimez.
Pero tomaron una decisión fundamental. Dejaron un espacio sin ocupar. Un lugar destinado al agua, los juncos, las aves y la estepa.
Aquella vieja laguna donde los chicos del pueblo patinaban en invierno sobrevivió a la transformación de El Calafate. Y tal vez allí esté la verdadera dimensión histórica de aquella decisión.
Hace cuarenta años, El Calafate decidió guardar un pequeño pedazo de su naturaleza para el futuro.
El futuro llegó y Laguna Nimez sigue allí.
Noticias que se convierten en historia
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